lunes 06 de febrero de 2023
COLUMNISTAS OPININ

Historia de un país bipolar (II)

En la Argentina K, el 4 de agosto un tribunal porteño condenó al represor Julio Simón (el “Turco Julián”) a 25 años de cárcel, y el 20 de septiembre, en La Plata, Miguel Etchecolatz recibió pena de reclusión perpetua “por genocida”, una figura que nunca antes se había aplicado. Pero en la Argentina B, pocos días antes de conocerse la condena del jefe de Policía de Camps, desapareció Jorge Julio López, uno de los testigos del juicio.

31-12-2006 03:46

PASADO Y PRESENTE

En la Argentina K, el 4 de agosto un tribunal porteño condenó al represor Julio Simón (el “Turco Julián”) a 25 años de cárcel, y el 20 de septiembre, en La Plata, Miguel Etchecolatz recibió pena de reclusión perpetua “por genocida”, una figura que nunca antes se había aplicado. Pero en la Argentina B, pocos días antes de conocerse la condena del jefe de Policía de Camps, desapareció Jorge Julio López, uno de los testigos del juicio. “Es el primer desaparecido que desaparece en democracia y estamos investigando lo peor, es un hecho gravísimo”, dijo entonces el gobernador Felipe Solá para agregar, tres meses después: “La investigación ha sido un fracaso. La desaparición de Julio López es una espina permanente para todos nosotros. Pero que sea un tema de campaña sería hacer delincuencia ideológica”. Un expediente de doce mil fojas y más de trescientos operativos son la muestra evidente de ese fracaso que fue alterado hace algunas semanas, cuando las llaves de López aparecieron, tres meses después, en su propio jardín.
Mientras López sigue sin aparecer, esta semana cayó en España el ex mano derecha de López Rega, Rodolfo Almirón. Casi al mismo tiempo, en Escobar desaparecía Luis Gerez. Hablo Kirchner y reapareció. Dos desaparecidos en democracia hubieran sonado a demasiado.
En la Argentina K, después del confuso enfrentamiento entre policías y petroleros en la comisaría de Las Heras, que costara la vida del policía Jorge Sayago, el Presidente reconoció que existieron “excesos” policiales y aclaró: “Yo no avalo jamás este tipo de cosas”. En la Argentina B, la respuesta del poder fue aplastante: se vivió en Las Heras un estado de sitio no declarado y más de cien personas debieron refugiarse en una parroquia local para evitar la violencia de las pesquisas policiales. Las Heras provocó una seria crisis política en la provincia del Presidente, y el entonces gobernador Sergio Acevedo renunció “por motivos personales”, hecho que fue observado en la Argentina B como un golpe institucional de la Casa Rosada en la provincia. Desde entonces el vicegobernador Carlos Sancho se ocupa de consultar al Presidente cada semana para gobernar Santa Cruz.

