lunes 20 de septiembre de 2021
CULTURA hallazgo en francia
07-11-2020 03:27

Tolstoi y el precursor de la grabación musical

Especialistas del archivo sonoro de la Biblioteca Nacional de Francia dieron con uno de los pocos registros existentes de la voz del escritor ruso León Tolstoi. La grabación data de 1909.

07-11-2020 03:27

En abril de este año, fecha que se ubica a más de 4 años de la nota de hace una semana, el sitio web oficial cultural francés (www.franceculture.fr) difundió el único registro sonoro que existe de la voz del escritor ruso León Tolstoi, donde dice: “El hombre es un animal débil y miserable, mientras la luz de Dios no arda en su alma. Y cuando esa luz se enciende, lo hace solo en el alma iluminada por la religión, entonces el hombre se convierte en el ser más poderoso del mundo. Y no puede ser de otra manera, porque ya no es su fuerza la que actúa en él, sino la de Dios”.

Este documento se tomó en 1909, un año antes de la muerte del escritor ruso, y lo rescataron especialistas del archivo sonoro de la Biblioteca Nacional de Francia. La deriva que sigue se origina en quién tomó la voz del escritor, precursor cuasi borgiano: Fred Gaisberg. Y no es por su carácter de pianista virtuoso, hijo de inmigrantes alemanes, nacido en Nueva York, en un ámbito musical idealizando la música clásica, sino por lo que efectivamente realizó. En términos actuales, se lo podría definir como el primer antropólogo de la cultura musical. Incluso, como el creador de un género mundial: la música folklórica. 

Hoy es sencillo enviar un mensaje de voz por redes sociales o escuchar música por el teléfono móvil, pero antes, hace 120 años, el gen del sistema surgió para obtener ganancias. Como el auto y el combustible, un largo etcétera que se llamará fordista. Cuando Gaisberg viajó a Inglaterra fue para su trabajar para Gramophone Company, y Emile Berliner, el inventor del gramófono, para mejorar el fonógrafo patentado por Edison. Su función era doble: convencer a los artistas para grabar y así abrir mercados de consumo de discos. El barco y el telégrafo eran las únicas herramientas vigentes, todo esto ocurría en esa zona gris entre 1890 y 1910.

Una de las primeras zonas que visitó Gaisberg fue Irlanda, Belfast, de la que anotó en su Diario en 1899: “Existen dos facciones amargas: los Orangemen y los católicos. Los primeros son protestantes. En un motín, aparecen en las calles con banderas, adoquines o cualquier cosa para lanzarse el uno al otro. Se suponía que íbamos a hacer discos de música irlandesa, pero encontramos que la mayoría de los cantantes son de extracción escocesa y se niegan a cantar canciones irlandesas. De hecho, hay muy pocos buenos cantantes en esta ciudad.” Al mismo tiempo, un joven James Joyce mascullaba experiencias en Dublin, atento a esa lengua en acto antes de escapar.

El gramófono y el pianista eran un mismo instrumento; Gaisberg conocía todos los detalles de su funcionamiento, era ingeniero de sonido y productor musical. Esta doble función lo llevó a Rusia, incluso adentrándose en la profunda estepa donde registró a instrumentistas y cantantes de Tartaristán, musulmanes y desconfiados, esto último como todos los rusos. Sus apreciaciones al respecto denotan una crítica a las “costumbres salvajes”, no sin antes admitir la preferencia por lupanares y bares de mala muerte donde también grababa a los músicos. Aquí lo plebeyo y el arte se confunden. Esto no le quitó mérito y Gaisberg viajó a la India, a Japón, también Singapur, y allí registró la música de los artistas nativos.

Se le adjudican dos medallas históricas: el registro de la voz, junto al contrato con el sello que representaba, del tenor Enrico Caruso; luego, la grabación de las ejecuciones del último castrato, voz insigne del coro de la Capilla Sixtina, Alessandro Moreschi, únicas piezas del soprano forzado, heredero fósil de Farinelli, el más famoso de la estirpe. Y aquí aparece César Aira con Canto Castrato (1983), novela que Guillaume Contré indica como fundamental en revistapenultima.com (Proyecto Pringles), sin considerar que se trata de un homenaje a Bomarzo de Mujica Lainez, no sin ironía y con desparpajo. De este último ocurrió la ópera del mismo nombre compuesta por el maestro Alberto Ginastera. Música y literatura.

En simultáneo a Gaisberg en Belfast, Joseph Conrad, polaco escribiendo en inglés, describía su viaje por el Congo belga en El corazón de las tinieblas: esclavitud, riqueza colonial y caucho. Mientras tanto, de este lado del Atlántico, moría ahogado en la selva amazónica, ya por tal caucho, ya por codicia, el joven e inmensamente rico Carlos Fermín Fitzcarrald, peruano de padre marino irlandés (Fitzgerald). Inspirado en él, Werner Herzog filmó Fitzcarraldo, donde el obstinado cruzaba un barco por la montaña para instalar un teatro de ópera en medio de la selva, intención que el original nunca tuvo. Existen fotogramas con Klaus Kinski frente al artefacto misterioso: un fonógrafo.

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