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Europa y los EE.UU.: el camino de los senderos que se bifurcan

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La economía de los Estados Unidos viene mostrando un desempeño mejor y más sólido que la Zona Euro en los últimos años, expresado en la tasa de crecimiento del PBI (el promedio de los últimos tres años:  EE.UU. 2% vs. Zona Euro 0,16%) y de desempleo (12% en la Zona Euro vs. 7,6% en  EE.UU.). En términos reales, mientras el nivel de producción de la Zona Euro se encuentra 1,7% debajo de lo que estaba en 2008, en los EE.UU. ya se ubica 6% por encima de lo que producía el año previo a la crisis. Esto se explica por las distintas estrategias de salida de la crisis elegidas, posteriores a la explosión de la burbuja que, dadas las decisiones políticas adoptadas, las diferencias estructurales y los distintos arreglos institucionales existentes, fueron opuestas.
Así, mientras los EE.UU. optaron por una estrategia claramente keynesiana con un mix de políticas fiscales y monetarias heterodoxas y expansivas nunca antes vista, la Europa periférica, al no disponer de financiamiento y no poder disponer de políticas nacionales, es obligada a adoptar las políticas “clásicas” de devaluación interna.
El ajuste europeo, tipo patrón oro, determina que los países con déficit en cuenta corriente del balance de pagos caminen hacia el superávit a partir de la disminución de las importaciones y el incremento de las exportaciones. Esto se logra básicamente con la caída de la absorción doméstica (gasto público, consumo e inversión) debido al desfinanciamiento, el ajuste del sector público y la deflación salarial. Pero como el incremento de las ventas externas no logra compensar la caída de la demanda interna, el ajuste se torna recesivo; es decir, el equilibrio externo se logra a costa de un profundo desequilibrio interno: caída del PBI, tendencia deflacionista y alto desempleo.
El ajuste externo ha sido de una dimensión excepcional: entre 2007 y 2012 los saldos de cuenta corriente mejoraron 10 pp. del PBI en Portugal, Irlanda y España, y 12 puntos en Grecia (con caídas del PBI real de entre 7 y 8% en los primeros y de más del 23% en este último). Lo más llamativo es que este proceso se hizo con pesadas sobrevaluaciones cambiarias, 2012 respecto del promedio de mediados de los 90 mostraba una pérdida de competitividad de 4,5% en España y Portugal, y de 3,4% en Irlanda (mientras los EE.UU. habían mejorado en más de 14%). Por eso el ajuste europeo se corresponde con los niveles de desempleo más altos de la historia: Grecia 27%, España 26%, Portugal 15,4% e Irlanda 12,1%, y con una consecuente deflación salarial impactante (el costo laboral unitario entre 2009 y 2012 se redujo en estos países entre 10% y 40%).
Estas dos distintas aproximaciones tienen efecto sobre el modo de llevar adelante el proceso de desapalancamiento del sector privado que, en economías con crisis de sobreendeudamiento, genera diferencias en las dinámicas del PBI y del empleo. Un trabajo del Banco de España muestra que, entre 2009 y 2012, mientras los EE.UU. pudieron reducir la deuda real del sector privado no financiero (medida en % del PBI) en 20 puntos del PBI, incrementando al mismo tiempo la financiación neta en 10 puntos, gracias al efecto combinado del crecimiento del PBI, la inflación y las políticas de saneamiento de carteras, España logró una disminución de la deuda privada de sólo 13,6 puntos en base a la caída del financiamiento neto y a las políticas de saneamiento de carteras, en tanto el efecto de la recesión implicó un importante incremento de la carga de deuda.
La heterodoxia norteamericana le permite reducir el peso de la deuda del sector privado incrementando el crédito (creciendo desde 2012), en tanto el ajuste clásico europeo recorre el camino desfinanciando al sector productivo y a las familias (en España cayendo desde mediados del2009, alcanzando el 7,5% anual de variación negativa en 2013).
Un último dato que agrava el cuadro mostrado tiene que ver con el grado de ajuste del mercado de inmuebles. El precio de las propiedades en los EE.UU., que llegó a su máximo en 2006, y ajustó 30% hasta 2011, ya vuelve a crecer, en tanto en la Europa periférica, que alcanzó el pico en 2007 y registra ajustes de entre 20 y 50%, continúa descendiendo.
Antes de cerrar estas líneas, permítanme señalar que la diferencia no está sólo en el enfoque y en el pragmatismo de la intervención norteamericana, también se parte de una gran diferencia estructural antes de la crisis: las capacidades tecnológicas, el dominio del “conocimiento”, del intangible de  los EE.UU. versus una Europa que no logra, pese a los esfuerzos de la “Estrategia de Lisboa”, el “Industrial Compact” y “Europa 2020”, entender y priorizar la i+D+I y al sector industrial intensivo en tecnología. Esta diferencia estructural hace que los paquetes expansivos en los EE.UU. actúen en tejidos industriales más sólidos y dinámicos y, por ende, más resilientes que el europeo.
Así, el ajuste en la Europa periférica, del tipo “lágrimas, sudor y sangre”, es más lento y muchísimo más costoso, en términos de empleo y producción, que la salida norteamericana, y no queda claro su destino. Además, profundizar asimetrías productivas y competitivas, en lugar de ayudar a generar nuevos motores de crecimiento, se muestra como una opción errada.

*Ex jefe de Gabinete del Ministerio de Economía de la Nación (2002-03).

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