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COLUMNISTAS / oportunidades
domingo 10 noviembre, 2019

Retos para la política exterior

Tener una clara visión de desarrollo será fundamental para enfrentar la "hiperglobalización", en la que las economías domésticas pierden peso.

por Patricio Carmody

Australia. El ex premier Paul Keating lideró una transformación económica clave. Foto: cedoc

En un mundo incierto  desde el punto de vista geopolítico y económico, donde la Argentina se encuentra en una posición de considerable vulnerabilidad económica, la política exterior del próximo gobierno exigirá visión, conocimiento y pragmatismo. Dos importantes desafíos serán implementar una efectiva estrategia de “horizontes diversos 2.0”, y enfrentar  la “hiperglobalización” en base a una visión de desarrollo.

En un contexto global donde se verifica el desplazamiento relativo del poder económico hacia el Asia-Pacífico, la Argentina debe adoptar una estrategia de política exterior de “horizontes diversos”, o sea mantener relaciones positivas y simultáneas con las potencias establecidas, las emergentes y el exterior próximo. Debe tener los suficientes niveles de consenso y coherencia para ser exitosa, pero puede tener matices y acentos distintos, según cual sea el partido que gobierne, si esto ayuda a alcanzar el objetivo de un mayor bienestar general de nuestra población. Así, una nueva administración puede implementar una estrategia de “horizontes diversos 2.0”, con matices propios.

Así, vemos como el presidente electo Alberto Fernández busca primero afirmarse en un continente donde la recepción del presidente Bolsonaro ha sido entre prepotente y desubicada, donde ve en México y Uruguay posiciones alternativas para el conflicto venezolano, y donde considera el pensamiento de Andrés López Obrador como una opción válida.   

Sin embargo a nivel global, no deberá perder de vista la importancia de mantener relaciones simultáneas y positivas con los EE.UU. y China, ejerciendo un delicado equilibrio en temas económicos, tecnológicos y políticos. En este complejo proceso, habrá que evitar la penetración política china en cualquiera de los ministerios, y con  EE.UU. habrá que saber diferenciar  entre sugerencias depertamentales y  auténticas “líneas rojas” para el gobierno norteamericano. Para tener mayores grados de acción en el área económica ante estas potencias, es crítico  profundizar nuestras relaciones con India, la Asean, Africa y Medio Oriente, con el fin de potenciar y diversificar nuestras exportaciones.

En nuestro exterior próximo, el reto inminente es la relación con Brasil, que ha retomado una de sus posiciones históricas en política exterior –el alineamiento con los EE.UU–, aunque con claros tonos ideológicos. Si sumamos a esto una postura imperativa brasileña en materia de comercio exterior y del Arancel Externo Común (AEC) y un tono amenazante en cuanto a su continuidad del Mercosur, la Argentina deberá actuar con gran profesionalismo, pragmatismo, paciencia y firmeza.

Una manera de hacer esto es implementar el acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE), al que Brasil se comprometió. Mantenerse fuera del acuerdo Mercosur-EU –imperfecto en algunos aspecto–; mientras Brasil lo implementa, puede ser fatal para nuestro desarrollo. A su vez, habrá que reconocer que haber mantenido el AEC durante casi tres décadas no fue lo ideal, y que no es ilógico que el Brasil quiera salirse de esta verdadero obstáculo a su crecimiento.  

Por último, habrá que seguir de cerca cómo Brasil maneja su relación con China, a pesar de las iniciales declaraciones negativas del presidente Bolsonaro frente a su potencial injerencia en el país . En particular, en lo que este ahora declarado aliado de los EE.UU. decida en cuanto a la implementación del sistema 5G de comunicaciones chino en su territorio.

Un segundo gran desafío será  cómo enfrentar la “hiperglobalización”, en base a una visión de desarrollo. Frente a un mundo donde, según el profesor de Harvard Dani Rodrik, las economías domésticas parecen estar al servicio de la economía global, en vez de la economía global estar al servicio de las domésticas, habrá que actuar con más conocimiento y menos inocencia para recuperar grados de acción en lo económico.

Será por ello esencial tener una clara visión de desarrollo, para potenciarla desde la política exterior, en particular en el área de las exportaciones. Nuestra política exterior debe contribuir a un “desarrollo en libertad”, apoyando una estrategia que  potencie las exportaciones de todos los sectores productivos que puedan –o tengan un genuino potencial de– exportar, a través de la  modernización, digitalización y productividad de sus procesos productivos.

Así, la Cancillería debe ser una de las voces que se alcen para defender las condiciones macro y microeconómicas  que potencien estas exportaciones, incluyendo mantener un tipo de cambio real alto, no exportar impuestos, minimizar las retenciones, y la promoción comercial.

El nuevo presidente podría estar enfrentando el desafío que tuvo el ministro del Tesoro laborista australiano Paul Keating en 1983: reorientar una economía que estaba enfocada en el mercado interno, a una que estuviera más integrada al mundo. Keating logró comenzar este proceso con apoyo de los sindicatos, lo que luego se convertiría en una política de Estado para gobiernos conservadores y laboristas a lo largo de 36 años, y que mantendría siempre un ojo sobre cómo integrar a toda la población a este exitoso proceso.

Tener una clara visión de desarrollo será fundamental para enfrentar desafíos externos, permitiendo optimizar el uso de herramientas para enfrentar la “hiperglobalización”. Estas pueden ser el control de flujos financieros de corto plazo, medidas contra el dumping laboral, o ceñirse a lo acordado en la OMC en términos de patentes en las negociaciones Mercosur-UE. También será útil para analizar y poner en perspectiva todas las recomendaciones de la OCDE.  

En este contexto, es relevante recordar la famosa frase de Séneca: “Para el que no sabe a qué puerto se encamina, no hay viento favorable”. Y agreguemos que, si el líder no sabe a dónde va y pregunta a alguien cuál viento es el favorable, la respuesta seguramente consistirá en un viento que sea favorable a su interlocutor.

*Autor de Buscando consensos al fin del mundo.  Hacia una política exterior argentina con consensos (2015-2027).


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