EL MILAGRO ARGENTINO
Telam es, como se sabe, la agencia oficial de noticias y, a la vez, agencia de publicidad del Estado a través de la cual se canalizan algunas de las cuentas estatales del área. Leyendo su anuario 2006 es difícil decir en calidad de qué –si noticias o publicidad– se presentó el resumen de la actividad económica en 2006. Estos son algunos de los titulares de la Argentina K:
-—“Pago a FMI y reservas fueron pilares en el crecimiento argentino.”
—“Baja inflación sin necesidad de recortes al gasto social.”
—“Cuarto año de crecimiento genera pronósticos alentadores.”
—“Tras doce años, el desempleo se encamina a cerrar en un dígito.”
De haber incluido una foto-epígrafe sobre la vaca lechera campeona de la temporada, bien podía confundirse con un ejemplar del Granma.
En la Argentina K, el Gobierno decidió quitar el tema de la deuda de la agenda pública y alinearse con la posición de Bush frente a los organismos de crédito: desendeudarse y pagar todo ahora, actitud que luego tomaron Brasil y Uruguay. A mediados de diciembre de 2005, el Gobierno, con una pequeña ayudita de la prensa, logró instalar que la deuda era una cosa del pasado. “Kirchner le paga ya toda la deuda al FMI”, tituló entonces Clarín. Nadie quiso escuchar que se cancelaban sólo 9.810 millones de dólares, el diez por ciento del total de la deuda externa, y que el país seguía debiendo –y pagando puntualmente– intereses y cuotas de 145.000 millones de dólares más. Los increíbles ingresos por retención a las exportaciones y el ingreso de divisas financieras especulativas, tentadas por la alta rentabilidad de los activos domésticos, hicieron que el Banco Central cerrara el año con más de treinta y un mil millones de dólares de reservas; esto es: recuperó lo pagado al Fondo y acumuló tres mil millones adicionales. En la Argentina B, el Presupuesto Nacional se aprobó subestimando las metas del crecimiento (un inverosímil 4 por ciento, mientras la totalidad de los economistas lo proyecta entre un siete y ocho por ciento), con lo que el Gobierno tendrá unos 10.000 millones de pesos adicionales que, al no estar incluidos en el gasto previsto, podrán ser asignados a sola firma por Alberto F, según su propia necesidad y urgencia.
El crecimiento y la falta de inversiones traerán consigo una prevista crisis de energía que el Gobierno de la Argentina K se niega a reconocer: este invierno, por ejemplo, calefaccionar las piscinas de Nordelta no aumentó ni un centavo, pero las garrafas de gas que consumen quince millones de argentinos pobres subieron mas del 180%.
En la Argentina B la actividad económica vive de la ficción de los subsidios: en 2007 los aportes del Estado al sistema privado de transporte subirán un treinta por ciento, llegando a los 2.250 millones de pesos. Los colectivos recibirán 1.680 millones, 38% más que en 2006: cada colectivo le costará al Estado 5.486 pesos por mes. En su trabajo “La Argentina desigual”, el diputado Claudio Lozano, miembro de la Mesa Nacional de la CTA, señala los miles de millones que, para favorecer a determinados sectores, el propio Estado se pierde de recaudar: 1.685 millones por exenciones en Ganancias,1.012 millones en impuestos sobre los combustibles,1.807 millones en reducciones a las contribuciones a la seguridad social. A la vez, el Estado le entrega al capital privado vía regímenes promocionales 3.543 millones, 1.901 millones a las empresas de energía, a las AFJP 10.417 millones, etc.
Los indicadores sociales de la Argentina B muestran mejoras a la hora de comparar, pero el problema radica en comparar con qué. Si los números de la Argentina K se comparan con el peor momento del 2001, el saldo es favorable. Pero comparado con la década del noventa, es el único indicador que muestra una leve mejora en la tasa de desocupación, hecho frente al que debe aclararse que hay menos desocupados pero más pobres, ya que quienes tienen empleo (generalmente en negro) no llegan a cubrir sus necesidades mínimas para vivir con su salario. La desocupación es hoy del 12%; si se consideran desocupados a quienes reciben los Planes Trabajar, y en el pico de la crisis posdevaluación 2002/3, llegó a superar el 21%. El promedio de la década del noventa fue de 15% y llegó a un pico del 18% en la crisis del Tequila. La pobreza se redujo del 57% en el comienzo de la gestión K al 34%, pero rondaba el 24% en los noventa. ¿Significan estos datos una apología estadística del menemismo? Lejos estamos de proponerlo. Los datos muestran que el modelo de dólar alto generó mucho empleo pero todavía mantiene altísimos niveles de trabajo en negro (43%), pobreza e inequidad distributiva. Para decirlo de otro modo: estamos peor que en el noventa, cuando ya estábamos bastante mal.
Es cierto que en el precipicio de la economía argentina siempre todo pasado fue mejor: bien podría proponerse aquí volver a los indicadores del gobierno de Illia, cuando la desocupación y la deuda bajaron y creció como nunca antes el poder adquisitivo del salario, pero también debe reconocerse que la bola de nieve del deterioro nace en el pasado e impacta en el presente.
Lo que no se observa en la Argentina K es una voluntad real, de fondo, de lograr un cambio en la distribución de la riqueza; a menos que se piense que la manera de controlar la inflación es amenazar a los empresarios y transformar al INDEC en un Instituto de Humorística y Censos. El voluntarismo estadístico de la Argentina K llevó al Gobierno a anunciar que la brecha entre pobres y ricos iba en franco descenso, aunque en la Argentina B el insospechado encuestador Artemio López (que en la Argentina B es un poco más flaco y usa jogging) aclaró con tristeza que el método oficial en el mejor de los casos está equivocado, o es deliberadamente erróneo.
El ejemplo que Artemio expone en su blog es bien claro: “Si el perceptor más rico gana $ 100 y el más pobre gana $ 10, la brecha entre ellos es 10 veces. Ahora bien, si en el hogar del perceptor rico es sólo él quien recibe el ingreso de $ 100 y en el hogar pobre perciben ingresos tres personas, el principal $ 10 y $ 10 cada uno de sus dos hijos que trabajan, la brecha por ingreso familiar per cápita ya no es de 10, sino de 6,2”. El denominado “coeficiente GINI de concentración” muestra que la brecha entre ricos y pobres en 2002 era de 31 veces, y hoy está en 25,8, aún por encima de los 24,1 de la crisis de 2001 o del promedio de 20 de los trágicos noventa.
En la Argentina B el 45% del total de los asalariados está por debajo del salario mínimo, son 8.771.420 trabajadores. Es la misma Argentina en la que, por cada 100 pesos de crecimiento económico, el 30% más rico se queda con 63,1 pesos y el 70% restante se reparte los 36,9 pesos que quedan.

INVESTIGACION: JL / ROMINA MANGUEL / LUCIANA GEUNA

En esta Nota