COLUMNISTAS
El caso de la violación en carlos paz

Es violencia, no deporte

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Son de Huracan. Eso no debería importar. El caso excede al fútbol. | prensa huracan

Cuando me puse a pensar sobre qué escribir este domingo, enseguida se me vino este tema a la cabeza. Me encantaría, en realidad, no tener que estar haciéndolo y que jamás hubiera sucedido, pero pasó, y pasa. Eso: lamentablemente sigue pasando. Diez “pibes” violaron a una chica de 18 años. Estoy hablando de la noticia que salió por todos lados, que pasó en una quinta de Carlos Paz. Sí, de esa que decía que estaban involucrados dos jugadores de Huracán.

Entonces, decía, quise escribir algo sobre eso. Triste, dolida, enojada, lamentablemente acostumbrada. Pero después reculé. Reculé y me enojé conmigo misma. Yo escribo para la sección deportiva del diario PERFIL, y esta no es una noticia para nada deportiva. Me harté de ver titulares enfocados en si los futbolistas imputados eran de Primera o de Reserva, o que esto era “una mala para Huracán”. ¿Vos me estás jodiendo?

Qué carajo me importa Huracán. Esta es “una mala” para esa piba que no se va a poder sacar del cuerpo los dejos de la peor noche de su vida. Una pesadilla que duró una noche pero que para ella será eterna. Del cuerpo va a irse, en algún momento, más temprano que tarde. ¿Pero del alma?

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Y nosotros hablando de Huracán. Mientras ella lidia con querer arreglar algo que no rompió. Quizá con cierta vergüenza desubicada, porque no hizo nada sino que le hicieron. Con el asco, el manoseo, esas caras pervertidas pero risueñas. Me las puedo imaginar y se me transforma la cara, como si chupara un limón. Los preservativos usados tirados por el piso, como decían los portales, serán utilizados como prueba. Preservativos que seguramente usaron los jugadores de Huracán, pero ¿qué carajo nos importa que sean de Huracán? Antes de eso son salvajes, son seres inmundos. Me trabo cinco minutos después de escribir “son”, busco alternativas y sinónimos, porque cualquier palabra queda chica u ofende a alguien más, cuando la única mierda son ellos. “Violación en manada”, titularon en algún medio. Manada. Como si fueran animales. Pero los animales tampoco hacen esas cosas.

Podríamos hablar del machismo en el mundo del fútbol. De las puteadas a la vieja o a la hermana del árbitro, las tocadas de culo a las pibas que están en short alentando más adelante, las desvalorizaciones de las mujeres como partícipes del deporte. Pero esto es mucho más grande que la redonda, es monstruoso, y no hace falta “enseñar a violar” para que con pequeñas normalizaciones un pibe llegue a semejante atrocidad. Vivimos en un mundo que con sutilezas cría violadores. Si el que está con muchas minas es un campeón y la que lo hace con muchos tipos es una puta, si está mal ser puta, si ellos pueden mostrar el cuerpo sin quedar mal y nosotras no, si somos las encargadas de bancar los trapos en el hogar y si no sabemos cocinar somos inútiles, si somos unas perdedoras por llegar solteras a los 40 (y se me ocurren 100 mil más), ¿por qué nos sorprende que un tipo crezca sin respetar a la mujer? No hace falta enseñar a violar para criar violadores.

Esta atrocidad no es una noticia deportiva. Nos importa nada cómo le afecta esto a Huracán o en qué categoría jugaban, ni su futuro futbolístico (aunque espero que la próxima pelota que pateen sea en el patio de una cárcel). Pero no quería dejar pasar lo siguiente: este hecho no es del mundo del fútbol. Tampoco es del mundo del rugby cuando sucede en ese ámbito, ni de, no sé, el mundo del badminton si ahí pasara. Esta mierda es simplemente del mundo. Así, a secas. Nos violan, nos matan, nos pegan; acá, allá, en todos los deportes, las ciudades, los barrios y las clases sociales. Y tanto nos maltratan, como queriéndonos extinguir, que quizá ya sí entiendo por qué se trató este tema de esta manera. Porque para algunos, la violencia contra las mujeres es un deporte.