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COLUMNISTAS / econOMISTA DE LA SEMANA
viernes 1 marzo, 2019

Sin motores para el crecimiento

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por Irina Moroni

ESFUERZO. El mensaje del Presidente, al arrancar un año que tendrá caída del PBI y la inversión. Foto: Pablo Cuarterolo
viernes 1 marzo, 2019

La economía argentina se encuentra sin motores y con demasiados desafíos por delante. Así, por segundo año consecutivo, la actividad económica volverá a caer, con el consumo privado (-2,4% i.a.) y la inversión (-8,1% i.a.) como los principales factores que expliquen la baja.
En efecto, la recesión se extiende en estos primeros meses del año. Desde Fundación Capital prevemos un primer cuarto con una baja en el PBI del orden del 4,9%, seguido por un segundo trimestre con una desaceleración en el ritmo de caída (-1,5% i.a.). Recién se observaría un rebote en términos interanuales en el tercer trimestre (+1,3%), seguido por un último trimestre con un alza mediocre (+0,9% i.a.).
Las razones detrás de esta dinámica se encuentran en una economía donde no se vislumbran motores que la reactiven verdaderamente. Por el lado del consumo, con una inflación corriendo por delante de los salarios, la caída del poder de compra del sector privado registrado alcanzará el 1,5% promedio en el año. Los acuerdos paritarios que se firman principalmente en el segundo trimestre del año implicarán una recuperación en el poder adquisitivo de los trabajadores para la segunda mitad de 2019 (+3,3% i.a.), aunque no será suficiente para contrarrestar la caída en la primera parte del año (-5,9% i.a.). Además, con un proceso de destrucción de empleo que comenzó a verificarse en septiembre, el empleo privado verificaría una contracción del 0,5% en 2019.
El panorama tampoco resulta alentador para la inversión, donde la baja competitividad se hace presente, sumado a un año con mayor incertidumbre frente a las elecciones presidenciales. Además, el encarecimiento de los costos de financiamiento continuará prevaleciendo, afectando especialmente a algunos segmentos como las pequeñas y medianas empresas. También debe tenerse en consideración los gastos de capital, relacionados con las inversiones en obra pública, que de acuerdo con el Presupuesto, se prevé se reduzcan en 0,5 puntos del PBI.
El alivio vendría por el lado del sector externo, siendo que las importaciones se contraerían fuertemente y la mejor cosecha agrícola podría implicar un extra en las exportaciones en torno a US$ 5 mil millones. No obstante, el dato del primer mes del año enciende una luz de alerta, con una caída en las ventas al exterior del 4,7% i.a.
En cuanto a los desafíos, destaca en primer lugar el frente fiscal. En este sentido, la menor recaudación complica el logro de la meta. Los ingresos presentaron en enero su séptimo mes consecutivo de caída en términos reales (-9% i.a.), desempeño que preocupa de cara al exigente objetivo de 2019. Con un comportamiento de los recursos similar al de enero para el resto del año, el esfuerzo requerido del lado del gasto es mucho mayor al observado en el primer mes. En efecto, las erogaciones deberían crecer a un ritmo 8 puntos inferior que el observado en enero para cumplir la meta, incluyendo el gasto social extra permitido por el FMI.
Asimismo, la cuenta de intereses continuará presionando sobre el déficit financiero. De este modo, hacia 2020 las dudas se centran en la sostenibilidad de la deuda, siendo que el ratio sobre el producto se ubica en
torno al 90% y que en los años 2022 y 2023 el cronograma de pagos al FMI es más que desafiante.
En materia de inflación, los registros recientes muestran que quebrar la inercia inflacionaria presenta dificultades, incluso en el marco de una significativa caída de la actividad económica (-6,3% en el IVT-18e y -4,9% i.a. para el IT-19e), donde pesan los efectos de segunda ronda de la devaluación y las tarifas.
Por último, desde el programa FMI II, los depósitos a plazo fijo en moneda local se incrementaron en unos $ 300 mil millones. El acortamiento de los plazos, sumado a la mayor participación de las colocaciones mayoristas, hace necesario monitorear su evolución debido a que son una potencial fuente de inestabilidad futura, ya que podrían dolarizarse en el período previo a las elecciones.
En definitiva, pocos motores a la vista para la actividad económica y demasiados desafíos, en una economía con un programa de emergencia que brinda pocos instrumentos a la hora de resolver los problemas vigentes.


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