Los gobiernos generalmente promueven las exportaciones dado que son una fuente importante de crecimiento económico; es decir, suelen subsidiar sus exportaciones en vez de castigarlas con impuestos.
Sin embargo, gravar a los exportadores que reciben divisas suele ser más fácil en términos prácticos y políticos que aplicar impuestos en los productores locales; especialmente, después de una fuerte devaluación de la moneda, como sucedió en 2002 en la Argentina.
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