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domingo 13 octubre, 2019

La vida de Aída Sarti: la trama invisible de los afectos que nace en la militancia

La madre de Plaza de Mayo miembro de la Línea Fundadora, que busca a su hija desde hace 42 años, relata su vida en el libro Aída, recientemente publicado por la Marea Editorial.

Virginia Giannoni

Madre e hija. Aída Sarti y la imagen de Beatriz, que desapareció en mayo de 1977. Desde entonces se dedicó a buscarla, "rondando" la plaza de Mayo, como ella dice. Foto: jose nico
domingo 13 octubre, 2019

El Mundial 78 –mirá vos cómo son las cosas– fue una apertura. Porque no lo pudieron evitar y terminaron viniendo periodistas de todo el mundo a la Plaza a ver quiénes eran estas mujeres que caminaban. Y nosotras pudimos decir lo nuestro y que se escuchara afuera, porque acá estaba todo tapado. La cosa era romper eso, salir de ese silencio. Y en ese momento, de alguna manera, se empezó a abrir.

Aída Bogo de Sarti es migrante, trabajadora y madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Es, de hecho, el corazón de la casa de Madres. Ahí es archivista, anfitriona amorosa para quienes se acercan a consultar o aprender –muchas veces sobre sí mismos–, y encargada de las piezas gráficas, la reposición de pañuelos y las pancartas.

Aída es mamá de Claudia y Beatriz Sarti. “Beti” desapareció el sábado 17 de mayo de 1977. Se la llevaron, junto con su compañero, de la casa que compartían. Aída no supo nada más de su hija.

Amigas. “¡Hola, amiga!”. Así me recibía Aída cuando iba a verla a la casa de Madres. Nos conocimos hace 17 años, cuando fui por primera vez, en medio de una investigación. Me tomó años entender lo mucho que me enseñó, lo mucho que ella y sus compañeras hicieron por mí en aquel momento. Me enseñaron nada menos que a entregarme al amor. Yo no tenía idea de lo que era eso, estaba blindada y convencida de que no era posible. Sabía, de hecho, nadar en las aguas dañinas del cinismo. Con Aída y sus compañeras aprendí a escuchar, a hacer silencio y lugar para otra, y a perder el miedo a mi propia fragilidad. La contundencia del amor puesto en acto que practican las Viejas conmueve los cimientos de cualquier construcción. Todo se cae, se vuelve blando ante esa certeza.

Desde entonces formamos parte cada una de la vida de la otra. Ella vino mucho a mi casa, a mis cumpleaños y a los de mis hijas, escuchando y comprendiendo todo, como una maquinaria sensible que conmueve a su paso y devuelve ternura y teje trama. Aída se convirtió en parte de la familia. Por eso este libro no está hecho por periodistxs o escritorxs. Está hecho por mí, que soy su amiga, bajo su lectura. Hay muchas cosas que están en el aire todo el tiempo, a pesar de no ser nombradas. Habrá que entregarse a esa especie de caos que supone la oralidad, que también está hecha de silencios, de sobreentendidos, de gestos. Y en medio de eso, a mis desaciertos u omisiones.

En aquel primer momento, Aída y todas ellas acompañaron la muestra que monté (Poesía diaria, porque el silencio es mortal, Centro Cultural San Martín, 2003, e itinerancias. Junto con Ana Giannoni, libro por editorial Retina), y fueron a leer ahí escritos de “los chicos”, varios inéditos. Para mí era un bochorno de amor, era demasiado. Me costó muchísimo sostener ese momento ahí, y todas las cosas que fueron abriéndose y sucediendo después a partir de ese trabajo.

Desde entonces seguí siempre cerca de ellas, y unos años más tarde nos pidieron (a mí y a mi hermana Ana, que colaboraba para entonces en el archivo) que las ayudáramos a escribir un libro sobre la historia de Madres, ¡nada menos! Una vez más, se ocuparon de aclarar que no les interesaba la cuestión formal o de oficio, que preferían conversar con amigas, en confianza. Fue una de las cosas más difíciles que me tocó hacer, y les agradezco para siempre esa confianza. Ojalá haya estado a la altura. Las viejas fue publicado por Marea Editorial en 2015.

