viernes 24 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS Opinión
08-11-2020 02:46
08-11-2020 02:46

Las trampas de la democracia

08-11-2020 02:46

Juan Manuel Abal Medina es un intelectual que hace política. Y, ciertamente, ha tenido más éxito en la academia que en la política. Es politólogo y se recibió con medalla de honor y un promedio de 9,4, que hasta 2016 fue el más alto en historia de la carrera de Ciencia Política de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

Abal Medina tiene una maestría en Ciencia Política, con promedio de 9 en el Instituto de Altos Estudios Universitarios de España, y es doctor en Ciencia Política por Flacso de México, con un promedio de 9,93 y una tesis aprobada con sobresaliente. Fue investigador del Conicet y es miembro de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), el organismo que aprueba la creación de nuevas universidades y supervisa su funcionamiento.

También fue senador por el Frente para la Victoria, jefe de Gabinete de Cristina Kirchner y por sus venas fluye linaje peronista: su padre, Juan Manuel Abal Medina, fue secretario general del Partido Justicialista y formó parte del Operativo Retorno, que posibilitó el regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina en 1972, tras un largo exilio; y su tío, Fernando Abal Medina, fue el mítico líder y fundador de Montoneros, y el responsable del Operativo Pindapoy, bautismo de fuego de la guerrilla para secuestrar y asesinar a Pedro Eugenio Aramburu en 1970.

Abal Medina demostró que si en Argentina se hubiera utilizado el sistema electoral de Estados Unidos, Daniel Scioli se hubiera convertido en presidente en 2015.

Abal Medina se especializa en teoría política, es titular de la cátedra de Sistemas Políticos Comparados de la UBA, ha dictado clases en las universidades de San Andrés, Di Tella, Quilmes y San Martín, y esta semana realizó un muy interesante ejercicio contrafáctico, que permite analizar el impacto que podría tener el colegio electoral de Estados Unidos si se aplicara en la Argentina.

En su cuenta de Twitter, Abal Medina demostró que si en las elecciones presidenciales argentinas se hubiera utilizado el sistema electoral norteamericano, Daniel Scioli se hubiera convertido en presidente en 2015.

El colegio electoral de Estados Unidos impone una elección indirecta, en la que los votantes nominan “electores”, por cada estado para que luego sean los encargados de designar al presidente. En la Argentina el total de electores sería 329, por la suma de diputados y senadores que tiene cada provincia, y se necesitarían 165 para ganar la elección.

En ese esquema, Scioli se hubiera convertido en presidente con 216 electores, frente a los 96 que hubiera obtenido Mauricio Macri, los 9 de Sergio Massa y los 8 de Adolfo Rodríguez Saá 8.

En cambio, en la elección de 2019, no se hubiese modificado el resultado porque Alberto Fernández hubiera obtenido 225 electores y Macri habría tenido 104. Mientras que en 2011, tampoco se hubiera producido un cambio: Cristina Fernández hubiese obtenido 321 electores y Rodríguez Saá 8.

Por último, y siempre siguiendo el hipotético ejercicio planteado por Abal Medina, en 2003 Carlos Menem hubiera obtenido 141 electores, Néstor Kirchner 130, Rodríguez Saá 30 y Ricardo López Murphy 28. Como ningún candidato hubiera alcanzado el número mágico de 165 electores, y como ese sistema electoral no permite una segunda vuelta, se habría necesitado un importante juego de alianzas para poder designar al presidente.

El colegio electoral norteamericano fue creado a instancias de Alexander Hamilton, James Madison y John Jay, que publicaron 85 célebres artículos conocidos como The Federalist Papers: son ensayos que representan una obra maestra de la Ciencia Política y dieron vida a la Constitución de Estados Unidos.

Hamilton, Madison y Jay sentaron las bases de la democracia moderna en el continente americano, a través de un delicado equilibro de balance de poder que evita el totalitarismo, con mandatos presidenciales fijados, un Congreso bicameral, un sistema de justicia independiente del resultado electoral y una férrea defensa de la libertad de expresión.

Pero los “padres fundadores” de Estados Unidos temían que la “tiranía de la mayoría” terminara desvirtuando la arquitectura republicana que estaban fundando y desarrollaron un mecanismo que permitiera designar a un presidente a espaldas de la votación popular, con la declarada justificación de evitar que un déspota pudiera alcanzar el poder.

“El proceso electivo nos da la certidumbre moral de que el cargo de Presidente no recaerá nunca en un hombre que no posea en grado conspicuo las dotes exigidas”, explicó Hamilton en el Federalista Nº 68.

El colegio electoral permite que sea presidente el candidato menos votado. Ocurrió en 1.824 (Adams), 1.876 (Hayes), 1.888 (Harrison), 2.000 (Bush) y 2.016 (Trump).

La alberdiana Constitución de Argentina se inspiró en la hamiltoneana de Estados Unidos, por lo que el colegio electoral funcionó en nuestro país, con distintas modificaciones, hasta que la reforma constitucional de 1994 lo eliminó definitivamente.

A favor del sistema electoral estadounidense hay que decir que constituye una clara defensa del federalismo. En su contra, también es importante destacar que puede generar problemas de legitimidad. Ambas características fueron evidenciadas esta semana en la polémica elección norteamericana que convirtió al demócrata Joe Biden en presidente.

Es que las mayorías que se forman en el colegio electoral no siempre coinciden con el voto de los ciudadanos y puede darse el caso de que los electores designen a un candidato que no haya sido el más votado. Eso ocurrió en Estados Unidos en las elecciones de 1.824 (John Quincy Adams), 1.876 (Rutherford Hayes), 1.888 (Benjamín Harrison), 2.000 (George W. Bush) y 2.016 (Donald Trump).

Las trampas de la democracia que esconde el colegio electoral permitieron que Trump fuera el último presidente que asumió el poder de Estados Unidos a pesar de no haber cosechado más votos. Algo que también podría haberle ocurrido a Scioli en la Argentina.


*Doctor en Ciencias Sociales. Director de Perfil Educación. (@rodrigo_lloret)

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