Cuando era chico me gustaba mucho este chiste: “¿Cómo esconder un elefante en la calle Florida? ¡En el medio de otros treinta elefantes!”. Pues bien, hoy podríamos preguntarnos cómo esconder que la Sub-20 de Javier Mascherano no clasificó al Mundial… ¡Organizando el Mundial! ¿Cuántos años hace que la Selección tiene que soportar a Mascherano solo por ser amigo de Messi? Jugó el Mundial 2018 cuando ya no estaba para esos trotes, le dieron la selección Sub-20 solo por eso (y de paso estaba preparado para candidatearse si le iba mal a Scaloni en Qatar), lo confirman cuando la Sub-20 no jugó a nada. Poco importa.
Mientras tanto, la mayoría de los equipos europeos están negando a los europibes para dicho Mundial. Una pena que no podamos verlos en canchas argentinas. El caso de jugadores como Alejandro Garnacho, Matías Soulé, Luka Romero, Facundo Buonanotte, Máximo Perrone y Valentín Carboni, entre otros, es bien interesante y vale la pena detenerse en el fenómeno de jugadores que nacieron en Europa, en algunos casos, y en otros, que nacieron aquí, pero casi no jugaron en clubes argentinos, o directamente no jugaron nada. Por supuesto que el primer caso, el caso definitivo, es el de Messi. Pensar en Messi implica pensar en algo así como una geopolítica del fútbol. Va más allá de la anécdota (no menor) de que Newell’s y River no quisieron o no pudieron costear el tratamiento
para su crecimiento y Barcelona sí, sino que implica una serie de variables que incluyen a la economía, el marketing, los proyectos a mediano plazo, la relación centro-periferia, los medios, y el poder en el mundo del deporte de èlite. Messi es la expresión más acabada de esta nueva geopolítica del fútbol.
Algunos de los europibes nacieron en Europa porque son hijos de jugadores argentinos que jugaron allá, se quedaron a vivir y luego tuvieron hijos que se dedican al mismo oficio que ellos. Pero también hay otros que llegaron ahí por otras razones, como la crisis económico-política de 2001. Pienso en uno que no es ya un pibe –tiene casi 33 años– tal vez no muy conocido: Marcos Mauro, que ahora juega en el Ibiza, de la segunda división de España, después de haber jugado en el Cádiz, de la primera. Nacido en Avellaneda, vivió en Claypole, y luego del 2001 su familia se exilió (porque el económico también es un exilio tan duro como el exilio político). Pasó la adolescencia en Madrid y ahora la pelea allá. Un caso de jugador-laburante, lejos de cualquier estrellato, que juega en España justamente por razones geopolíticas.
A diferencia de Mauro, varios de los europibes van a terminar siendo estrellas. Según se sabe, hay una base de datos en AFA de alrededor de cuatrocientos jugadores Sub-20 que están dispersos en el mundo por diferentes razones como la ida de sus padres de la Argentina debido a la crisis de 2001, familiares de exiliados de la última dictadura cívico-militar, hijos de exfutbolistas que hicieron carrera en el extranjero, progenitores que se llevaron a sus hijos de clubes argentinos mediante la famosa patria potestad. El mapa del fútbol argentino ya pertenece a la geopolítica global.