lunes 20 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS Inserción internacional
21-08-2021 23:55

Realismo para el desarrollo

21-08-2021 23:55

Con una “crisis de humanidad” como telón de fondo –al decir William Robinson en América Latina y el capitalismo global– la Argentina tiene una única pregunta socialmente problematizada: ¿cómo hacemos para desarrollarnos con equidad?

Lo más importante para la política exterior argentina es explicar cómo construimos un patrón de inserción internacional que sea el espejo de un modelo de desarrollo integral e inclusivo. Este patrón se diseña desde una estrategia de relacionamiento internacional y se ejecuta desde una política exterior como una política pública.

La actual configuración mundial ubica a la Argentina como un país latinoamericano enmarcado en el sur global con niveles estructurales de dependencia periférica. Dentro de estos condicionantes, la única opción a través del desarrollo es generar las condiciones para construir poder material y económico distributivo. Esta propuesta se contradice con la contracara histórica de un modelo de producción primaria y de concentración.

Este desafío implica un esfuerzo de abandonar las pretensiones de estar en una complaciente armonía con los planteos de la “ortodoxia convencional” al decir de Bresser-Pereira.

¿Qué implica este planteo de un realismo para el desarrollo?

En primer lugar, aceptar de manera empírica las condiciones periféricas y dependientes de nuestra economía en el nuevo esquema de la globalización trasnacional. No es posible que el país se desarrolle bajo las mismas políticas económicas que han generado su subdesarrollo y lo etiquetan de manera crónica como “país en vías de desarrollo”.

En segundo lugar, comprender que el neodesarrollismo es procapitalista y en su planteo sistémico argumenta sólidamente para reestructurar este modo de producción, al considerar sus limitaciones ambientales, éticas y distributivas que son las causas de su deterioro y deslegitimación.    

En tercer lugar, generar una alianza sistémica entre el Estado y el mercado alentando las ventajas competitivas que complementen aquéllas genéticamente comparativas. Esto requiere de una apertura y promoción –con niveles de regulación distributivos, pero no asfixiantes– de la inversión extranjera directa que se complemente con un ahorro interno fruto del crecimiento del PBI per cápita.

En cuarto lugar, descartar la antinomia por la extensión o disminución del Estado y concentrarse estratégicamente en su función de mantener una regulación sobre la especulación, generar superávits gemelos que lo fortalezcan, un tipo de cambio competitivo y una tasa de interés promotora de la inversión. A su vez, las capacidades estatales se deben orientar al fomento del desarrollo científico-tecnológico orientado a la productividad exportadora con valor agregado. Por cierto también, aumentar y sostener la inversión social distributiva en salud, educación y desarrollo social.

Finalmente, el patrón de inserción internacional debe basarse en una aceptación realista, pero crítica del orden global. Los Estados son la unidad central para el desarrollo, en tanto estos pueden promover los cambios necesarios para salir de la asimetría crónica y fortalecer sus mercados. El orden internacional podrá modificarse en tanto los países de América Latina –enmarcados en el sur global– generen poder real y pueden contrapesar le mesa de negociación de la OMC. La estrategia de inserción internacional debe ser de una equidistancia estructural con selectividad activa no contradictoria para los intereses del país. La integración regional es el ABC de la política exterior dado el imperativo geográfico, las tradiciones comunes y el ideario latinoamericano como mandato político y estratégico.

El único interés nacional –que por años fue un significante vacío llenado por intereses sectoriales– ahora tiene un único contenido: el desarrollo.

*Politólogo y Doctor en Ciencias Sociales. Profesor e Investigador de la Universidad de Buenos Aires.

Producción: Silvina Márquez.

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