COLUMNISTAS
ACERCA DE SUPUESTOS RECORDS

Nada es espontáneo

Aclaremos algo de entrada: Martín Palermo es un goleador extraordinario, de todos los tiempos. Es más, no fue más de lo que es porque tuvo la desgracia de ser contemporáneo de Gabriel Batistuta y de Hernán Crespo. Y ellos, al estar en Italia o Inglaterra, tenían prioridad en la Selección. Cuando a Bielsa se le ocurrió ponerlo en la Copa América ’99, marró tres penales en aquel fatídico partido con Colombia.

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Aclaremos algo de entrada: Martín Palermo es un goleador extraordinario, de todos los tiempos. Es más, no fue más de lo que es porque tuvo la desgracia de ser contemporáneo de Gabriel Batistuta y de Hernán Crespo. Y ellos, al estar en Italia o Inglaterra, tenían prioridad en la Selección. Cuando a Bielsa se le ocurrió ponerlo en la Copa América ’99, marró tres penales en aquel fatídico partido con Colombia. No lo llamaron nunca más. Cuando se estaba afirmando en Europa, se le cayó una pared encima de la pierna en un festejo y se fracturó. Metió su centésimo gol con el ligamento cruzado roto y a su vuelta –¡sólo seis meses más tarde!– le hizo un golazo a River y lo eliminó de la Copa Libertadores 2000 en cuartos de final.
Palermo hizo goles con y sin Riquelme, con y sin Palacio, con Guillermo y con Delgado. Y también con Fernando Navas, el Chaco Giménez, Barijho, Adrián Guillermo, el Leche La Paglia y Pablito Islas. Anotó de cabeza, con el pie, cayéndose, parándose, de zurda y de derecha, sano y lesionado. La FIFA lo acaba de nombrar “el mejor cabeceador del mundo”. Es un monstruo, metió 179 goles en 281 partidos con la camiseta de Boca, contando los dos del domingo pasado en San Juan.
Sería bueno que los que hacen cuentas, sin embargo, tuvieran su mismo nivel de eficacia y no cayeran en la locura que propone el dirigente Orlando Salvestrini, especialista en marketing y en básquet. Salvestrini es el dirigente por el cual Carlos Bianchi se fue la última vez y por el que no volvió. El Virrey siente que Macri eligió a Salvestrini por sobre él. Salvestrini es el que está fogoneando (con algunos voceros estratégicamente ubicados en canales deportivos y programas de radio) que a Palermo le falta un gol para alcanzar al ilustre Francisco Varallo y dos para convertirse en el máximo goleador de la historia de Boca.
Salvestrini no debe saber quién es Francisco Varallo. Ni él, ni muchos periodistas, que creen que Boca nació en 2000. De hecho, apenas escucharon nombrar a Rojitas, Roma o Marzolini. Varallo hizo 194 goles en 222 partidos, entre 1932 y 1939. Dio la ventaja de que en el ’38 no jugó por una lesión en la rodilla y que en el ’39 jugó poco y se retiró a los 29 años. Palermo anda por los 34 y sigue jugando en plenitud.
El problema no es un gol más o un gol menos. Los goles de Varallo siempre fueron 181. Ahora no, dicen que en 1932 marcó un gol y no dos en un partido contra Huracán. Pancho –que cumplió 98 años el 7 de febrero y está fantástico– sigue convencido de que su marca llega hasta 181.
Está bien, saquémosle éste, quedemos en que Varallo tiene 180. ¿Por qué Salvestrini y sus voceros se empeñan en obviar 14 goles que hizo en torneos oficiales, como eran las copas Beccar Varela, Competencia y Adrián Escobar? Es como si a Palermo le sacáramos los que hizo en la Copa Libertadores. Los mejores estadígrafos futboleros insisten en contar sólo los convertidos en torneos de la AFA. Sin embargo, es justo sumarle a Palermo los 30 goles que metió en campeonatos internacionales.
Obviamente, no existe complot contra Varallo, que en realidad les importa un bledo. En la vida leyeron un libro de historia del fútbol. Lo que está pasando es típico de estos tiempos. Se especula, todo se prevé, nada es espontáneo. Hasta se acomodan los números.
Mañana, Boca enfrenta a Gimnasia, equipo rival de Estudiantes, equipo de origen de Martín. La marca Puma está preparando unos botines especiales para la celebración. El diario deportivo debe tener preparado un “suple” especial para celebrarlo. TyC Sports y Fox Sports, seguramente, deben estar comprometidos con una exclusiva para mostrarle los goles y franelearlo hasta empalagar a los pobres espectadores. Palermo va a cobrar buen dinero para festejar su gol 180 delante del cartel de tal o cual empresa. El rating va a estallar, los diarios se van a agotar…
Todo será apoyado por números dibujados. No los de Palermo, claro. Pero sí los de Varallo. Le quitaron 14 goles al pobre Pancho porque se les antojó que Palermo tiene que alcanzarlo mañana contra Gimnasia. Hasta a Ischia se prendió. Lo sacó en San Juan faltando seis minutos para el final. No sea cuestión que hiciera el gol allá y no pudieran prepararse Puma, Olé, TyC Sports, Fox Sports, Salvestrini, la bandera con los números tachados, la empresa que va a pagarle a Palermo para que festeje frente a su estática...
Deberían saber –no Salvestrini ni sus amigos, que no tienen remedio– que antes de Varallo hubo un tal Cherro que metió 212 goles con la camiseta de Boca y otro llamado Tarasconi, que hizo 195, uno más que Pancho. Sería demasiado. Van a decir que en el amateurismo los campeonatos “eran cualquiera”. Tal vez, pero los arcos medían lo mismo que ahora y pasar la pelota por entre esos benditos tres postes era dificilísimo, igual que ahora.
Hilando fino: Palermo está a quince goles (que conseguirá, sin dudas) del tercero, que es Varallo.
¿De qué manera entenderán Salvestrini y sus amigos periodistas que Boca nació en 1905 y no en 2000? Ellos sólo piensan en vender, vender y vender. El fútbol, por suerte, es bastante más que eso.