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COLUMNISTAS / opinion
domingo 27 agosto, 2017

Microfinanzas y préstamos para AUH y jubilados

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Ignacio E. Carballo*

El 20 de julio fue implementada la extensión de los préstamos que brinda Argenta a jubilados, pensionados y titulares de la Asignación Universal por Hijo (AUH). El 70% de los nuevos préstamos solicitados a la ANSES (más de 300 mil) fue para receptores de la AUH. La mayoría (70%) accedió así por primera vez en su vida a un préstamo personal. Como es habitual cuando se habla de los más vulnerables, tras su aparente éxito en términos de demanda han florecido las críticas y debates en la opinión pública y los principales medios de comunicación.
Una postura crítica oída recientemente hace referencia a la relación entre los préstamos Argenta y una supuesta inefectividad del microcrédito. Con el fin de dilucidar nociones difusas y errores conceptuales, como aquel de utilizar una definición errónea o minimalista de microcrédito poniendo bajo un único paraguas más de  años de desarrollo e innovación metodológica, abordaremos este debate.
El microcrédito nace a mediados de 1970 como una solución innovadora para que millones de personas en situación de pobreza y vulnerabilidad accedan a financiamiento emprendedor. En adelante, nuevos servicios y metodologías se aúnan al concepto integral de microfinanzas y más recientemente al de inclusión financiera.
En 2006 el creador del microcrédito, Muhammad Yunus, recibe el Premio Nobel de la Paz por su aporte en la lucha mundial contra la pobreza. En 2015, la inclusión financiera es reconocida por la ONU como herramienta para poner fin al flagelo que Yunus y sus seguidores habían comenzado a combatir cuatro décadas atrás.
Algunas voces han señalado erróneamente que el microcrédito junta principios antagónicos como “filantropía con negocios, caridad con emprendimiento individual, renta financiera con inclusión social”. En los hechos, las microfinanzas son todo lo contrario, pues se esgrime la noción de empoderar mediante esfuerzo, trabajo y acompañamiento, contrario a la filantropía de donar y olvidar. Por lo dicho que se cobra interés, más allá de que los márgenes de ganancia sean mayormente bajos para el prestador.
Otras posturas sostienen como crítica que “la experiencia internacional y local no convalida” sus bondades. Dicho argumento es falaz. La evidencia internacional no convalida pero tampoco rechaza, es mixta. Consecuencia de que exista toda una gama de metodologías para brindar microcréditos a los más vulnerables (individual, grupal, comunal, con o sin acompañamiento educativo y emprendedor, etc.). La evidencia sobre sus bondades es abundante al analizar casos específicos.
La literatura nos demuestra que el microcrédito fomenta la actividad independiente casi sin excepción. También cambios en los patrones de consumo hacia una mayor inversión en bienes durables y menor en compras suntuosas como bebidas alcohólicas, festivales, etc.
Se evidencia de forma clara el empoderamiento de la mujer hallando mejoras en la toma de decisiones, felicidad y confianza mutua de las prestatarias a la vez de una disminución en indicadores de depresión y necesidad de ayuda. Otros estudios en base a créditos grupales encuentran además incrementos en consumo de alimentos en los hogares más pobres.
Otro argumento que se ha esgrimido frente al préstamo de Argenta para titulares de la AUH, definiéndolos erróneamente como una variante de microcréditos operados por el Estado, propone que así el “gobierno argentino promueve el endeudamiento ciudadano” y que en lugar de proteger a la población del riesgo de la división del trabajo “endeuda a la ciudadanía para que busque salidas individuales”.
Es necesario comprender que los servicios de deuda informales están a merced de la población más vulnerable, en condiciones financieras ampliamente menos favorables (tasas de interés más altas) y con traumáticas consecuencias frente al no pago. El Estado no “promueve” el endeudamiento mediante Argenta, en tal caso devuelve el derecho de acceder a servicios financieros que la banca comercial ha negado históricamente a los estratos más bajos. Brinda la oportunidad de acceso que estratos superiores tienen por el simple hecho de no vivir bajo el estigma de la pobreza.
A su vez, la mejor protección ciudadana frente al fantasma del desplazamiento laboral que generará el proceso global de automatización es armar de capacidades y oportunidades a la población. El emprendedorismo y el autoempleo son una respuesta tan válida como todas las demás (ingreso universal, etc.) aunque a priori más lógica y sostenible para países emergentes como el nuestro.
Por último, dos reflexiones finales. Primero, que el préstamo Argenta no es estrictamente un microcrédito por muchos motivos de diseño, como el no contemplar el fin por el cual es solicitado el financiamiento. En segundo lugar, que los receptores de la AUH no son beneficiarios, son Titulares de Derecho. De igual modo, el acceso al crédito es entendido por gran parte de la literatura como un “Derecho Humano de Segunda Generación”. El debate sobre la medida debe estar en mejorar su diseño y no en argumentos rebuscados sobre su razón de ser.

*Especialista en Inclusión Financiera. Universidad Autónoma de Madrid, UBA, UCA y Conicet.

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