martes 29 de noviembre de 2022
COLUMNISTAS opinión

Todos unidos filmaremos

Me costó imaginar cómo habían logrado que miles de personas tomaran decisiones estéticas.

20-11-2022 02:12

Ana García Blaya ganó el premio a la mejor dirección en el reciente Festival de Mar del Plata y asistió a la ceremonia de clausura con una remera en la que se leía “Nada sin Cristina”. Sus profundas convicciones kirchneristas se ponen de manifiesto en otra foto suya, la que aparece en la Wikipedia bajo su nombre. Allí la remera dice “yegua PUTA”, en lo que parece una muestra de solidaridad con su ídolo político, cuyos partidarios solían quejarse de que su jefa recibía insultos de ese tenor por parte de los opositores. Aquí la directora aparece con los brazos cruzados, tapando parte de la leyenda. 

Más curioso es que en el texto de la Wikipedia se lee (o se leía el 15 de noviembre, porque la Wikipedia suele cambiar sus contenidos) con respecto a La Uruguaya, la película que se exhibió en Mar del Plata: “Esta es la primera producción de Orsai Audiovisuales. Para llevar ade-lante la producción de la película, miles de personas se organizaron de forma co-lectiva para financiarla y convertirse así en “socios productores”, tomando decisiones estéticas, artísticas y participando en todo el proceso desde el primer momento.” Entendí lo de la recaudación de fondos, pero me costó imaginar cómo habían logrado que miles de personas tomaran decisiones estéticas y artísticas en la producción de una película. Me pregunté si se habían distribuido las tareas entre miles, o si los socios productores habían votado en asamblea o virtualmente sobre las líneas de diálogo, los encuadres, las locaciones, la elección de los actores? Tal vez el kirchnerismo, me dije, funcione en el ámbito cultural como la ideología Juche creada por el camarada Kim Il-sung y perfeccionada por sus familiares y sucesores en el poder de Corea del Norte, que establece como primer principio que “el dueño de la revolución y la construcción son las masas populares, cuya unicidad ideológica y de dirección que concibe el líder, el partido y las masas como un ente sociopolítico con un mismo fin.” Algo parecido puede ocurrir en la elaboración de un film si la unidad ideológica entre la dirección, el equipo técnico y los aportantes los lleva a pensar a todos juntos en la misma dirección.

Pero después, con más información (siempre a partir de la Wikipedia), abandoné mi escepticismo inicial. Al consultar la entrada dedicada a la película (antes había mirado solo en la entrada de la directora, movido por el desagrado que me producía esa provocación textil alineada con el poder a la que García Blaya sometía a los espectadores en un país tan dividido como la Argentina) averigüé cómo había sido esa elaboración entre todos. “Se creó una aplicación exclusiva para productores en donde se debate, se propone, se conversa con los directores de todas las áreas (arte, guión, finanzas, fotografía y más) e incluso se toman decisiones con la lógica de un Congreso. Los socios han participado en encuestas no vinculantes –con la finalidad de proponer y debatir– y en otras que sí han sido vinculantes y sus resultados debieron acatarse sin protestar.” Algo bastante parecido al Centralismo Democrático, según el cual se discute y después se acata. Como los Congresos del Partido, el sistema es parte de la metodología leninista y de la idea de una democracia no contaminada de liberalismo. El arte no tiene por qué ser una excepción.

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