jueves 29 de julio de 2021
CULTURA DISEÑO EDITORIAL
18-07-2021 03:06

La superficie profunda

Además de contenido, el libro es también forma: colores, tamaños, diseños tipográficos, ilustraciones. En esa ristra de características, ¿qué ocurre con las tapas? ¿Cómo y quienes las realizan? ¿Son consultados los autores? ¿Sirven para potenciar ventas? Responden las y los involucrados.

18-07-2021 03:06

El libro como cuerpo. Las letras como alma. Si el texto es el cuerpo del libro, la portada es su cara. Y los ojos de esa cara son lo que refleja el alma. La relación entre literatura e imagen no es más que un carácter cosmopolita que consolida las partes. La posición ideológica y estética, en un sentido filosofal, está expuesta en la portada y no solo como recurso sino como estandarte político. El carácter político entendido como direccional, por supuesto.

Mariana Enriquez, la autora del momento sin dudas, no solo tiene una serie de títulos publicados con distintas editoriales sino que, traducida a diferentes idiomas, además están sus libros en el resto de habla hispana con diferentes portadas. ¿Cuánto tiene que ver el artista con su obra, realmente? Su experiencia al respecto: “La incidencia, la influencia que uno puede tener en las tapas es muy relativa, en general –comienza diciendo Enriquez–, y es muy diferente cuando se publica en una colección que tiene una caja determinada y en una editorial donde cada libro es un objeto distinto. Eso es lo que noto en el mundo hispanoamericano, es más raro”. Y acá entran en juego dos elementos fundamentales en la rueda editorial: las multinacionales y el presupuesto: “Las publicaciones extranjeras tienen que ver directamente con la relación que uno tenga con la editorial. Por lo general, proponen un diseño o, en el caso de Anagrama, una ilustración; también yo hago una propuesta y ahí se dirime. Por ejemplo, la tapa de Las cosas que perdimos en el fuego es de una artista polaca, Alejandra Waliszewska, me encanta; la pedí, la consiguieron y así salió. La tapa de Nuestra parte de noche, que es buenísima y cualquiera podría pensar que fue una elección mía por una cuestión de estética, un ángel caído; no: la decisión fue de la diseñadora de la editorial y yo inmediatamente dije: ‘Sí, es esa’. Así que es muy conversado y muy tranquilo”. Otro factor: la estética internacional: “La diferencia de trabajar con el mundo editorial local y el extranjero ya es lo suficientemente amplia como para sumar los grupos multinacionales tentaculares, y con las editoriales independientes latinoamericanas ocurre que me muestran sus ideas, algunas me gustan más que otras. Por ejemplo, con las ediciones de Alguien camina sobre tu tumba, en Bolivia la hizo El Cuervo y en Chile, Montacerdos; en ambos casos, ellos me mostraron, una es una ilustración, la otra es un diseño tipográfico. Me encantaron las dos, y ya. Pero lo mismo pasó con la tapa de Este es el mar, de Penguin, que es de mis favoritas junto a Nuestra parte… y la edición boliviana de Alguien camina… tres experiencias editoriales completamente diferentes”. Con tantos títulos y en tantas ediciones, la autora se siente más que a gusto: “Tengo que admitir que no tuve malas experiencias con las tapas, tuve bastante suerte. Con las extranjeras, editoriales con las que tengo más diálogo, la francesa, la inglesa, la de Estados Unidos, proponen distintas variantes porque cuentan con muchísimos más recursos, como la de Estados Unidos, justamente, que me tira, no sé, veinte diferentes, una barbaridad, y yo elijo una o ninguna y luego ofrecen otras. La última que sacaron, Los peligros de fumar en la cama, elegí la que más me gustó, y ya. Con Las cosas que perdimos… me ofrecieron un montón de diseños, fue un poco más complejo, no me gustó ninguno y tomaron el mismo pattern que la francesa cuando se la enviamos como variante. Eso pasa mucho. Ayuda en este proceso contar con un buen agente que ejerce de intermediario para estas cuestiones. De las ediciones extranjeras, hay tapas que me gustan mucho y algunos utilizan las mismas que otros. A veces no me gusta mucho pero son ediciones de traducciones chicas y se deja pasar. Pero no creo francamente que las ediciones extranjeras sean más lindas que las de acá. Tengo tapas de otros países que no son muy bonitas y tengo otras de afuera que son más lindas que las de acá. Mi experiencia personal no es tan tajante y lo bueno es que si la edición inglesa es linda y gusta, se copia y nos encontramos con una tapa preciosa en ediciones croatas, rumanas, etc. No es que cada país tenga su equipo de diseñadores que está trabajando para un solo título. Eso pasa en las editoriales grandes y con muchísimo dinero, como decía antes: Estados Unidos, Inglaterra o Francia. Creo que la diferencia más crucial, que sabrá explicarla mejor un diseñador, es si se trata de una colección –que tiene una limitación– o un libro tomado como un objeto único”.

