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ELOBSERVADOR / tras el reciente stand-by de US$ 50 mil millones
sábado 16 junio, 2018

La historia detrás de los acuerdos con el FMI

Argentina entró en el organismo internacional en 1956, durante la presidencia de Pedro Eugenio Aramburu. Desde el primer préstamo, hubo casos de crecimiento y de recesión. Pero el carácter común de todos fue la aplicación de recetas clásicas.

por Pablo Helman

Anuncio. Una de las últimas intervenciones de Federico Sturzenegger, junto a Nicolás Dujovne. Foto: agencia NA

Contrariamente a lo que podría pensarse, los acuerdos históricos con el Fondo Monetario Internacional no siempre implicaron recesiones inmediatas. Es más, el resultado de los primeros pactos, firmados con Arturo Frondizi y José María Guido fue una estabilización de la economía. Todo lo contrario, de la segunda tanda de convenios, a principios de los 60, que sí se continuaron con una crisis, una de las más severas, junto con la que acompañó la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, en el 2001 (consideradas ambas por los historiadores, las dos que terminaron de forma más compleja.

No es el crecimiento o la recesión lo que define la línea conductora de los pactos. Quizás sirva como símbolo para definir esa línea una de las primeras medidas que acompañó a los acuerdos de fines de los 50. El primer ministro de Economía luego de los acuerdos con el Fondo fue, a su vez, quien primero pactó con el Club de París, Alvaro Alsogaray asumió la dirección  de aquellas primeras políticas que también redundaron en una reducción del déficit y un cambio significativo en el dólar.

Multipartidario. Recurrir al Fondo fue un recurso de gobiernos no solo desarrollistas. Militares, radicales, peronistas (de Isabel Perón a Eduardo Duhalde) apelaron al recurso. El mismo gesto de Néstor Kirchner de saldar las cuentas en 2006 tampoco implicó salir del Fondo, al que Argentina entró luego de la caída de Juan Domingo Perón.

Sentido. Para Martín Grandes, economista e investigador: “Hay que recordar cuál es la misión del Fondo, como organismo que nace en 1944. Es un organismo que está para asistir a los países miembros, para evitar crisis financieras en general, con el sentido de suavizar los desbalances de cuenta corriente. Aquellos países deficitarios que, por alguna razón no consiguen estabilizarse de otra manera, necesitan del Fondo para hacerlo. También, el Fondo puede asistir en planes de rescate, cosa que sucedió más adelante en el tiempo, para ayudar a capitalizar a un sector bancario en crisis. En este contexto te ayuda también para que hagas algunas reformas. Lo que sí no está en su misión es dar un sendero económico”.

El profesor emérito de Economía de la UBA dijo que: “En general, el FMI plantea políticas recesivas, de ajuste para entregar sus créditos. Esto ha sido así hasta ahora, en todas sus intervenciones en el país, que han sido muchas, con graves daños para la economía argentina”, aspecto en el que coincidió el también historiador Pablo Gerchunoff: “En general, el FMI plantea políticas recesivas, de ajuste para entregar sus créditos. Esto ha sido así hasta ahora, en todas sus intervenciones en el país, que han sido muchas, con graves daños para la economía argentina”.

Equilibrios macronómicos. Martín Grandes dice que: “Hablando con José Luis Machinea, me recordó que el sentido del Fondo también es que los países superavitarios también moderen su superávit fiscal. La existencia del Fondo plantea algunos problemas de política y de geopolítica, en algunos momentos”.

Agrega que: “A lo largo del tiempo uno puede encontrar un factor común. No parece ser que el Fondo haya cambiado mucho últimamente. Lo que sí uno puede encontrar es que éste  tomó nota de las últimas lecciones que dio la crisis económica posterior de la Argentina en el 2001 y 2002 y otras crisis en las que intervino, cuya acción no fue muy fortuita”.

De Aramburu a Isabel. Raúl Prebisch, asesor del gobierno de Pedro Eugenio Aramburu escribió que: “Hay dos serias confusiones en cuanto al empréstito exterior. Primero, que no hace falta; y segundo, que compromete la soberanía nacional (…) Creo que el capital privado extranjero (…) podrá estimular poderosamente el desarrollo económico argentino”.

La frase puede resonar en el hoy como de enorme actualidad. Y de hecho, funcionó como receta y posible solución durante mucho tiempo.

La primera intervención concreta fue en el Plan de Estabilización del gobierno de Frondizi, firmado también por José María Guido. Así, fue como a fines de diciembre de 1958, el presidente Frondizi anuncia el llamado Plan de Estabilización y Desarrollo, que va a ser apoyado desde el exterior. Este plan implicaba “convocar al país al sacrificio y a respaldar un plan tendiente a reordenar la economía nacional y sentar las bases del desarrollo futuro del país”.

Como consecuencia de los acuerdos con el Fondo y con el “Club de París”, los organismos financieros internacionales, un consorcio de bancos privados norteamericanos y el gobierno de Estados Unidos otorgaron una “ayuda” a la Argentina por una suma de 329 millones de dólares para apuntalar el Plan de Estabilización.

