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ELOBSERVADOR / UN NIETO RESTITUIDO
viernes 28 octubre, 2016

“Tengo la cucarda de haber nacido y haber estado en cautiverio en la ESMA”

El orgullo y la posibilidad de poder decir tu nombre es muy importante para nosotros, los nietos restituidos, significa dar pasos en la construcción de tu identidad.

Ezequiel Rochistein Tauro

Portal Perfil.com Foto: Perfil.com
El orgullo y la posibilidad de poder decir tu nombre es muy importante para nosotros, los nietos restituidos, significa dar pasos en la construcción de tu identidad. Tengo la cucarda de haber nacido y estado en cautiverio en la ESMA.

En estas líneas quiero rendirle homenaje a una Gran Mujer, que fue mi abuela Nelly, ejemplo de persona y de luchadora, que estuvo paciente pero con perseverancia buscándome por 32 años, haciéndole frente a la dictadura militar y que después de encontrarme lo único que le interesó fue darme amor y que estuviera bien.
Mis viejos eran oriundos de Bahía Blanca, militaban en la organización peronista Montoneros y fueron secuestrados por la dictadura el 15 de mayo de 1977 en Hurlingham, cuando mi mamá estaba embarazada de cuatro meses y medio. Ambos pasaron por la comisaría 3 de Castelar y el campo de concentración “Mansión Seré”, y por último en la ESMA.
Soy de la generación de los 90, donde, si no tenías un familiar o amigo cercano víctima de la dictadura, no sabías qué había pasado en los 70. No había un Estado presente y activo que tomara las banderas de los DD.HH. y las hiciera Política de Estado. Así transcurrí mi adolescencia desconociendo gran parte de la última historia más macabra que nos pasó como argentinos.

Hoy gracias a esa Política de Estado es que la búsqueda de nietos no parece desconocida por nadie y que permitió a muchas personas que pudieran entender lo importante que es mantener viva la memoria, que se conozca la verdad y que se haga Justicia. El camino todavía es largo porque tenemos casi 400 desaparecidos con vida que están en cualquier lugar, y que como muchos de nosotros son papás.
En mi caso tengo tres hijas, Guadalupe, Carolina y la más chiquita Camila Juana. Quizás lo más fuerte para mí, fue reconocer el rostro de mis hijas en cada foto de Graciela (mi madre biológica) de niña… Es increíble pero nada puede acallar la historia, la sangre, la identidad… la verdad.
Uno va superando etapas y fui desde la negación rotunda hasta esta aceptación de mi identidad. No hay nada más liberador que la verdad. Que cuesta, que es un proceso, pero que al final de recorrerlo te podés mirar al espejo y saber realmente quién sos. Por eso me gusta compartir mi vivencia personal para poder dar testimonio para otros jóvenes.

El viernes pasado estuve dando una charla por el mes de la identidad en una escuela en Ituzaingó, de donde soy vecino, y ahí, como en cada charla que doy, se puede comprobar la transformación de los últimos años que vivió nuestro país, pude ver pibes que se interesan, estudian y tienen muy claro qué nos pasó como argentinos en la última dictadura cívico militar en nuestro país y el rol de las corporaciones como actor primario del genocidio que sufrimos como pueblo.
Si hay algo que pude aprender, es que la verdad siempre se abre paso… no importa cómo la callemos, ni cuánto tiempo la escondamos. Sin embargo, también aprendí que la historia se construye… que la identidad se construye… y somos nosotros quienes elegimos sumar o restar en cada momento que definimos nuestra existencia.

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