Hay editoriales que mantienen una línea estética según sus colecciones, con un sello distintivo. Malena Rey, de Caja Negra, dice: “En el comienzo definimos la estética de Caja Negra con Juan Ventura y Sofía Durrieu, dos diseñadores que nos ayudaron a crear la identidad de la editorial. Hace ya muchos años trabajamos sobre todo con Consuelo Parga y Emanuel Prado, muy talentosos ellos, que siguen el proceso de cada colección. Somos muy exigentes con el diseño y la factura de nuestros libros. Trabajamos las tapas con meses de anticipación hasta hacer todos los cambios necesarios y quedar conformes. Son aventuras en algunos casos placenteras y en otros más traumáticas, pero sí sentimos que tenemos una identidad fuerte y nos interesa que los lectores y lectoras disfruten y valoren estéticamente los objetos que publicamos”.

El texto es la inspiración. “Tenemos hasta el momento tres colecciones. Dos de ellas presentan mayores libertades porque cada tapa es distinta sin seguir una maqueta. Si bien hay criterios generales, cada una tiene sus propios desafíos. Solemos darles a los diseñadores una serie de referencias y preparan varias entregas hasta que arribamos conjuntamente a la versión final. La Colección Futuros Próximos, diagramada y diseñada por Consuelo Parga, sí tiene una estética específica y bien reconocible. Ahí se trata de pensar en cada caso la figura que estará en tapa y definir un color. A la hora de mirar tapas posibles y aprobar o desechar algún camino, es fundamental no quedarse en el me gusta o no me gusta. Hay que poder argumentar concretamente por qué creemos que funciona o no funciona”. Oh, lidiar con autores, otra parte del engranaje: “Si los autores están vivos o son accesibles, sí solemos consultarles si tenían algo en mente o mostrarles avances para que, desde su lugar, participen de la decisión. Pero la última palabra la tiene siempre la editorial”.

Por su parte, Víctor Malumián, responsable editor de Godot, agrega: “Las tapas las hacemos nosotros, hace poco comenzamos a trabajar con Martín Bó, que es un gran diseñador. Buscamos un concepto que sintetice el libro; con la no ficción creo que funciona levemente distinto que con la ficción. Peter Mendelsund comentó algo superinteresante: la tapa tiene que llamar la atención pero a la vez debe guardar ciertos detalles que solo tienen sentido una vez leído el libro. Las tapas operan de forma muy distinta en la mesa de novedades, en la vidriera o en la estantería. Curiosamente, el lomo es bastante olvidado y es una de las partes del libro que más tiempo quedan expuestas”.

