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CULTURA / entrevista
domingo 25 noviembre, 2018

Delia Cancela: "El Di Tella me agobiaba"

La artista –con más de cincuenta años de carrera– dialogó con PERFIL sobre la retrospectiva “Reina de corazones”; la muestra pone el foco en el vínculo entre arte, moda y diseño para explorar las señas de identidad que Cancela erigió como marca propia.

por Laura Isola

Exploraciones. Algunos de sus trabajos confeccionados en Buenos Aires, Londres y París, donde además creó Pablo et Delia. Foto: MAMBA

Delia Cancela está haciendo ahora lo que nunca hizo en su vida. Después de una carrera fulgurante como diseñadora de moda y vestuarista, por un lado, y un reconocimiento como artista visual que se dio de manera separada e independiente, esta creadora incansable que nació en 1940 está juntando las dos cosas. “Fue muy increíble lo que pasó: la gente acá nunca supo lo que yo hice allá. Pasó lo mismo acá: no sabían qué había hecho allá. Lo dividí naturalmente. No hice nada ni para que se sepa de un lado ni del otro. Siempre me dediqué al mundo de la moda. Nunca estuve en una galería exponiendo. Nunca mostré mi trabajo como artista en Europa”.

Reina de corazones. 1962-2018, la muestra que reúne sus trabajos en el Museo de Arte Moderno, es la evidencia de lo prolífero e imaginativo que es su labor en ambas facetas. De igual modo el esfuerzo de archivo y reconstrucción, ya que gran parte de su obra se quemó en un fatídico incendio. Quedarse con poco, superar la tragedia.

El acá y el allá son Buenos Aires y París. También fue Londres, donde pasó una temporada deliciosa y se conectó con todo lo que había visto y leído, “mi lugar en el mundo”, tal como lo describe. Primero estuvo un año en Nueva York pero no quiso quedarse. A la capital francesa llegó, también, con Pablo Mesejean, su pareja en ese momento: “Una pareja que parecíamos una misma persona”. Crearon Pablo et Delia, la firma de moda que fue famosa y reconocida. Estuvo desde los 70 hasta fines de los 80. Si bien en el París de los años 70 no hacían “arte latinoamericano”, entendido como una configuración representativa de una idea que del continente tenían en Europa, ese exotismo transatlántico alimentado por una cultura for export de mujeres voladoras, paisajes tropicales, vegetación exuberante, tenían algo que los hacía distintos. “Teníamos una libertad que nos hacía diferentes. No había para nosotros una tradición extensa que había que respetar”. Eran, como escribieron en el manifiesto de 1966, los que amaban a los Rolling Stones y a Saint Laurent, al celeste y al rosa, a Alicia en el país de las maravillas y a Bob Dylan. “Después hice un parate e hice mi mejor obra, que fue tener a Celeste, mi hija”.

En Buenos Aires, en los años 60, participó del Instituto Di Tella: “No me divertía tanto en el Di Tella. A mí me costaba bastante porque no soy muy competitiva, y había que estar muy atento. Fue un espacio fantástico. Hermoso lugar donde se nos dio la oportunidad de hacer cosas. A pesar de eso, no puedo decir qué divertido. No puedo alimentar una fantasía que no viví. Cuando me fui de Buenos Aires sentí una gran libertad. El Di Tella me agobiaba”.

Un día Delia se cansó de París. “Pablo murió en 1986; otros amigos fallecieron. Ya me había separado del padre de mi hija; Celeste era una adolescente. París tenía una energía muy baja y yo estaba cansada de esa ciudad. Necesitaba sol”.

Es verosímil que esta mujer pequeña, delicada, de ojos claros y pelo muy colorado se alimente del sol. Ella ya lo ha dicho. Nuevamente, el manifiesto: “Amamos los días de sol y las plantas”. Le hemos creído. Otro menester ha sido el amor. Por ejemplo, el que tuvo con Pablo, su compañero de esos años, coequiper de trabajo y creación, matrimonio artístico, amigo de toda la vida: “¿Quién tenía el ego más grande? Yo era muy tímida, no hablaba, y Pablo era lo contrario: un gran charme, hablaba y se reía mucho. Puertas adentro yo era muy precisa. Tuve esa cosa de ampararme en el hombre bello: él era el que llamaba la atención y entonces a mí me dejaban tranquila. Me importaba un corno que fuera él el que llamara la atención”.

Asimismo, Delia no se siente cómoda con la versión feminista actual (“fui a una reunión del colectivo Nosotras Proponemos y les dije ‘yo no soy feminista’”) sin por ello serlo de un modo profundo. Lo que parece una contradicción se aclara suavemente: “Soy feminista desde hace mucho tiempo pero no me gusta la confrontación. Yo viví el feminismo desde que tenía 20 años, en mis primeras obras estaba reflejado. Cuando viajé a Nueva York, en Europa”. En un nombre, de mujer, claro, está su clave: Virginia Woolf. “Yo quería ponerle Un cuarto propio a esta muestra. Ese ensayo me encanta y me representa mucho”.

Delia Cancela

  • Reina de corazones. 1962-2018. Curadora: Carla Barbero
  • Museo de Arte Moderno Av. San Juan 350
  • Hasta el 3 de marzo

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