sábado 28 de mayo de 2022
COLUMNISTAS opinión
12-03-2022 23:55

Rusia, las sanciones y después

12-03-2022 23:55

En tiempos de globalización, parafraseando a von Clausewitz, ¿no será la economía la continuación de la guerra por otros medios? Agotadas todas las vías diplomáticas, la invasión rusa de Ucrania ha dado lugar a un despliegue impresionante de sanciones económicas, sin precedentes en la historia contemporánea, por parte de Occidente, pero principalmente por parte de Washington. 

Estados Unidos, menos dependiente de los insumos energéticos rusos que las economías europeas – ha impuesto sanciones a las importaciones rusas, ha promovido la limitación de exportaciones a la Federación Rusa y la salida de corporaciones estadounidenses, ha impuesto restricciones a los movimientos financieros de los bancos rusos y ha bloqueado fondos de su Banco de Reserva para terminar por excluir a Rusia de su status de nación más favorecida en sus relaciones comerciales. Simultáneamente, desde una perspectiva geopolítica, Washington ha comenzado a desplegar una estrategia de recuperación y preservación de su propio espacio vital –América Latina– ahora definida como patio delantero, con reuniones de funcionarios estadounidenses con Nicolás Maduro en Caracas y la visita del presidente Iván Duque a la Casa Blanca, mientras restaura su primacía entre sus socios europeos. 

Para Estados Unidos, Ucrania no es un área vital, pero es crucial para consolidar su liderazgo en el marco de la transición que vive el sistema global y para afirmar las alianzas y los vínculos con sus socios trasatlánticos, no sólo con miras a la seguridad europea, sino también en función de una eventual confrontación con China, al punto de plantear la destrucción de la economía rusa en retaliación por la invasión. 

Para los aliados europeos, la situación es más compleja: por una serie de razones económicas, Ucrania, pero también Rusia, son cruciales para sus respectivas economías, tanto en términos de acceso a recursos energéticos como alimenticios y el intercambio comercial es mucho mayor con Moscú. Consecuentemente la disposición de impulsar sanciones más drásticas es más limitada, sin mencionar que, a pesar de las apariencias, la UE tampoco presenta un frente unido y consensuado en este tema. Pese a ello, la OTAN, ha reencontrado el rumbo de la misión perdida con la implosión de la URSS e impone una impronta que comienza a adquirir connotaciones claramente rusófobas. 

De todos modos,  ninguno de estos actores se arriesga a una confrontación global con Rusia y deja a Ucrania – más allá de la retórica y el apoyo financiero, humanitario y armamentístico, librada a dar su propia batalla por la supervivencia–. Todo lo cual posiblemente se hubiera podido evitar de haberse cumplido los acuerdos de Minsk.

Pero la invasión de Ucrania marca también, en razón de las sanciones económicas, un acercamiento más dramático de Moscú hacia China. Beijing, pese a moverse con cautela en relación a la invasión, ha cuestionado, junto con Rusia, las ambiciones y la expansión de la OTAN y, más importante aún, probablemente sea el mayor beneficiario de las presiones económicas occidentales al configurar en torno suyo una creciente alineación de actores relevantes que, gracias al impulso de la “globalización con características chinas”, contribuye a la consolidación de un espacio euroasiático con sus propias reglas e instituciones. 

Es difícil apreciar en qué medida y con que alcances Beijing puede contrabalancear las sanciones económicas occidentales contra Rusia, pero es evidente que su actual estrategia se apoya sobre mecanismos financieros e instituciones como la Organización de Cooperación de Shanghai, la Unión Económica Euroasiática y la nueva Ruta de la Seda y perfila una creciente diferenciación entre Occidente y el ámbito euroasiático.

La lógica de poder de Putin que desencadena la invasión de Ucrania, en el marco de la confrontación con Estados Unidos y la OTAN, choca con una lógica económica que puede tener otros ganadores después del eventual desenlace de la crisis ucraniana, pero también puede tener perdedores inesperados.

*Analista internacional y presidente de Cries.

En esta Nota