COLUMNISTAS
El presente de Independiente

La hora de la verdad

Todavía recuerdo las palabras de señores dirigentes como Pedro Iso y Jorge Bottaro, allá por los 80, cuando decían: “Independiente es como un almacén".

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Todavía recuerdo las palabras de señores dirigentes como Pedro Iso y Jorge Bottaro, allá por los 80, cuando decían: “Independiente es como un almacén. Acá las cuentas se hacen con la libreta. Si tengo 10, gasto 8. Si me gusta mucho, me estiro hasta 9. Y si me gusta muchísimo, me gasto los 10. Lo que nunca haremos será gastar 11”. Ese era el Independiente de los gallegos. El que tenía a Bochini pero también a Marangoni, Giusti, Clausen, Villaverde, Burruchaga, Trossero y Goyén como referentes, a los que les iba sumando jugadores provenientes de compras modestas. Tenía una base.
Ahora también tiene una base, aunque aquel viejo precepto de Iso y Bottaro todavía queda lejos del alcance de Julio Comparada y, ni hablar, con todo respeto, de un paralelo nombre por nombre de los jugadores que integran el primer equipo. Hoy es imposible que Independiente o cualquier otro club de Argentina pueda mantener primeras figuras durante un lapso mayor al año o, a lo sumo, dos años.
Si uno prescinde de los resultados que obtuvo Jorge Burruchaga en su paso por la dirección técnica y de algunos otros que analizaremos líneas más adelante, se verá que en este equipo sólo hay un puñado de futbolistas que se sumaron a un plantel ya formado. Estableciendo un paralelo con el comienzo de la nota, digamos que Comparada debe haber tomado un sorbo de aquella poción: primero, establecer la base. El Rolfi Montenegro, Leandro Gioda, Germán Denis, Mariano Herrón y el uruguayo Guillermo Rodríguez serían el sustento principal. Después, las inferiores: Assmann, Matheu, Fredes, Calello, Ismael Sosa. Y las compras modestas: Mareque, que llegaba de Portugal; Oyola, de buenas campañas en Gimnasia y Esgrima de Jujuy y Belgrano, y Moreira, sucesor natural de Paulo Ferrari en Rosario Central. Entre Iso-Bottaro y Comparada hay otra diferencia esencial: Independiente, ahora, está construyendo un estadio monstruo que debe estar listo entre julio y agosto de 2008. La construcción avanza, habrá que ver si se cumplen los plazos.
Pero ahora la cancha nueva importa poco. Cuando llegó Pedro Troglio dijo que iba a pelear el campeonato. Todos desconfiaron, porque el equipo venía de un mal semestre. Pero, bueno, si un entrenador llega a un equipo grande y no dice que va a luchar arriba, empieza mal. Le pasó a Manuel Pellegrini en River cuando dijo que River estaba “en transición” y casi lo inmolan en Figueroa Alcorta. A veces, el hincha prefiere alguna declaración pour la galerie que la brutal realidad.
La realidad es que Troglio exageró. Si hoy, sábado 10 de noviembre, Independiente está tan complicado en su búsqueda frenética del título, tiene que ver con fallas individuales y colectivas muy serias, en varios casos hasta vinculadas con la falta de jerarquía. Y luego de un comienzo picante, con puntaje ideal en las primeras cuatro fechas (triunfos ante Lanús, Tigre, Argentinos y Rosario Central) matizado con momento de buen fútbol y un Denis goleador encendido, encontró rápido su Talón de Aquiles. No ganó ninguno de los partidos decisivos en los que pudo haber marcado una diferencia sustancial para consolidarse y alejarse en la punta. El ejemplo más claro fue ante Newell’s, en Rosario, en la fecha 13, el día en que River venció a Boca y si el Rojo ganaba en Rosario, con la victoria de los de Passarella en el clásico, se iba a cuatro puntos de ventaja sobre Lanús, por entonces escolta, y a cinco de Boca, que le había sacado el invicto en la quinta fecha. Aquella tarde cometió gruesos errores en todas sus líneas. Y, como ocurrió en varias situaciones extremas, no estuvo el gol de Denis ni el talento de Montenegro para salvarlo.
La irregularidad del Apertura le dio una nueva posibilidad y la volvió a derrochar, al caer con San Lorenzo 1-2 en Avellaneda. Ahí la hizo completa: perdió el partido, la punta, y despertó a un rival peligroso. El empate del domingo pasado ante River fue más de lo mismo. Era un clásico, Independiente tenía que ganar y no ganó.
Esto, que quede claro, dicho en medio de una buena campaña, justo es decirlo. Pero un equipo que está 13 fechas en la cima y se cae, algo hizo mal. Troglio tuvo una idea de equipo que luego modificó. Machín y Oyola eran titulares, Pusineri aparecía como la primera opción de cambio. Después de las derrotas con Boca y Gimnasia, el técnico recurrió a Fredes y Calello y no los sacó más. Manejó bastante bien este aspecto. Las caídas fueron demasiado contundentes como para que Pusineri, el Rengo Díaz, Carrizo o algún otro experimentado suplente hiciera planteos. Tampoco, es justo decirlo, ligó con las lesiones que sufrieron Gioda, Montenegro, Machín y recientemente Herrón.
Independiente no ganó cuando debía. Por eso ahora está metido en estos líos, cuando iba derechito a una nueva vuelta olímpica. El camino se le complicó demasiado. Llegó la hora de ganar partidos grosos, de esos que Independiente todavía no ganó. Le quedan Estudiantes, Racing, Vélez y Arsenal. Tiene que vencer en los cuatro.
Será la única manera en la que puedan rememorar las viejas hazañas rojas y de que sonrían las entrañables fotos del Chivo y Maldonado levantando los brazos al cielo.