sábado 01 de octubre de 2022
COLUMNISTAS opinión

Secretos a la vista

Hacía menos de un mes que le habían otorgado el Premio Nobel a Vargas Llosa y Dominique no se explicaba por qué no se lo habían dado a Lobo Antunes.

06-11-2021 04:38

Si yo fuese sociólogo de la cultura, alguien que intenta articular (articular, ¡qué palabra tan de sociólogo!) cierto marco teórico con mucho trabajo de campo, haría (si me fue mal) o dirigiría (si me fue bien) una tesis de doctorado sobre la forma en que llegamos a conocer un libro o un autor. ¿Por las reseñas? ¿Por otro tipo de recomendación? ¿Por el prestigio (o desprestigio) de una editorial? ¿Por la tapa, el precio del libro? ¿Por azar? ¿Por el consabido rubro “otros”? No sería difícil establecer alguna especie de tipología, marcar una tendencia cuantitativa, y también formular una reflexión cualitativa sobre tan versátil asunto. Nada de eso me ha sido dado. La sociología no se ha derramado sobre mí. Pero sí aconteció algo extraño en la forma en la que llegué, no hace mucho, a leer por primera vez a uno de los más grandes escritores contemporáneos: António Lobo Antunes. 

Hace años, un gran editor francés, Christian Bourgois, en cuyo catálogo se tradujo al francés la obra de Lobo Antunes, me lo recomendó efusivamente. El de Chistian Bourgois es un catálogo que valoro muchísimo, todo libro que se publica allí presenta para mí, a priori, gran interés. De hecho, al haber establecido cierta relación con él y con su mujer, Dominique Bourgois, fui invitado al depósito de la editorial, provisto de un inmenso bolso, a llevarme todos los libros que quisiera. Como un niño en un maxikiosco acepté la invitación pero, vaya uno a saber por qué, no reparé en la recomendación, y no me llevé ninguno de Lobo Antunes. 

Tiempo después, ya con Christian muerto, Dominique repitió la escena: me recomendó aún más efusivamente a Lobo Antunes y me permitió acceder al depósito. No una, sino dos veces más en tres años. Sin embargo, no le presté atención y no me llevé ningún libro de Lobo Antunes. Me acuerdo perfectamente que la última vez hacía menos de un mes que le habían otorgado el Premio Nobel a Vargas Llosa, y Dominique no se explicaba por qué no se lo habían dado a Lobo Antunes. Yo le dije que, tal vez, era porque hacía no muchos años se lo habían dado a Saramago. Como toda respuesta Dominique me miró con algo de pena (por mí).  Es probable, además, que en todo ese tiempo hayan salidos reseñas y notas sobre sus libros, e incluso, tal vez, que me haya topado con varios en algún librería argentina o española (en castellano está publicado en Siruela, Penguin, e incluso en Emecé), provocando en mí la misma indiferencia. ¿Por qué? No lo sé. Sé, en cambio, que el año pasado leí Pasado mañana, de Luis Chitarroni, extraordinario libro que compila artículos y ensayos sobre diferentes autores y temas. Diría que todos esos textos son notables, menos “De abrir los ojos y no oír”, la paginita que le dedica a Lobo Antunes que, en comparación con el resto del libro, es muy menor. ¿Y cómo fue que ese artículo casi intrascendente me generó ganas de leer a Lobo Antunes? Un misterio (la sociología siempre fracasa). Pero así ocurrieron los hechos. Si fuera un juicio me declararía culpable (pero quienes escriben en los diarios lamentablemente nunca van presos). Pues, ahora que leí prácticamente su obra completa (única y genial) debería escribir sobre Lobo Antunes. Tal vez lo haga la semana que viene, o la otra, o quizás nunca. No me gusta recomendar autores, prefiero que se mantengan en secreto, a la vista de todos.

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