La escritora Valeria Tentoni contó su experiencia: “Con la tapa de mi primer libro de cuentos, hace varios años ya, no tuve ningún grado de participación: recuerdo que me pareció desabrida, débil, demasiado sugerente, pero con los años me gusta cada vez más, me parece un acierto por todos los motivos que por entonces me preocupaban. Con la tapa de mi primer libro de poemas, que salió en una editorial muy pequeñita en otro país, recuerdo que me mandaron la prueba y era mi cara expandida en blanco y negro, ocupando el total de la portada: habían tomado la foto de internet sin consultarme. Yo estaba trabajando en una oficina del Microcentro y abrí el archivo adjunto con la imagen muy entusiasmada y casi me muero”. Claro, la desilusión viene de la mano de la sorpresa: “Una portada enemiga te convierte en enemiga de todo el libro, es una cosa muy difícil de tragar como si nada, en un libro una puso mucha cosa que ni sabe de dónde sacó pero trajo, y trajo con esfuerzo, entre otras energías involucradas. Pedí por favor que no fuese así, no quería mi cara ahí. Aceptaron, y el resultado fue una de las portadas que más me gustan: una cartulina colorada, colorado tomate, el título en verde esmeralda, muy sobria, muy a tierra. El efecto total es de artesanía –era un libro cosido, papel hueso, hermoso, muy pocos ejemplares–. La primera edición de mi libro de cuentos Furia diamante se hizo en el programa Leer es Futuro, que combinaba obras de nuevos autores con nuevos ilustradores, y me tocó compartir publicación con Joaquín Silva, que trabajó desde Córdoba”, y el factor entendimiento-placer es fundamental: “Silva es un ilustrador ultratalentoso, capturó el espíritu del libro con gran poder de síntesis. Hay una chica con nariz de diamante, atenta por el rabillo del ojo: combinó título con trama de uno de los cuentos y espíritu del total. No sé cómo se le ocurrió, no conversamos antes, fue una sorpresa, un regalo. Cuando hay ilustraciones involucradas en las portadas, nunca sentí menos que felicidad: los poemarios que salieron por editorial Neutrinos tienen portadas que me gustan muchísimo, son obras de otro artista, Juan Hernández. Me encantan sus búsquedas en general, y con Daiana Henderson y Cristian Monti, los editores, elegimos juntos las paletas de colores. Luego, con la edición de Furia diamante, de Leteo, le propuse a Christian Kupchik, su editor, las obras de una artista visual chilena radicada en Francia que trabaja desde un imaginario particularísimo, muy inquietante: Javiera Hiault-Echeverría. Yo no conocía a Javiera pero sí su obra, le pedí permiso y accedió: de hecho, hay más obras de ella dentro del libro, antes de cada cuento. El trabajo se hizo con el diseñador del sello, Lucas Frontera Schällibaum, que testeó varias hasta dar con la que mejor resultara para una impresión a una tinta sobre fondo de color estridente. El libro fue uno de los primeros del sello, por tanto también se estaba probando diseño general de colección: fueron muchos intercambios al respecto”. Y aquí la importancia del trabajo en equipo, unido en una misma sensibilidad: “La portada del próximo libro, que es para niñas y niños, está a cargo de Guido Ferro, el ilustrador de todo el tomo, y se hizo en equipo con su editora, Clara Huffmann (Pípala): los tres fuimos trabajando juntos en distintas etapas, Guido trajo propuestas increíbles, dibujó cosas que yo no había escrito y agregó espesor y comicidad, muchísima belleza. Tres inteligencias y sensibilidades asociadas sin duda logran cosas que solas no podrían, y es uno de los libros que más quiero, ¡y eso que todavía no se imprimió! Pienso que el juego con otra sensibilidad, con otra búsqueda, cuando es verdadero y profesional, suma lados a ese poliedro que es un libro, un Frankenstein de volumen infinito que nunca está hecho por una sola persona. Una portada plana, demasiado literal, no me gustaría. En las tapas prefiero que se guarde algún misterio, que queden cosas sin decir”. La autora culmina con una realidad casi poética: “La tapa es importante, tiene que comunicar una bienvenida, y esa bienvenida tiene que ser sincera. Creo que, en este sentido, tuve mucha mucha suerte al momento”. 

También está la diferencia, enorme, entre una editorial independiente y otra multinacional. Desde Penguin Random House, Lucrecia Rampoldi nos cuenta: “A los 21 empecé a trabajar en Sudamericana y más de 23 años después sigo, felizmente, ahora responsable del equipo de diseño. Leemos una sinopsis, un briefing que prepara el editor. Hacemos unas veinte tapas por mes, más o menos, así que promediamos una portada diseñada por día hábil del mes. Sería casi imposible leer todos los libros, lamentablemente. ¡Eso queda para cuando el libro ya está impreso! Lo más complejo es el arreglo con el editor y el autor, consensuar todas las voces, diría que es un arte que lleva tiempo, paciencia y mucho amor por lo que hacemos. ¡Cada uno pone lo mejor de sí y nos complementamos! Sin dudas, supone una aventura cada vez; en veinte años que llevo haciendo esto nunca hice una tapa de taquito: la combinación de libro, autor, editor y diseño es cada vez nueva y sorprendente. El mérito del talento lo tienen los diseñadores de nuestro equipo: Agustín Ceretti, Raquel Cané y Max Rompo”.