Con el tiempo, mi propio camino de militancia se hizo posible solo a partir de aquel aprendizaje.

Madres. Aída se desmarca de lo individual, renueva una y otra vez ese ejercicio. Apuesta a la confianza política, y así habita ese animal colectivo que son las Madres cuando están juntas. Confía en su instinto, piensa con las tripas. Sabe con el cuerpo que lo personal es político.

Entramada con sus amigas de la vida o sus compañeras –en los talleres de costura de la casa Marilú, y en el colectivo de Madres de Plaza Mayo Línea Fundadora–, Aída puso en práctica una versión del mejor feminismo materialista: el de la vida puesta en tensión, y en la entrega, mucho más allá del yo. Ella narra su historia, y desde la teta de su abuela y la vendimia en la aldea de España es el mejor ensayo de una forma de vida colectiva como la que todas hoy soñamos. Autonomía feminista siempre atenta a la respiración común, y a saberse parte de la naturaleza.

Aída habla de las rondas que sostienen las Madres los jueves en Plaza de Mayo desde hace cuarenta años y dice “rondamos”, y el suyo es un feminismo gutural, el de su jauría del amor político, esa manada al acecho que forma con sus compañeras.

Este libro recrea la escena de conversación como escenario donde se tramitan las cuestiones comunes (las comunes por sencillas, pero también por colectivas), una escena caótica y visceral donde todo está siempre mezclado, como en la vida. Por eso no es intención de este libro narrar La historia, ni siquiera Una historia. Son apenas recuerdos, conversaciones que podrían ocurrir hoy o hace 15 años, iluminaciones de escenas que se aferran a la memoria, y algunas fotos.

Aída cumplió 90 años hace pocos días y es una alegría terminar juntas este libro. Su Monte Grande, donde vive desde hace años, la está cuidando como quien sabe lo que vale, y se armó una celebración en la estación. Estuvieron lxs pibxs adolescentes de la escuela de danza y una banda de tambores del barrio, hubo una muestra de fotos que contaba su historia con cuidado y detalle, y fueron varias de sus compañeras, que llegaron juntas desde “el centro”. No hizo falta ponderar de más, dar discursos ni hacer listas de ocasión, y todas coincidieron en que había sido uno de los homenajes más hermosos a los que habían ido.

Y es que con Aída no hay modo de sostener escenas que no sean verdaderas. Lxs pibxs bailaron en un diálogo de miradas con las Madres que nos tuvo a todxs sosteniendo el silencio un rato, entre lágrimas que sumaban capas de sentido por lxs que no estaban, estando, y por un futuro posible solo a partir de ese puente. Los abrazos se sucedieron y les hicimos espacio. Fue uno de esos momentos sin tiempo y sin orden, un estallido de encuentro y duelo colectivo, y un pacto de amistad política. Todo muy Aída.


El feminismo gutural y sabio de las madres

El libro Aída –publicado por Marea Editorial– será presentado el 31 de octubre en la Casa Cultural Pepa Noia (Av. Brasil 444). Contará con la presencia de Aída Sarti y la escritora feminista Virginia Giannoni.

La autora explica que “lo más importante de Aída es que su trabajo sostiene la trama invisible que se teje entre sus compañeras, la casa y la calle. Al contar la historia de Aída también se cuentan las tareas y los trabajos como parte de la vida y no como algo separado. Ahí hay un feminismo gutural que todas las madres tienen, pero que Aída específicamente incorpora de una manera muy sabia. Tiene una naturalidad política en lo cotidiano que es maravillosa”.

Giannoni se dedica a la actividad gráfica y también a la editorial, de investigación y curatorial. Realizó la muestra itinerante Poesía diaria, porque el silencio es mortal, luego editada como libro por editorial Retina (2009). Durante del proceso de investigación trabajó en el archivo de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y, más tarde, junto con ellas escribió Las viejas (Marea, 2015, con Ana Giannoni).

Además, armó archivos de testimonios en video para el Centro Cultural San Martín y fue editora de arte de la revista digital Anfibia.


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