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COLUMNISTAS / econOMISTA DE LA SEMANA
sábado 17 marzo, 2018

La forma de la inflación y el sesgo de los analistas

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FERNANDO PABLO SOLIÑO / UNIVERSIDAD OBERTAT DE CATALUNYA

default Foto: Cedoc

La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, resaltó en su reciente visita a nuestro país que la Argentina no precisa ni ha solicitado financiamiento al FMI, y que ve a las autoridades tomar medidas sustantivas y sustentables en el tiempo. Contrariamente, el ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Eugenio Zaffaroni manifestó enfáticamente en febrero que puede pasar algo parecido al 2001, y le preocupa la violencia que puede generar. En el mismo sentido, el ex vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, aseveró que a esta altura del entramado económico, solamente se va a poder salir con más dolor. Sin embargo, el actual jefe de Gabinete, Marcos Peña, afirmó en el Congreso al brindar su informe de gestión que no se está incubando una crisis y la inflación está bajando. ¿Cuál es la real situación de la economía argentina?
El ex presidente del Banco Nación Carlos Melconian explicó el Plan Perdurar del Gobierno, donde lo fundamental es conseguir plata y hacer la plancha. Pero el actual ministro de Hacienda de la Nación, Nicolás Dujovne, destacó el jueves que nuestro país lleva siete trimestres consecutivos de crecimiento económico. ¿Pueden existir puntos de vista tan distintos, tan polarizados? ¿Acaso alguno de ellos miente por motivos políticos y/o partidarios, sin importar las consecuencias, en busca de su propio beneficio? ¿O tal vez, en esta era de la posverdad, la ciencia económica se habrá transformado en un saber totalmente subjetivo, al servicio del observador y sus intereses?


La teoría de las perspectivas desarrollada por Daniel Kahneman y Vernon Smith, quienes obtuvieron el Premio Nobel en 2002 por incorporar aspectos de la investigación psicológica a la ciencia económica, da un nuevo enfoque a la toma de decisiones de los sujetos en escenarios de incertidumbre. Kahneman y Amos Tversky introdujeron la noción de sesgo cognitivo, que consiste en un efecto psicológico que produce una distorsión, un juicio inexacto, una irracionalidad, que surge sobre la base de la interpretación de la información disponible, aunque los datos no sean lógicos o no estén relacionados entre sí. Se destaca el sesgo retrospectivo (es la inclinación a ver los hechos y eventos que han ya pasado como predecibles), el sesgo de falso consenso (las personas presuponen que sus propias opiniones, creencias, predilecciones, valores y hábitos están entre las más elegidas, apoyadas ampliamente por la mayoría, aun cuando estas sean erróneas o minoritarias), y el sesgo de confirmación.
El sesgo confirmatorio es propio del razonamiento inductivo y es la tendencia a buscar, interpretar, favorecer y recordar toda información que confirme las propias creencias o hipótesis, sin atender a eventuales alternativas. También se interpreta que las pruebas ambiguas apoyan la postura existente. Encontramos distintos sesgos de confirmación, tales como la búsqueda sesgada de la información, la interpretación sesgada, la memoria selectiva y la correlación ilusoria de eventos (es la tendencia a ver correlaciones inexistentes en un conjunto de datos). En mi opinión, algunos de los actores políticos mencionados anteriormente sufren el sesgo cognitivo de confirmación. Para evitar caer en esta distorsión, analizaremos los datos suministrados por el Indec, evaluando la presente situación.


La inflación de 2016 fue del 40,90% frente a una meta del 25% anual; el alza de precios de 2017 superó el 24,50% frente a una meta anual del 17%. Evidentemente ha disminuido año a año. Pero el índice acumulado a febrero, el 4,2%, permite suponer que se superará significativamente la meta de referencia para el año 2018, fijada por el Gobierno, en el 15% anual. El flagelo inflacionario sobrevuela el escenario social argentino. Distintos analistas señalan diversas causas, tales como el déficit fiscal que tracciona la demanda de pesos, consolidando la expansión monetaria que durante 2016 alcanzó el 32% y en 2017 superó el 27%; el elevado déficit comercial que tracciona la merma de las reservas en divisas, tornando espurio el incremento de la base monetaria; la necesidad de sostener el respaldo de divisas, que tracciona el aumento de la deuda externa, consolidando los servicios financieros en el presupuesto del gasto público; los objetivos de desinflación del BCRA para lograr un dígito acumulado anual, con una convergencia más lenta hacia las metas pautadas en 2016, permitiendo una flotación sucia del dólar que se incrementa sostenidamente, y se traslada en mayor o menor medida a los precios de insumos importados y bienes de exportación; la inflación de costos por la adecuación de combustibles, servicios y tarifas públicas, que retroalimenta la inercia inflacionaria.

Soluciones. La solución para el problema inflacionario se verá sensiblemente influida conforme al paradigma económico donde se encuentre el analista. Para los neoclásicos, la inflación es un fenómeno puramente monetario y la solución consiste en un régimen de control de los agregados monetarios, con una política de shock inicial y luego gradualmente se articulan los medios para monitorear los instrumentos financieros. Para los estatistas totalitarios, la solución consiste en un régimen de control de los factores de producción, administrando los bienes, el consumo, la banca y el empleo desde el sector público, sin sector privado, con una política de shock permanente. Para los supply-siders economics del gobierno actual, la política monetaria es el principal instrumento para controlar la inflación, y como las tasas de interés bajas generan excesiva oferta monetaria, proponen tasas altas de referencia para evitar crisis económicas y encauzar muy gradualmente el aumento generalizado de precios, aplicando la Regla de Taylor.
En mi opinión, la inflación en Argentina abreva de otras fuentes, tales como las expectativas coyunturales de raíz política, la matriz especulativa de los agentes económicos, los desequilibrios estructurales propios del subdesarrollo o por falta de desarrollo sostenible, la centralización y la cartelización de las cadenas de distribución y la comercialización de bienes y servicios, la consuetudinaria restricción externa.
En la actualidad, las políticas monetarias y presupuestarias deben confluir sinérgicamente en la coyuntura y la estructura de nuestro país para solucionar el flagelo inflacionario.


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