El resultado fue un primer momento de estabilidad, al que siguió un cambio drástico en el precio del dólar y un aumento de la deuda externa.

Un dato relevante, que puede pensarse en función de los acuerdos de hoy es que por entonces, bajaron fuertemente las reservas del Banco Central y en un corto tiempo.

El segundo momento de vínculos intensos fue durante el gobierno de Juan Carlos Onganía. El ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena, solicitó US$ 125 millones. Luego, solicitaría otro.

La deuda externa seguía creciendo. Y durante el gobierno de María Estela de Perón se llegó a otro punto clave. Se firmó el primer acuerdo compensatorio con el Fondo. O sea, fue el primero en una línea de créditos concebidos especialmente, para pagar la misma deuda que se generaba. Así, se llegó hasta el golpe.

Martínez de Hoz. A un año del golpe, en 1977, la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz cerró un nuevo acuerdo de stand by por US$ 260 millones. El motivo fue el rojo de US$ 700 millones que sostuvieron tener en la balanza comercial. Al año volvió a cerrar una asistencia de US$ 159 millones. Una secuencia que llegó hasta el año 1983, en que antes de la asunción de Raúl Alfonsín se solicitaron dos préstamos que también tuvieron como función cerrar el rojo de las cuentas fiscales.

La vuelta a la democracia estuvo signada por distintas estrategias llevadas adelante por el gobierno de Raúl Alfonsín. A lo largo de su gestión se apeló cinco veces a distintos acuerdos. Ninguno de la magnitud del actual, que bien puede ser leído como un apoyo a una senda que se tomó en materia macroeconómica.

Crisis. El gobierno de Carlos Menem también recurrió varias veces al Fondo Monetario Internacional. Especialmente, después de las crisis rusas y con el tequila méxicano. Allí “el país entró en una recesión  que terminó con una caída de casi el 3% en el 2001 y en la crisis bancaria que recordamos todos con el nombre de corralito, que se transformó en el corralón, con un déficit fiscal muy grande, de más de puntos, especialmente estructural. Y con un endeudamiento que podría compararse con el hoy”.

Esto se suma a la idea de Rapoport: “El país se puede financiar algo en el exterior, pero no puede ser un elemento esencial de la política económica, porque pasa lo que pasó en los 90: hiperinflaciones agudas y salidas como las de la convertibilidad, que fue muy negativa”.

En ese momento, todo sucedió en el contexto de un debate acerca de si la economía argentina debía dolarizarse o no. “La economía era bimonetaria –explica Grandes–. Pero la duda era si dolarizar o no. La idea era bajar el riesgo-país. Si se bajaba el riesgo- país, los costos de la financiación del Estado serían menores. Y eso debiera redundar en mayor crecimiento, a partir de las inversiones”. Un contexto de discusión que recuerda algunas de las cosas que se debaten en la actualidad.

Un proceso que terminó con el último gran acuerdo, que fue durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Una serie de préstamos, no solo del Fondo Monetario Internacional, sino de diversos organismos internacionales, conocidos, como el Blindaje. En ese momento, ya se había desatado un proceso difícil de detener, que llevó a un deterioro sostenido y que terminó con el “que se vayan todos”. Y una serie de estrategias que en términos económicos pueden definirse como populistas y no ortodoxas, cuyo final puede estar marcado por medidas como el cepo.

Cambio de rumbo. “Si miramos las últimas crisis de Argentina –dice Grandes–, claramente, lo que sucedió en el 2001/2002, no fue muy favorable. Al principio, mientras estaba Remes Lenicov como ministro y Duhalde como presidente, hubo una política de sanidad. A lo que siguió un camino pro consumo y pro empleo, pro equilibrio fiscal, a través del crecimiento. A eso siguió, el pago simbólico de Kirchner. Hay que decir que Argentina tiene una cuota parte en el Fondo. Teníamos varios préstamos, que Néstor Kirchner decidió pagarlos. Esto es sujeto de distintas valoraciones”.

El especialista agrega que: “Se supone que tienen una visión teórica detrás. Es decir: uno tiene una visión teórica, me garantizo ciertas cuestiones, me cubro ante ciertos vendavales, ciertas tormentas. Me meto en una guarida, me hago cargo de la mala cara del ajuste, dándole ese lugar al Fondo –aunque sea una responsabilidad clara de cada gobierno, o al menos de los dos–. Detrás de eso se supone una visión en la que el país, al estar con el Fondo, consigue mejores resultados”.

Contexto. El acuerdo de hoy, según Nicolás Dujovne y Mauricio Macri es una muestra de confianza. De hecho, su monto, 50 mil millones de dólares es un 54% de todos los precedentes.

Proviene de un organismo que, tal como quedó dicho más arriba, se ha preocupado por redefinir algunas de sus extrategias más extremas. La experiencia histórica indicaría al menos estar atentos a tres cuestiones. La primera es el pago de las obligaciones asumidas. La segunda es la ortodoxia en el camino de soluciones encaradas. Y, finalmente, qué sucederá con el manejo de la cuentas corrientes y el crecimiento.


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