lunes 04 de julio de 2022
COLUMNISTAS fin del bipartidismo

La pura verdad

27-02-2022 05:21

Tuve un gran amigo, dirigente del Partido Comunista Español, quien, en distintas etapas, también tuvo vínculos con el partido francés y el italiano antes de su refundación. Solíamos reunirnos para comer un grupo del que él formaba parte y en aquellas largas sobremesas asistíamos a sus apasionadas intervenciones, en las que quedaba claro que no parecía tomar conciencia de la caída del Muro y la posterior desaparición del bloque soviético. Más sereno, otras veces, compartiendo una copa a solas, se dejaba arrastrar por cierta melancolía que solo se borraba de su mirada cuando estaba cerca alguno de sus tantos viajes a Cuba.

Era un fino analista de la geopolítica mundial y un mejor lector de la realidad española. Antes de morir repentinamente, a principios de la década pasada, predijo con acierto el fin del bipartidismo y la emergencia de una fuerza nueva a la izquierda del socialismo y que arrastraría con ella a Izquierda Unida, organización que aún alberga en su seno al viejo Partido Comunista Español.

Su perfil respondía al mismo que se le puede suponer a un creyente en el supuesto caso de que el Vaticano anunciara, apoyándose en Nietzsche, la desaparición de Dios. Muchos, como mi amigo, no atenderían a las razones oficiales y seguirían alimentando su fe. Hay indicios de este pronóstico ya que Juan Pablo II negó la existencia del Infierno, y, al día de hoy, hay miembros de la Iglesia que lo siguen utilizando como amenaza. Es más, en una entrevista que le hizo el veterano periodista Eugenio Scalfari en La Repubblica a Francisco, escribe que este afirmó también la inexistencia del Infierno y horas después el Vaticano negó tal declaración.

En un documental que rodó Nanni Moretti sobre las asambleas que se llevaron a cabo en Italia para debatir la disolución del partido, titulado La cosa, porque así era como le llamaban entonces los italianos, “cosa”, a lo que, sin saberlo aún, debía resultar de aquellas discusiones y posteriores votaciones. En algunas de las tantas terapias de grupo “en realidad estaban más cerca de ser eso antes que asambleas políticas”, un partisano muy viejo pidió la palabra, se puso de pie ayudado por muletas, y se limitó a decir que él no oponía resistencia a la disolución del partido, pero declaró que combatiendo al fascismo había perdido una pierna, y si se imponía la moción que promovía la disolución del partido, solicitaba que se le devolviera la pierna ausente.

Mi amigo, al igual que aquel partisano y Francisco a su manera, como tantos creyentes, habitan una realidad desde la que piden lo imposible.

¿Qué pensaría hoy, si viviera, frente a esta suerte de triángulo de Ucrania, conformado por Rusia, Estados Unidos y China pujando por la hegemonía en un juego en el que podemos desaparecer antes de que lo logre el cambio climático?

Un viejo chiste ruso cuenta la charla de dos amigos en un bar de Moscú. Uno le dice al otro: “¿Sabías que todo lo que nos decía el partido era mentira?”. Ante lo cual el otro le contesta: “Eso no es lo peor; lo terrible es que todo lo que nos decían del capitalismo es verdad”.

Esa verdad ha triunfado, tanto en Rusia como en China, y, lo que es peor, su alma mater, Estados Unidos, se siente incómoda al perder la hegemonía.

Emmanuel Carrère en Limónov cita a Vladimir Putin: “El que quiera restaurar el comunismo no tiene cabeza; el que no lo eche de menos no tiene corazón”.

En 1990 los alemanes le regalaron al ayuntamiento de Madrid tres pilares del Muro que se instalaron en el Parque de Berlín de la ciudad rodeados de un pequeño lago. El día de la inauguración, una autoridad del municipio, alertada por una llamada, salió con prisa de su despacho para detener a los empleados municipales que estaban en ese momento borrando con esmero los grafitis de los bloques.

Puede que el Infierno sea mentira en el más allá, pero ante nosotros cuesta borrar su marca en los muros de lo real. Esto mi amigo lo sabía. También aceptaba al fin, resignado, la volatilización del comunismo, pero dudo que el corazón le haya fallado causándole la muerte por echarlo de menos. Allí intervino, probablemente, la verdad de nuestro tiempo.

*Escritor y periodista.

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