sábado 26 de noviembre de 2022
DEPORTES habla su ex entrenador

El lado menos maravilloso del mundo de Maravilla

Gabriel Sarmiento recibió a Sergio Martínez en España, le dio su casa y lo entrenó para llevarlo a la gloria. Luego cayó preso. Hoy asegura que el boxeador lo traicionó.

29-06-2013 02:55

Piensa mucho, mientras desgrana las últimas horas del día en el mismo gimnasio que pulió a su boxeador más brillante. Recuerda el momento cuando su hermano Pablo le presentó a un chaval consumido que, decían, era un perdedor, que no tenía pegada ni futuro. Evoca todas las miserias que debieron atravesar para cristalizar los berretines de gloria que ambos poseían. Reconoce el prestigio que acumuló a lo largo de los años por ser el técnico de un campeón mundial y la temible posibilidad de perderlo todo si en algún momento le tocaba besar la lona. Explica cómo la amistad de ayer es sólo un recuerdo hoy; asume errores, pero no entiende la ingratitud…

Las ganas de hablar que tiene Gabriel Sarmiento, el ex técnico de Maravilla Martínez, son tantas como la distancia que separa España de Buenos Aires. Se le nota en el tono. Como si la llamada telefónica de PERFIL sirviese para contar esa cacería de hechos y recuerdos que otros no quieren que se cuente. “Que me haya traicionado Sergio es algo que no me deja dormir. Es lo más triste que me pasó en la vida. El hombre por el que di todo para que sea lo que es, se olvidó de mí”, revela.
—¿Por qué pensás que te traicionó?
—Cuando estaba preso necesitaba que dijera la verdad, pero no se animó a poner la cara por mí. El día que pasó el incidente con mi hermano Orlando, Sergio estaba conmigo; si hubiese atestiguado la verdad, yo estaría con él ahora.
—¿Sabés por qué Sergio decidió cortar relaciones con vos?
—Nunca me dijo nada. Definitivamente, hay gente que lo está asesorando mal, que quiere vivir con su plata. Estoy seguro de que entre mi hermano Pablo, su técnico actual, y Miguel De Pablo, su asesor, le están llenando la cabeza en contra de mí. Estos tipos, cuando yo todavía estaba al lado de Sergio, no tenían ni voz ni voto…
—¿Cuándo te notificaron que ya no pertenecías al team?
—Para la pelea con Julito Chávez. Al ver que no me llamaban, le mandé la estrategia a mi hermano Pablo y me respondió que ya tenían todo hablado. Llamé tras el combate y Sampson Lewkowicz, su manager, me dijo: “Sergio no te va a pagar porque no tenés contrato y ya no te necesita”. Después me enteré por algunas notas en las que Sergio dijo que “siendo uno de los tres mejores libra por libra, no podía tener un entrenador en la cárcel”.
—¿Pero vos, estando en prisión, no le delineabas las estrategias de los combates?
—Sí, desde la cárcel yo seguí planificando los combates. De hecho, con Darren Barker, en 2011, y Matthew Macklin, en 2012, mi mujer llegó a pasarme escondido un USB para bajarle la estrategia. Hice movimientos ilegales para alquilar teléfonos para que escuchara las pautas minutos antes de subir al ring. El miente cuando dice que yo no le sirvo estando preso...

La historia. Sin más pasado pugilístico que ser hijo de un ex boxeador, Gabriel, a los 24 años, abandonó su cargo como delegado gremial en la fábrica de tractores Zanello y viajó a España en busca de nuevas experiencias. No conocía a nadie, no tenía nada, pero salió a pelearla. Hizo un curso de escolta y comenzó a practicar boxeo. Y encontró su lugar como hombre de seguridad. Al poco tiempo ganó el apodo de “El Indio” de boca de los dealers de drogas que manejaban las discos de Guadalajara, en las afueras de Madrid, por su rigurosidad. Fue en España donde recibió a Maravilla: le dio su propio departamento para que viviera y le consiguió trabajo como patovica.
Pero en 2003, un hecho fortuito le cambió la vida y los planes: su hermano Orlando golpeó a un joven en la puerta de una disco y lo dejó cuadripléjico. Como era indocumentado, Gabi se hizo cargo y fue condenado a ocho años de prisión. Por un error de formas, en 2005, lo liberaron y aprovechó a fugarse a Estados Unidos para encarrilar la carrera de Maravilla. Allí utilizaba el nombre de Juan León Díaz, hasta que fue nombrado “El entrenador del año” por el Consejo Mundial de Boxeo, y su imagen repercutió por todo el mundo. En 2011, lo volvieron a encarcelar. En el medio de toda la contingencia Gabriel siempre fue el socio ideal de Sergio Martínez. Y no, justamente, por compartir vanidades, sino por ser quien lo guió en la obtención de los cetros mundiales superwelter, en 2009, y mediano, en 2010.
—¿Qué lo hizo cambiar tanto a Sergio?
—El entorno lo ha cambiado al Sergio, hombre. Lo presionan constantemente hablándole de plata y contratos y lo alejan de la gente que le hace bien. Yo no tengo problemas con él, ni siento bronca, estoy dolido, porque no es la persona que yo conocía. La maquinaria mediática lo ensalzó y se perdió el campeón humilde, al que le inculqué el amor por la lectura y el Che. Si el Che viviera, ahora mismo se avergonzaría de Maravilla...
—Desde que vos no estás a su lado, ¿Maravilla evolucionó o involucionó?
—Dejó de evolucionar, lo echaron a perder. Contra Murray parecía que no era el boxeador que yo construí, estaba fuera de tiempo y distancia y sus desplazamientos laterales se fueron al carajo. Mi hermano Pablo es un inútil que no sabe hacer una O con un vaso.
—¿Aceptarías trabajar en un rincón contrario?
—No. Jamás lo traicionaría a Sergio. Yo le conozco todas sus fortalezas y debilidades, pero nunca lucraría con eso. Pronto se van a solucionar los problemas y volveré a su rincón. Siempre le prometí a Sergio terminar la carrera juntos. Ojalá nos dejen...

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