jueves 08 de diciembre de 2022
CULTURA Street Art

Arte urbano en Sudamérica: las minorías invisibles

En la segunda parte de este ensayo, Claudia Bosoni desentraña las particularidades del arte urbano en Sudamérica, donde irrumpe con características bastante diferentes a las de las principales ciudades de Europa y Norteamérica.

08-10-2022 12:10

En América latina el arte urbano irrumpe en la escena con características bastante diferentes a las de las principales ciudades de Europa y Norteamérica.  En estas latitudes encontramos variantes en relación a los actores, a los lugares y las influencias. Más que nada, el contexto político hace que la calle sea el escenario en donde se cuestiona la censura, se representa lo invisibilizado por el mainstream y se materializan las minorías invisibles a la oficialidad de los medios masivos de comunicación. 

Por un lado, la coyuntura económico-política de la mayor parte del siglo pasado, en donde la norma se define mediante la inestabilidad, la proyección económica a corta escala temporal del futuro de los individuos, las interrupciones democráticas, la proscripción de partidos y facciones políticas, la censura, y el cercenamiento de la libertad de expresión se generó un ambiente de catarsis marginal, prohibida, que habilitó la palabra desde la clandestinidad. La libertad de expresión encontró en las calles un canal para ser puesta en práctica. 

Las influencias en el arte urbano sudaca están relacionadas primeramente con el contenido del mensaje y las técnicas, y en segundo plano, con la calidad estética. El peligro de ser agarrado por la policía en Sudamérica está más marcado por la censura de la palabra que por la defensa de la propiedad privada, y eso hace que la vida del artista corra un peligro más real que lo que pasa en el primer mundo. De este peligro surgen las técnicas más conocidas del grafitti como son la pintada a “mano alzada” (aerosol), stencil o plantilla y afiche. Todas tienen como características principales la rapidez para la instalación de una obra, la capacidad de replicación de un mismo mensaje, y en un principio tiene un objetivo claro que no tiene en cuenta la calidad artística: la resistencia. 

En cuanto a los actores o autores, la característica particular de Argentina con una clase media amplia, instruida y consolidada desde generaciones hace que se constituya en la principal protagonista. La resistencia intelectual empieza a utilizar la palabra pública escrita como forma de protesta a partir de los ‘50 (con imprentas clandestinas, o Rodolfo Walsh y su carta el día anterior a su desaparición) y marca una metodología de defensa de la libertad de expresión que de alguna manera genera consecuencias en el resto de las manifestaciones. Como contraparte el regreso a la democracia abre un período en donde la ironía y el juego de palabras sustituyen como protesta a la resistencia combativa. (como fue el caso de Los Vergara y sus máximas). 

En la actualidad, Buenos aires se presenta como la meca de la profesionalización. A diferencia de lo que sucedió con el surgimiento del arte urbano en el primer mundo, la mayoría de los artistas porteños más reconocidos provienen de clases medias con niveles educativos altos (alguna experiencia universitaria o terciaria) que contribuyen a la formación del arte. Muchos de los grafiteros/muralistas contemporáneos de Argentina tienen formación en carreras como publicidad, marketing, artes, cine, diseño gráfico, comunicación, etc (Jaz, Pum Pum, Chu, Colectivo DOMA, Martin Ron y El Marian entre muchos otros). La mayoría de ellos proviene de una generación que vivió casi la totalidad de su vida en democracia, y sorteando los vaivenes de los ‘80 y ‘90 siendo adolescentes que experimentaban las influencias desde lo artístico: El punk, el hip hop, el free style, el skate, el comic, y la cultura de consumo aparecen entre otros elementos representativos de las identidades de esta generación. Ya entrando en la adultez, vivencian la crisis política y económica del 2001 como un quiebre desde la propia experiencia y las calles empiezan a reactivarse con militancia estética. 

 

Lo coloquial y lo formal

Por otro lado, el multiculturalismo producto de las diferentes identidades presentes en las grandes ciudades de Argentina del siglo XX se fue forjando como política de estado y a la vez consecuencia no deseada del mismo. El barrio, el conventillo, la villa y la esquina aparecen como escenario en donde se crea y cristaliza la idiosincrasia del porteño, rosarino o cordobés y su ciudad. Las representaciones artísticas más icónicas y utilizadas como sello identitario argentino (el tango, el fileteado porteño, entre otros) son producto de la fusión desestructurada e improvisada de la mezcla cotidiana de marginalidades, minorías y parias. Esta impronta sigue presente en el inconsciente artístico del arte urbano. En este sentido no es casual que las manifestaciones de santos populares estén cada vez más representadas por murales callejeros, donde encontramos desde el gauchito Gil hasta Maradona en un circuito de veneración de héroes no oficiales. 

Pero desde la academia también se ve una impronta diferente que ha influenciado al arte urbano. Particularmente el muralismo mexicano de principios de siglo XX, que saca el arte a la calle y convierte la protesta y la desigualdad, el obrero, nativo y pobre en las principales musas de sus obras. Con Siqueiros y Rivera a la cabeza, quienes inmortalizaron escenas con calidad estética a gran escala, y en muchos casos en soportes no convencionales. Más cercano en geografía, las influencias innegables de Benito Quinquela Martin, Antonio Berni, Raúl Soldi y varios contemporáneos rioplatenses que siguieron con esa línea argumental y que agregaron otro condimento urbano: el reciclado y el uso de materiales no convencionales como materia prima para sus producciones (reciclaje, carbón, desechos, etc).

Estas dos vías de influencia fueron las principales bases para la configuración de la estética tan particular y única que se reconoce en las obras de los principales artistas argentinos. Un fuerte sentimiento de activismo sudamericano, con la particular visión de la histórica clase media Argentina. 

 

*Claudia Bosoni es Licenciada en Antropología. Su campo de estudio es la Arqueología Histórica-Urbana y el Patrimonio cultural. En los últimos años, se interesó especialmente en los fenómenos de vanguardia artística desde una mirada antropológica. Ha participado en varios proyectos académicos y de investigación en ciencias sociales y tiene publicados numerosos artículos en revistas y actas de congresos (nacionales e internacionales) en el campo de la Antropología y la Arqueología. Además, es profesora universitaria y se desempeña como guía turística en temas de Historia y cultura de la Ciudad de Buenos Aires