martes 17 de mayo de 2022
COLUMNISTAS viajes presidenciales
16-01-2022 00:10

'Juanele' y la fantasía china

16-01-2022 00:10

El rescate de un alma apartada podría ser un saldo benéfico de la entrevista Alberto Fernández-Xi Jinping. Ambas naciones le deben una reivindicación a Juan L. Ortiz, “Juanele”, un postergado del negocio editorial y de los circuitos literarios, pero considerado por quienes lo han leído como uno de los mayores poetas argentinos. Traductor de Mao, fidelísimo al momento revolucionario. Y también de Ezra Pound, lo que revela una abierta convicción, tan enorme que nadie sabe cómo encajaba en ese cuerpito enjuto y demacrado. Más chino en su soledad que entrerriano. O viceversa. Como si fuera a importar la diferencia en el bardo. Tiene una oportunidad Alberto de rescate intelectual de este olvidado ermitaño, el homenaje merecido junto a sus colegas asiáticos al celebrar cincuenta años de relación, quienes no deberían ignorar la militancia de “Juanele” bajo gobiernos adversos. Un clandestino. Alguien se lo puede recordar al Presidente, dudosamente el canciller Cafiero que quebró una librería, tampoco “el personal de salud” Carlos Zannini, cuyo límite de amor chinófilo debe haberse cubierto con aquel pocket de los 70 encuadernado en resistente plástico (rojo, claro) con hojas de papel arroz que regalaba la embajada como método de penetración maoísta en toda la región. Ahora, Xi Jinpin no obsequia nada, ni siquiera vende la revolución.

Alberto tal vez se interese en desempolvar la obra del lírico solitario, finalmente le gustan los versos neftalianos de adolescente tipo “me gustas cuando callas, porque pareces ausente”, de indudable y personal interpretación política, quizás un deseo perenne que no logra materializar. Aparte, el mandatario es un devoto del romancero popular, autor de versos y boleros, casi un trovador que pasados los 55 años sostuvo que su mayor inspiracion cultural eran “Los ratones paranoicos” (grupo de rock ya desintegrado). Puede cambiar esta declaración, no sería una novedad, ya que los gustos no son eternos. Pero resulta difícil, eso sí, congeniar a “Juanele” con las pasadas preferencias albertistas. Por otra parte, una reparación histórica como la de Ortiz demanda el examen del cristinismo rudo: finalmente el Partido Comunista chino adhería a Jose López Rega y la Triple A cuando eran gobierno. Hay sin duda un perdón partidario para el próximo viaje, un salto de memoria, como el aplicado por los Fernández también a Putin antes de la entrevista con el chino: nunca se va a recordar el apoyo de Moscú a la trifecta militar de Videla-Massera-Agosti y todos sus actos deleznables con los derechos humanos. Hay olvido y perdón para el Partido Comunista y la KGB.

Los negocios son otro capítulo en el periplo. También la política exterior: el aficionado Fernández quiere jugar en el mismo tablero profesional que hoy contiene la mayor tensión entre Rusia y EE.UU. desde hace décadas, sea por Ucrania, el gas, Kazajistán, inclusive satélites menores como Cuba, Venezuela y Nicaragua. Sin incluir a los chinos que también tienen una guerra declarada con Washington. Tal vez la Casa Rosada piensa que es la gran oportunidad para obtener réditos en medio del jaleo internacional,  sobre todo cuando se encuentra comprometido el país por la negociación con el FMI. Pero las travesuras en ese rubro de exigentes y expertos jugadores suelen pagarse con precios desmedidos:  la Argentina puede dar fe después de lo que le ocurrió en la Segunda Guerra. Al menos, en comparación con Brasil.

Es fantasioso pensar que China puede sustituir el FMI. Solo financia proyectos de su interés

De ahí que se vuelva fantasiosa la idea de que China se proponga como sucesora del FMI, aunque sí puede financiar determinados proyectos de su particular incumbencia. De energía, por ejemplo. Para ampliar el transporte hablan de una financiación de US$ 1.100 millones, cifra descomunal para apenas 500 kilómetros de tendido. Lo anuncian Basualdo y Martínez, uno sociólogo, el otro en capilla. Nadie invierte en esa operación, se trataría de préstamos comparables a cualquier contrato del sector público.

Algo así como la venta de trenes (el negocio está en el mantenimiento, el obligado tax anual a cobrar). El emprendimiento debe valer menos de la mitad de lo que se anuncia y, por supuesto, no hay estudios que lo justifiquen. Lo que más sorprende en estos anuncios de plata por venir para un país necesitado es que, desde hace diez años, no crece en la Argentina la demanda de la industria y al país le sobra generación mayorista. Hay conflictos menos costosos y más urgentes, como el de los cortes, a ser resueltos con un trabajo hormiga y ampliando centros como el de Villa Crespo. Sin embargo, para el núcleo Patria, lo mejor es volver a la Segba del siglo pasado, nacionalizar Edenor y, en particular, Edesur, por la cual ya ha preguntado en Italia un personaje llamado Osvaldo Sortino, “el gordo”, empresario que supo estar asociado y malquistado luego con uno de los capitalistas amigos de Cristina. O preferidos. Ella, por lo que dicen, no querría comprar otro problema con la estatización. Pero, mujer al fin, también se opone a que se actualicen las tarifas (a propósito, los brutales aumentos de Macri también fueron a los municipios con los impuestos, y nadie hace comentarios al respecto).

Queda pendiente con los chinos el proceso en cámara lenta de las dos centrales en el sur (una ya casi sepultada) debido a complicaciones de suelo que agregaron un adicional de US$ 200 millones a un proyecto de características faraónicas, casi como los militares de los 70 que la emprendían con cualquier iniciativa energética para contraer deuda, sin distinguir si eran necesarias para hoy o para dentro de treinta años. En el mismo esquema están los costosos esquemas eólicos de Macri y la tercera central en Atucha (tres pegadas en un mismo pueblo, Lima, una aberración), de interés para Xi Jinpin porque supone instalar una nueva tecnología a transferir luego a países vecinos. Tampoco en este caso se conocen planes sobre prioridades, factibilidad o ambiente. Quizás llegó el momento de que se documente en internet, con anticipación, lo que en la Cancillería y Economía se piensa firmar. Sería más útil que las audiencias públicas para aumentar o no las tarifas, ya que una sola voz –en estos casos– puede más que cien ignorantes seleccionados en una guarida política. Por suerte, reparar a “Juanele” no costaría nada. O solo habrá ceremonia del te con el achinado embajador Vaca Narvaja que, de poesía, tal vez tenga verso. Como Alberto.