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Ensayo de diccionario

Fuera de eso, el de Aira y el de Iglesias coinciden en la pregunta previa acerca de lo que es un diccionario.

06-11-2021-logo-perfil
. | Cedoc Perfil

Si tuviera que hacerle una mínima objeción a Diccionario Hispanoamericano y Peninsular del Arte Surrealista, Ingenuo y Maravilloso, de Claudio Iglesias, es la elección de la palabra “arte” en lugar de “artistas”. Porque Iglesias se detiene más en las vidas de los artistas, sus biografías, peripecias y excentricidades varias, antes que en sus obras, en su análisis e, incluso, en la mención detallada del tipo catálogo razonado, tal como el mismo autor lo previene en su introducción. En eso se distingue de uno de los dos otros diccionarios que están a su altura, el Diccionario de autores latinoamericanos de Aira (el otro es el Diccionario biográfico de la izquierda argentina, dirigido por Horacio Tarcus) porque el de Aira, escrito mucho antes de la existencia de Internet y Wikipedia, cumple con la bienvenida formalidad de ser extremadamente riguroso con los datos (fechas de publicación, etc.) de los libros de los escritores que menciona, mientras que esa dimensión está menos presente en el de Iglesias. Fuera de eso, el de Aira y el de Iglesias coinciden en la pregunta previa acerca de lo que es un diccionario, o mejor dicho, en lo que es un diccionario para ellos: un ensayo. El de Iglesias es un ensayo, con todo lo de erudito, caprichoso, arbitrario y radical que tiene ese género cuando es practicado por escritores de talento como Iglesias. Cada entrada, entonces, no reproduce ni el tono neutro de un diccionario estándar ni mucho menos la extensión pareja para todos. Nuevamente como el de Aira que, por dar un ejemplo muy conocido, le dedica mucho más espacio y elogios a Elena Garro que a Octavio Paz, el de Iglesias abre con casi cuatro páginas brillantes sobre Eileen Agar, mientras que a Berni le dedica apenas un parrafito asesino. Luego está la cuestión del gusto de cada uno. Por ejemplo, la no mención de Ensayo de un crimen, para mí la mejor película de la época mexicana de Buñuel, verdadera obra maestra tardo surrealista o, a la inversa, el gran espacio otorgado a Frida Kahlo, para mí una artista menor. Pero, ¿con que autoridad podemos señalar, dedito en alto, que falta esto o sobra lo otro, frente a un texto de la envergadura del de Iglesias? Por lo tanto, por esa evidente dimensión ensayística, el diccionario se emparenta casi naturalmente con libros anteriores del autor, como Genios pobres, o Cosas de gringos, más allá de que este último tiene también una leve mirada sociologizante (como una especie de sociología de un San Isidro naciente) ausente en los otros libros. 

Vale la pena, además, detenerse en la breve Nota del autor, que abre el libro, impecable y programática a la vez “Este libro recopilas las raíces afrocaribeñas, españolas e indígenas del movimiento que desde los años 1920 se extendió por París, Barcelona, Madrid y otras ciudades como una mancha (…) es una realidad única: la de los traumas del colonialismo, la emigración y la guerra (…) El surrealismo fue, de los movimientos de vanguardia europea, el más hispanoparlante, el más tercermundista en su visión del arte, el que con más tesón discutió el canon del humanismo colonialista”. 

El libro fue publicado por la editorial Mansalva. En la solapa trasera se transcriben los títulos de más de 50 libros. Yo debo haber leído 25, de los cuales 10 o 15 son extraordinarios. ¿De cuántas otras editoriales se puede decir lo mismo?

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