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ELOBSERVADOR / Teatro documental
domingo 29 diciembre, 2019

El dolor de Malvinas sube al escenario

En Campo minado, Lola Arias trabaja con veteranos argentinos e ingleses de la guerra de 1982. Una obra rigurosa e intensa que permite representar las diversas memorias sobre el pasado reciente desde el arte.

por Nadia Dragneff

David. Durante el conflicto transcribía códigos para el ejército británico. Hoy escucha a otros veteranos en su consultorio de psicólogo. Foto: gza. campo minado
domingo 29 diciembre, 2019

Abundan poco los lugares que permiten quebrar ciertos sentidos comunes que giran en torno a la mirada que tenemos de un otro a quien consideramos adversario y con el que creemos que nunca tendremos la posibilidad de generar un diálogo. Sin embargo, cuando se habilitan espacios que hacen posible reunir las diferencias, confrontarlas, trabajarlas y representarlas, aparece una mirada esperanzadora de que un puente de conexión es posible.

Para la obra Campo minado, de Lola Arias, que confronta distintas percepciones sobre la Guerra de Malvinas, habilitar una comunicación entre viejos enemigos y hacer que se reencuentren para contarse sus marcas emocionales fue una tarea compleja pero no imposible.

Cuando el espectador ingresa a la sala, no es consciente aún de que está por entrar en una máquina del tiempo que lo llevará a revivir un contexto histórico de la mano de sus sobrevivientes, tres veteranos argentinos y tres ingleses. Este equipo contará, a lo largo de casi dos horas, cómo fue para ellos la experiencia de la guerra, los sucesos más significativos que vivieron y sus vidas de posguerra.

Las escenas transcurren en un set de filmación donde los ex combatientes, a través de sus relatos y del soporte audiovisual, llevan al concurrente por sensaciones de angustia, terror, tristeza, anhelo y comicidad. La capacidad de resiliencia de cada una de las personas en escena se hace presente.

Proyecto. “Campo minado es un proyecto de muchos años que incluye una videoinstalación, una película, un libro y una obra de teatro. Particularmente, para esta última comenzamos a investigar el tema en 2012, cuando el London International Festival of Theatre (Festival Internacional del Teatro de Londres) llamó a la directora para que hiciera un proyecto dentro del marco de un programa que se llamaba After The War (Después de la Guerra)”, explica Luz Algranti, quien junto con Sofía Medici formó parte del equipo que trabajó con Lola Arias en la realización de la investigación artística y la producción. Arias se encontraba fuera del país al momento de la entrevista.

Las inquietudes iniciales de la directora eran saber qué había quedado en la memoria de los veteranos ingleses y argentinos y cómo sería reconstruir los recuerdos de un suceso traumático como la Guerra de Malvinas.

Testimonios. “El proceso fue muy largo e intenso, había que construir confianza para que los ex combatientes se animaran a contarnos sus historias y que pudieran verse como parte del proyecto. No solamente estábamos buscando cómo quedaba el recuerdo de la guerra en las personas, sino también sus contextos laborales presentes y su vida actual. Hubo toda una instancia de trabajo que implicó visualizar quiénes se animaban y tenían ganas de dialogar sobre esas experiencias, que pudiesen contarlas a un público y que, además, tuviesen tiempo para insertarse en todas las tareas que requería la obra”, cuenta Algranti.

Por otra parte, una de las características a considerar fue que “en nuestro país la mayoría de las personas que combatieron en Malvinas eran conscriptos, razón por la cual su labor posterior a la guerra no tuvo necesariamente que ver con tareas militares; acá un veterano es un panadero, un músico, un nadador, un maestro, un albañil, o un politólogo”, dice la productora.

Después de dos años de audiciones, workshops, ensayos y días de rodaje se seleccionó al grupo que se visualiza en escena, conformado por: Lou Armour, quien fue tapa de todos los diarios cuando los argentinos lo tomaron prisionero y hoy es profesor de chicos con dificultades de aprendizaje; Rubén Otero, sobreviviente del hundimiento del crucero General Belgrano y que luego se dedicó a la música; David Jackson, quien transcribía códigos por radio en la guerra y ahora se dedica a la psicología; Gabriel Sagastume, que pasó de ex combatiente a ser abogado penalista; Sukrim Rai, un nepalés que fue un gurkha y trabaja como guardia de seguridad, y Marcelo Vallejo, que fue apuntador de mortero y actualmente se dedica a las carreras de triatlón.

“En el caso de Marcelo, por ejemplo, fue un proceso complejo. Eligió llevarlo a cabo porque quería saber cómo se iba a sentir estando frente a frente con su enemigo”, comenta Algranti.

La productora relata que la escritura de la obra “fue algo dificultoso y requirió de numerosas negociaciones con los veteranos. Lola Arias los entrevistaba uno por uno, escribía un boceto de escena y luego debía negociar cada palabra para ver si ellos querían decirla o no, si se sentían cómodos y representados. Muchos querían nombrar compañeros caídos o amigos de batalla. En ese sentido, la tarea de edición fue ardua”.

Añade que “el teatro documental siempre es un proceso muy complejo e intenso. Esta representación se nutre de sucesos y personas reales como principales fuentes; quien vivió la historia está en el escenario y tiene el control final de lo que va a decir. Además, los participantes tienen que comprometerse a poder repetirlo cada vez. Fue un trabajo de probar y negociar cada escena”, finaliza la entrevistada.

La posibilidad de retroceder pero a la vez avanzar hacia nuevas maneras de recordar los hechos y no repetir la circularidad que muchas veces tiene la temática de la guerra hace de esta experiencia de teatro documental un viaje imaginario transformador, por momentos desgarrador pero, a la vez, emocionante.

Con el eje en Malvinas, Campo minado también aborda las marcas que dejan los sucesos históricos sobre las personas, tanto quienes fueron parte de los hechos como los meros espectadores. Sin dudas, la obra transforma y enriquece las diversas visiones del mundo de los que asisten a verla.


Lola, simplemente artista

Lola Arias nació en Buenos Aires en 1976. Es escritora, directora de teatro y cine y performer, pero se define simplemente como artista. En 2014 recibió el Premio Konex, que la posicionó como una de las figuras más relevantes de las letras argentinas. Actualmente colabora con veteranos de guerra en proyectos de teatro, literatura, música, cine y artes visuales. Su primer largometraje, Teatro de guerra (2018), interpretado por los mismos protagonistas de su proyecto Campo minado, fue seleccionado por el 68th Forum of the Berlinale Film Festival.

Sus creaciones transitan los límites entre la ficción y lo real y fueron presentadas en escenarios de Zurich, Lisboa, Dublín, Barcelona, Nueva York y Los Angeles, entre otros.

La obra Campo minado se presentó en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín hasta el 15 de diciembre, con entradas agotadas.


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