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COLUMNISTAS / Opinión
viernes 5 junio, 2020

Salir de la cuarentena y del default al mismo tiempo

¿Será Alberto Fernández quien pueda convencer a sindicatos y empresarios de la necesidad de abandonar su natural conservadurismo?

Alberto Fernández y su ministro Martín Guzmán. Foto: Presidencia
viernes 5 junio, 2020

La nueva posposición de la cuarentena por otras tres semanas en la zona del país que produce la mayoría de su producto bruto va coincidiendo con la posposición del acuerdo por la renegociación de la deuda pública. Hay cierta vida paralela entre el default y las cuarentenas. Al asumir cuando el coronavirus no estaba en nuestro horizonte, el plazo político al que Alberto Fernández se refería como punto a partir del cual la renegociación de la deuda debería haber concluido era el 31 de marzo, fecha en la que paradójicamente iba a terminar la primera cuarentena dispuesta el 12 de marzo.

Luego la cuarentena se fue posponiendo para distintas fechas primero de abril, después de mayo y ahora para el 28 de junio, mientras que la renegociación de la deuda se pospuso para el 8 de mayo y ahora para el 20 de junio.

La crisis económica generada por el coronavirus afectó la renegociación de la deuda, por un lado positivamente al crear mayor disposición en los organismos internacionales y estatales a comprender las dificultades de los países no desarrollados, pero por otro, haciendo tomar consciencia a los acreedores de que la renegociación de la deuda argentina es un caso testigo de los varios defaults y renegociaciones de deudas soberanas que se producirán a causa del coronavirus.

Por crisis, la presidencia de Néstor Kirchner comenzó 6 meses antes, y la de A. Fernández, 6 meses después: en julio

Es comparable la letalidad económica que genera el coronavirus con la que genera un default y la combinación de ambas catástrofes sobre una misma sociedad coloca nuevamente a Argentina como laboratorio de la humanidad siendo el país con mayor cantidad de defaults recientes y con la cuarentena por coronavirus más extensa.

Asumiendo que Alberto Fernández esté imaginando la imperiosa necesidad de recuperar la economía a partir de julio presumiblemente ya sin cuarentenas ininterrumpidas, combinado con la recuperación de la confianza por la salida simultánea del default, la principal cuestión será cuál será el modelo económico que carecterizá su presidencia que, así como la de Néstor Kirchner, comenzó seis meses antes por el adelantamiento de la entrega del mando poscrisis de 2002, la de Alberto Fernández comenzaría seis meses después por efecto combinado del coronavirus y el default.

¿Será una economía “socialdemócrata”, la cual, aunque reguladamente, aproveche las fuerzas del capitalismo como generador de riqueza, u otra que en lugar de encauzar combata al capitalismo? Esa decisión en gran medida resolverá las intrigas sobre si quien realmente conduce es el Presidente o parte del sector que más votos aportó a la coalición de gobierno.

La continua intersección entre economía/default con coronavirus se manifiesta en los dos reportajes largos que PERFIL publica en esta edición. Uno es al profesor de Gestión de la Salud Internacional, Rifat Atun, quien además de ser asesor de la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y más de treinta gobiernos, es miembro de la lucha mundial contra el sida, la tuberculosis y la malaria, y también director de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, que aportó a la humanidad investigaciones fundamentales sobre tabaquismo, polución y grasas trans, desarrollaron la terapia de deshidratación oral y fueron inspiradores del plan de salud general de Estados Unidos llamado Obamacare, que Trump combatió.

El otro reportaje es al economista Edmund Phelps, premio Nobel 2006 por “profundizar nuestro entendimiento de la relación entre los efectos a corto y largo plazo de la política económica”, autor de decenas de libros y trabajos con foco en la relación entre desempleo, inflación, ahorro y el desarrollo de las naciones y también propulsor de la justicia económica: “El desempleo prolongado es parcialmente irreversible ya que los trabajadores pierden habilidades y se desmoralizan”.

En el reportaje, Phelps sostiene que “una nación triunfa solo si tiene un sistema de valores que conduzca al emprendimiento y la innovación. Una economía se vuelve relativamente productiva con salarios relativamente altos en países que tuvieron éxito razonable para aprovechar sus oportunidades para crear cosas nuevas. Países que trascendieron fronteras y estuvieron atentos al desarrollo en otros lugares. Ese enfoque de creatividad, aprovechar las oportunidades no es tanto una cuestión de las características institucionales de una economía, sino de actitudes. La actitud es una cuestión de valores de las personas”.

“La innovación proviene de contar con los valores correctos y se perjudica ante valores incorrectos. Es muy importante enfatizar que la mayoría de las innovaciones provienen de personas comunes, no extraordinarias. Algunas personas extraordinarias tienen la suerte de producir algo de innovación. Pero mucha innovación extraordinaria es el resultado de lo que hacen personas comunes que están en el medio de la distribución del ingreso y de la educación promedio. Cuando hablamos de diferencias en innovación entre países, estamos hablando de diferencias en innovación de base, no diferencias en la cantidad de Henry Fords y Steve Jobs que viven en nuestro país”.

La simetría cronológica en la lucha contra el coronavirus y el default lo es también respecto de su letalidad económica

“Tenemos que volver a celebrar la creatividad, la iniciativa y no estar tan envueltos en dinero. Es sumamente importante que las personas comiencen a ver el trabajo como divertido, emocionante e intelectualmente interesante. Tenemos que reconocer la importancia de la justicia económica. Son las fuerzas reales, no las fuerzas monetarias, las que determinan cómo fluctúa la tasa de desempleo”.

Es comprensible que la Argentina tenga una cultura melancólica porque el pasado fue mejor, el peronismo fue actor de ese pasado e intérprete actual de esa melancolía. ¿Será Alberto Fernández quien pueda convencer a sindicatos y empresarios de la necesidad de abandonar su natural conservadurismo? La bomba neutrónica que en la economía generó el coronavirus es su gran oportunidad.


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