sábado 03 de diciembre de 2022
DEPORTES otro grande en la lona

Independiente va a conocer lo que es el verdadero infierno

El equipo de Avellaneda jugará la temporada que viene en la B Nacional. En su propio estadio perdió 1-0 ante San Lorenzo y descendió por primera vez en su historia. Hubo llantos y una emotiva despedida.

16-06-2013 01:52

Independiente ya es un equipo descendido, una marca indeleble que dice “vos sos de la B”, es mirar el partido con auriculares, es esta cancha con plateas incompletas y claros en las populares aún durante el partido más dramático en 108 años, Independiente es un hecho consumado que no se terminaba de consumar y es también este ex líder de la barra de los ´80 que se queja porque Cantero le cobró las dos plateas, es un gol de San Martín de San Juan que acá se disimula, los nervios de los jugadores que no se pueden disimular y algunas tapadas del Ruso Rodríguez, es gente cantando “pase lo que pase, nunca te voy a dejar” pero también es el show de pirotecnia y humo espeso que solo pretendió postergar por un rato lo inevitable, el Rojo es todo eso, y un maldito juez de línea que nunca levanta la bandera, y la sensación de que todo se acaba pero que volverá a empezar, y ese pibe desencajado que no debe tener más de catorce años y no vio nada, nada, apenas una Sudamericana que nadie recuerda, y aquellos plateístas que paran el partido porque nos vamos, porque esto no es real, porque algo tenemos que hacer, Independiente es aquella peregrinación en silencio por la calle Alsina para ver un clásico sin clima de clásico, porque hoy el rival no es San Lorenzo, hoy jugamos contra el miedo, y a veces el miedo pone dos líneas de cuatro y es imposible entrarle, y además es este entretiempo de la resignación, con gente que ya ni siquiera tiene espíritu para reaccionar porque San Juan sigue ganando y Argentinos empata y apenas quedan 45 minutos para que el médico firme el certificado de defunción, y todos lo saben, mucho más esos barras que merodean los alambrados y en lo único que piensan es en subirse y suspender el partido para que todo termine de una buena vez, porque Independiente, el Rey de Copas, el de Erico, Bochini y Agüero se está yendo, y las lágrimas todavía están contenidas, como estaba contenida la esperanza en esa previa eterna que cubrió las calles de murmullos, porque antes del partido el clima era de sala de espera, y nadie se animaba a levantar la voz porque la catarsis colectiva no admite gritos, apenas lamentos por Estudiantes, por River, por los puntos perdidos, por lo que vendrá, y por lo que en definitiva vino, el gol de San Lorenzo que nadie grita, nadie festeja, nadie celebra porque significa que ahora, en este exacto momento, se cerró un ciclo, apenas minutos después de otro gol, el de Argentinos, que además sepulta la especulación, los rumores, las versiones y todas las pavadas que se dijeron en las últimas semanas, aunque Independiente también es ese grupo de hinchas que se anima a gritar “Comparada botón”, y es una derrota que ni siquiera permite una despedida más digna en el último partido de local en Primera, y es gritar cada día te quiero más hasta que se ponga la piel de gallina, es esos pibes que ahora sí se cuelgan del alambrado para terminar cuanto antes con la agonía pero no lo logran, es Trucco marcando el final y es las tribunas que explotan, que enfrentan el hecho consumado con resignación y que cantan “gritando que te quiero voy a morir”, una vez, dos veces, tres, y emociona, y genera una euforia que estaba anestesiada, y es la despedida, es un adiós y un volvé pronto, y es esos jugadores en el centro del campo de juego que se abrazan con Brindisi, se arengan, se prometen que estarán para pelear el regreso, porque Independiente es esto, es el Gran Diablo llorando detrás de la máscara de Gran Diablo, es ese grupo que se junta a la salida de los palcos para esperar a Cantero e insultarlo, o los otros que se la agarraron con los periodistas porque informan lo que quieren, es el desahogo con forma de llanto, es este desfile de ojos rojos y narices congestionadas, es la certeza de que jamás un hincha del Rojo había sufrido tanto, es una prueba de tolerancia al dolor, es un final anunciado sin la violencia y los destrozos que muchos habían anunciado, es el descenso al propio infierno que no bubiera sospechado ni el mismísimo diablo.
Independiente, hoy, es todo eso, y también es escribir de un tirón en un palco de prensa frío, distante y desapasionado tratando de contener las lágrimas.

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