Otra editorial que se adivina sola por sus tapas es Eterna Cadencia. La agencia Hernández+Lara es la responsable del diseño; después de cursar estudios en Diseño Industrial y Diseño Gráfico, Verónica Lara, una de sus caras, nos cuenta: “Acumulamos diversas experiencias en la docencia, agencias, productoras de TV y en el ámbito de la cultura. En 2009 formamos el estudio Hernández+Lara para atender la promoción y difusión de la actividad editorial. Trabajamos en la identidad visual y comunicación integral con editoriales, librerías, distribuidoras, autores y editores independientes, como también con instituciones culturales y fundaciones. Para nosotros es importante leer el texto y poder explorar nuestras propias interpretaciones. Los editores suelen proporcionarnos una breve sinopsis y conceptos que quieren ver representados en la portada”. ¿Que cómo se trabaja?: “Idealmente, de un mes para el otro. Una vez recibido el encargo por parte del editor, el proyecto entra en una etapa de investigación, donde vemos otros libros del autor, ediciones anteriores, en otros países, etc. Esto nos permite, por ejemplo para las reediciones, no repetir ideas. A partir de ahí, trabajamos nuestras ideas en bocetos, descartando lo que vemos que no funciona. De esos bocetos se presentan tres o cuatro a los editores. Ellos eligen cuál será el final y, a partir de ahí, se ajusta lo que sea necesario. En general suele haber consenso entre los editores y nosotros sobre cuál será la portada final de entre los bocetos que presentamos. Pero no siempre es así”.

Rara Avis, con dirección editorial de Ramiro Mases y Julieta Massacese, producción de Florencia Ponce García (In memoriam: José Luis Amaya Chauvez), tiene la particularidad también del formato en su estética: “El diseño integral corre por cuenta del estudio de diseño con el cual trabajamos desde el comienzo -aclara Mases-, responsable de nuestro logo e identidad visual, Hola Bosque. Todos los procesos de diseño del libro (portada, contratapa e interiores) tienen un punto de partida en el carácter editorial y la particularidad de cada título, es decir que en primera instancia, antes de pasar a los diseñadores, pensamos por qué publicamos este título, qué lugar ocupa en nuestro catálogo y a qué público apunta. En base a eso, sumado a nuestras propias intuiciones y apreciaciones, elaboramos las primeras orientaciones para la tapa y se las transmitimos a los diseñadores. Ahí comienza un ida y vuelta hasta que damos con algo que nos gusta, siempre con los amenazantes tiempos de imprenta de fondo. En la actualidad contamos con tres colecciones que se reparten en dos formatos distintos: Ensayo y Rara Avis, y Gallinero. Sea que tomemos algún elemento o referencia gráfica de algún tipo o no, siempre realizamos diseños originales. En cambio, en la colección Gallinero, que publica obras de dramaturgia contemporánea, la propuesta editorial se complementa con la decisión estética de utilizar las obras originales de artistas visuales contemporáneos. La curaduría tanto de los textos como de las obras de tapa las realiza el director de la colección, Alberto Antonio Villa. Pero más allá de esta particularidad del arte de los libros de esta colección, el diseño final sigue siendo el resultado del trabajo de los diseñadores sobre la propuesta de la editorial. Perseguimos la construcción de un catálogo que se destaque por la singularidad de sus textos y que mantenga un correlato en la materialidad de los libros, combinando la excelencia editorial y estética. Concebimos el libro como un objeto complejo que merece no solo pensamiento, trabajo y belleza, sino también una distribución eficaz que le permita llegar al público lector”.

La literatura como semiótica social, entendida como reflejo metafórico de la propia historia relatada. Todos y cada uno de los instrumentos, afinadísimos, logran una metodología y una interpretación únicas: el amor a las letras.

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