martes 18 de mayo de 2021
COLUMNISTAS opinion
25-04-2021 00:44

Las frustraciones de la política

25-04-2021 00:44

La economía se ha desarrollado hasta nuestros días de una forma descentralizada. Si bien existen expertos en explicar la economía y teóricos para detallar sus diferentes formas, no hay duda de que todos de alguna manera van a su encuentro de forma cotidiana. Esto representa un detalle operativo muy diferente a otras situaciones que la sociedad moderna ofrece, ya que prácticamente no hay persona que no comprenda qué puede o no puede hacer con el dinero que posee en el presente ni desconocer cuál es el dinero válido o inválido al momento de hacer alguna compra. Esto para la política es un problema serio, en especial cuando el perfil del gobierno es el de control de todo lo que sea diferente.

El sistema político puede intentar explicar a la economía y suponer sus detalles ocultos, algo en lo que Kicillof es aparentemente un experto. Frente a sus fanáticos toma vuelo enérgico y color intenso para detallar un entramado que podría ser explicado por intenciones voluntarias malignas de personas que solo buscan dinero y pobreza, mientras él y su gobierno irían al encuentro de la bondad y la riqueza universal. Este círculo requiere siempre la contraparte de masas eufóricas, que además reirían con sus revelaciones y aseverarían con sus cabezas. Lo que nada de estos rituales resuelve es el verdadero problema operativo de la economía.

Si se observa con atención, la política no funciona como la economía, de manera múltiple y extendida por el espacio, sino de forma centralizada en el Estado. Esto quiere decir, que a diferencia de la economía, la política en tanto espacio en el que un gobierno toma decisiones, solo puede operar de manera exclusiva y sin competencia paralela. En el mercado se pelea por la escasez, en la política porque sigan sus decisiones el resto del mundo y en estas semanas esto es lo que ha quedado en duda en relación al Gobierno.

Las acciones del ejecutivo nacional muestran con crudeza una acción duplicada de intención de influencia, tanto en la economía como en política, con la evidencia del no reconocimiento de las diferencias entre ambas y un nivel de éxito en los dos territorios de muy baja eficiencia. La inflación sube al mismo ritmo que la intención de desobediencia a cada una de sus decisiones, y todo en un contexto sostenido de intención de aumento de control.

Lo de Larreta se expresa como el epítome perfecto de que es posible desafiar al gobierno central y que solo se requiere de animarse a su ejecución. Si bien se utiliza un recurso jurídico para buscar validez en el exterior del sistema político, es el gobierno de la Ciudad quien toma la decisión de dar la orden de que haya nuevamente presencialidad en las escuelas. Así, de una decisión de Alberto Fernández, se pasa a otra decisión de Horacio Rodríguez Larreta; y la que siguen los colegios y los padres y madres, es la del segundo. La opción de seleccionar la otra alternativa flota en el aire, pero casi nadie la quiere.

Estos idas y vueltas expresan concretamente el modo en que el sistema político puede resolver la solución de un conflicto. Allí, todo se basa en la imposición o no de una decisión vinculante, por lo que el tiempo transcurre hasta que se resuelva o no, si esa decisión es exitosa. Los recuerdos de la 125 como caso espejo deben rememorar que fue el Congreso, como parte de ese sistema político, el que puso fin de manera institucional a esa intención del entonces poder ejecutivo. Con un solo voto la discusión quedó terminada, expresando que allí hay recursos técnicos que permiten que una cuestión siga o se detenga.

Cuando la política intenta replicar esas herramientas en otros ámbitos, el resultado es más bien dudoso de éxito. Mientras la política posee recursos internos para determinar si algo continúa (piénsese que por ejemplo, que en un instante se pasa de un gobierno a otro) en la economía las reglas de su sobrevivencia hay que encontrarlas en la reproducción cotidiana de pagos, es decir en un fluir constante de compras y ventas que no dependen de un “si” o un “no” en relación al sistema político. Paula Español puede reproducir decisiones funcionalmente equivalentes a los cierres de las escuelas, pero no puede determinar un antes o un después en los procesos de manera equivalente a si hay o no clases. Por más que lo intente, no hay decisión que logre hacer que haya o no haya aumento de precios.

Todos estos inconvenientes juegan a su vez una batalla problemática con el tiempo, aunque también de manera diferenciada. Quien posee poder, es decir influencia sobre las acciones de otros, logra también determinar el orden de sus decisiones y elegir qué tema tomar en primer lugar y cuáles dejar para después. En política, la administración del Estado se debe medir por esa combinación problemática entre urgencia y gestión de la influencia, por lo que se puede encontrar con facilidad si un gobierno está en problemas en función de su capacidad de elegir y ser influyente en esa decisión. El gobierno actual no logra determinar ni las prioridades, ni qué es lo que sigue o no sigue.

Con la economía el tiempo es diverso, ya que debería encontrarse en un recurrente fluir de pagos que suceden sin detenerse. La economía en todo caso necesita resolver el modo en que tratará un nuevo estímulo del sistema político (aumento de impuestos, restricciones a la venta, retenciones), para garantizar en su espacio de operaciones la continuidad de esos pagos. Las decisiones políticas solo plantean un reacomodamiento al modo en que los pagos pueden ser realizados, pero no su interrupción.

La frustración por el fracaso en construir el mundo de acuerdo al modo en que se cree podría ser acomodado lleva a parte del kirchnerismo a enemistarse con la realidad. Su respuesta no es la de revisar condiciones de gestión ni observar una alternativa teórica que explique mejor por qué los procesos de control fallan. El paso siguiente que se ofrece es constantemente el refuerzo de la presión siempre con una decisión nueva que tendrá, como las otras, destino de fracaso. De aumentos en la tensión vive el kirchnerismo.

Sus fanáticos se contentan solo con una cotidianidad que ofrece confirmaciones aparentes a todo lo que los ilusiona, mientras producen experimentos sociales para confirmar que la política no coordina las complejidades del mundo, solo las comparte. En todo caso, después las podrá debatir en una conferencia del gobernador bonaerense.

*Sociólogo.

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