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COLUMNISTAS / cambiemos
domingo 2 junio, 2019

La política en deconstrucción

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por Bernarda Llorente

Alternativa federal. Una fuerza que parece desdibujarse. Foto: na

El cambio de táctica derrumbó estrategias. El anuncio de la fórmula Fernández-Fernández, en la que el orden sí altera el mensaje, perforó un escenario electoral que, en su armado, no debía deparar demasiadas sorpresas. A tan solo dos semanas de una noticia que generó todo tipo de debates y emociones –salvo indiferencia– la dinámica que imprimió la coalición que encarna el PJ desbarató un tablero político al que le cuesta reordenarse. 

 Se invirtieron los términos. A medida que la oposición se fortalece, el oficialismo exhibe fisuras en sus fachadas y en sus cimientos. El “cheque en blanco” con el que el Frente Renovador respaldó a su líder en la construcción de “una nueva mayoría” fue otro sinsabor para un gobierno ni siquiera preocupado por su propia incompetencia.

 Sergio Massa se muestra dispuesto a acercarse a una coalición encarnada en el PJ que requiere ampliar sus propios márgenes. No quiere por omisión contribuir al triunfo de Macri y tampoco perder protagonismo en un momento bisagra. Desde el 2013 a esta parte, el FR pierde por goteo bases y dirigencia. La ancha avenida del medio erró en la lectura de la coyuntura política, transformándose en una callejuela sin salida para legisladores e intendentes que aspiran a conservar su poder y continuar como referentes. Tal vez Massa coqueteó en demasía, jugando al límite. La política tiene tiempos precisos y el valor del intercambio es tan volátil como medible. Hoy añade otro desafío: sumarse tardíamente a una coalición en marcha y no ser fagocitado en el intento.  

El peronismo, un movimiento imprevisible para muchos, incomprensible para otros e “incorregible” según Borges, es el “Ave Fénix” de un país que insiste en destruir aquello que construye. Su unidad se anticipó a un calendario electoral aletargado por los cabildeos de la “dirigencia”, pero acelerado por el reclamo y las necesidades de la gente. La convergencia fue impulsada de abajo hacia arriba y desde la periferia hacia el centro. Las nueve lecciones provinciales marcaron la brújula. Hoy la reafirmará San Juan, Misiones y Cambiemos festejará en Corrientes.

Alternativa Federal parece desvanecerse. Las fotos con el Presidente de Schiaretti y Urtubey la desdibuja como una opción seductora para un electorado desilusionado y en crisis. Junto a Pichetto, son parecidos al “original” o más de lo mismo. Tal vez Lavagna, el economista que avanza y retrocede en chancletas con medias junto a los socialistas y al GEN, podría arrebatarle algunos votos al macrismo. El riesgo para ambas fuerzas es que el binomio Fernández se consagre en primera vuelta.

 Las estocadas que sufrió el PRO en la última semana no logran modificar el registro. Difícil entender una campaña oficial que se “regodea” en sus fracasos y tropiezos. “Macri decepcionó”, afirmó con desparpajo y distancia escénica Duran Barba, su principal asesor de imagen y uno de los artífices de un marketing que creyó refundar el lenguaje político. Los espadachines del Presidente –desde el “sincericidio” mediático– repiten un discurso con “loas al sacrificio” y al “sufrimiento”… de los otros. La épica de “una pobreza digna”, o de la “inteligencia emocional” como la denomina Dietrich, son parte del cinismo de un gobierno que se creyó capaz de ocultar la crisis y manejar los hilos del humor social, las convicciones, el “alma”.

 El Gobierno está dispuesto a todo y aún tiene poder y recursos. Poco importa que el “hit del verano” se replique hasta en la Convención de la UCR, que acompañe discursos encendidos, que sus referentes digan que “Macri es un fracaso”. La lapicera presidencial condiciona a un radicalismo más preocupado en conservar sus “puestos” en las líneas burocráticas que en defender ideales y principios.

El “pragmatismo” primará: cederá la vicepresidencia, hará algunas concesiones menores y reeditará un “populismo de campaña” con los dólares del Fondo que engrosan la deuda. Hay procesos que cuando se desatan parecen irrefrenables. Macri no reacciona aunque parezca ya un poco tarde.   

 Es el momento de hacer justicia, no de imponer ideologías por la fuerza y la violencia.

 

*Politóloga. Experta en Medios, Contenidos y Comunicación.


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