martes 28 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS Violencia en la historia
14-08-2021 03:10
14-08-2021 03:10

Mis muertos, tus muertos

14-08-2021 03:10

Impera en el mundo un principio fundamental que hace tambalear todas las éticas sociales, es el de tomar el cadáver del otro como un buen cadáver. Pero no es solamente de esta época.  Vamos a la historia.

Desde el comienzo de la civilización el cadáver del otro es el mejor cadáver. Incluso no importan los propios ciudadanos. Enviar a la guerra a jóvenes sin importar sus destinos y etiquetarlos de héroes cuando los cadáveres regresan es más de lo mismo. Es un buen cadáver desde el punto de vista social con los méritos que se le adjudican y es un buen cadáver desde el lugar de que no importa que murió, porque justamente fue enviado a la guerra sin tomar en cuenta los riesgos. Gobiernos y dirigentes que no toman en cuenta al otro, que no les importa si los matan o quedan lisiados durante una guerra.  Matar, torturar  y asesinar gente, sin que las consecuencias de esto afecten a los responsables,  es parte de la doctrina del buen cadáver.  Hay guerras tribales (infinitas), étnicas (musulmanes, judíos etc.), religiosas (judíos-árabes, mahometanos-católicos-musulmanes, etc.), raciales (Ku  Klux Klan, guerra civil norteamericana, etc.),  territoriales (Julio César, Alejandro Magno, Napoleón, etc.), genocidios (nazis-judíos, turcos-armenios ,españoles-indios americanos, etc.). Cristianos o ateos, judíos musulmanes, budistas, conservadores, liberales, comunistas y populistas han justificado la muerte de adversarios y todos hemos sido educados por las sociedades y los ejemplos del tiempo y de la historia para justificar el asesinato del contrincante.

Las doctrinas religiosas profesan la bondad pero actúan en contra de lo considerado bondadoso al justificar la muerte de sus oponentes. La presidenta de Myanmar, Aung San Suu Kyi, budista y  premio Nobel de la Paz, autorizó la persecución contra la minoría musulmana (rohingyas)  en 2017. Y ejemplos como este tenemos muchísimos a lo largo de nuestra historia. En nombre del Estado, de la religión, de la raza, los seres humanos se han considerado legítimamente  autorizados para atentar contra otros seres humanos, matándolos, esclavizándolos, torturándolos, etc. y eso existe aún hoy en día exactamente igual que en las épocas antiguas. Un barco ecologista, Rainbow Warrior, que se oponía a las pruebas nucleares, fue hundido en 1985 durante la presidencia de  François Mitterrand. Ambulancias que no atienden a los sin casa, a la gente en situación de calle que son justamente los más necesitados de atención. Gente que  no existe para alguien, y si mueren es como que no existieron. Una sociedad que los ignora, y el Estado ausente en estas situaciones. Y el juramento hipocrático queda solo como una promesa incumplida.

Personajes mediáticos de la actualidad que desean la muerte de quienes piensan diferente o lucen distinto, es algo realmente deleznable. Y esto origina que quienes los escuchan comiencen a pensar igual de los demás y tomen esta actitud como universal y lógica. El “otrismo”  es la peor discriminación, es la completa discriminación del otro, de los otros. Solamente importa el yo.

Debemos intentar cambiar este pensamiento que luego se traduce en palabras y más tarde en acciones.

¿Cómo cambiar esta actitud mundial que está ensañándose con todas las especies de nuestro mundo? ¿Cómo empezar a eliminar la maldad y la crueldad del otrismo?  Tener pensamientos, palabras y actitudes de bondad es todo un ejercicio, hay que practicarlo hasta que sea algo natural y podamos combatir de nuestra mente esos sentimientos de odio y rencor arraigados en la historia humana. Es un trabajo individual que, como todas las actitudes, será imitado lentamente por otros. Porque al fin y al cabo esta actitud del otrismo ha sido aprendida  y heredada

como algo natural de la vida, pero no lo es.  Son instintos que se nos han programado a través de los medios de enseñanza y de comunicación a lo largo de nuestra bélica y agresiva historia.

*Escritora uruguaya.

Producción: Silvina Márquez.

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