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COLUMNISTAS / florituras
viernes 14 septiembre, 2018

Las palabras y las cosas

No comparto la opinión de que los discursos del señor Macri son pobres conceptualmente. Por el contrario, los considero extraordinariamente densos.

por Daniel Link

default Foto: CEDOC

No comparto la opinión de que los discursos del señor Macri son pobres conceptualmente. Por el contrario, los considero extraordinariamente densos.

En su última alocución a la ciudadanía, subrayó repetidas veces y con todo el énfasis posible que hay que vivir y conformarse con lo que se tiene y no aspirar a más.

Hay que saber cuál es el propio lugar en el mundo y asumirlo como destino. Es una posición filosófica con una larga tradición a lo largo del siglo XX, y que tiene que ver con la relación entre el ser y la facticidad.

Se es solo en relación con determinadas condiciones de existencia. Se puede querer o no el propio ser ahí, dijeron algunos filósofos. Otros, en cambio, creyeron que el ser ahí era una condena definitiva. Los campos crematorios son la consecuencia de esa segunda convicción filosófica.

Conformarse a lo existente, vivir con lo que se tiene, no imaginar un mundo diferente o una relación más plástica con los semejantes, eso nos recomendó el señor Macri y ese consejo no es una mera instrucción de economía doméstica, sino una posición ante lo imaginario.

Las posiciones hedonistas, el carpe diem, los postulados de vanguardia (en lo que se refiere a las políticas sobre el Estado o a las micropolíticas sobre el género, las minorías raciales o los desclasados), los sueños y las apuestas a un futuro mejor son irresponsabilidades que ya no podemos permitirnos.

El señor Macri, con todo el dolor del alma, ha aceptado la responsabilidad histórica de decirnos que debemos ser lo que somos y nada más porque todo lo demás conduce a la catástrofe.

Un poco por eso, las alocuciones presidenciales prescinden de la retórica, del relato, incluso a veces de la corrección sintáctica y de la correcta pronunciación. Esas florituras serían contrarias al concepto que se defiende: lo que se es como destino. Y el ornamento, incluso el discursivo, es contrario al progreso y nos acerca al abismo.


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