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ELOBSERVADOR / Opinión
domingo 8 julio, 2018

¿Todo es énfasis?

Quienes tienen presencia pública en nuestras mediatizaciones suelen ser acompañados por adjetivaciones extremas: impresentables, imprescindibles, miserables, genios, mal nacidos, hermosos; epítetos, en fin: atribuciones que supuestamente describen al conjunto de un personaje en un momento.

José Luis Fernández

Pasiones. Lo que generan personajes como Trump o Messi. Foto: cedoc

Quienes tienen presencia pública en nuestras mediatizaciones suelen ser acompañados por adjetivaciones extremas: impresentables, imprescindibles, miserables, genios, mal nacidos, hermosos; epítetos, en fin: atribuciones que supuestamente describen al conjunto de un personaje en un momento. Esas descripciones se aplican contradictoriamente a los Messis, los Macris, las Cristinas, los Sampaolis, a las figuras académicas o artísticas.

¿De dónde viene esa costumbre tan extrema? En los años 90, la televisión descubrió que los polemistas enfáticos en la calle, y no otros tipos de vecinos, levantaban el clima de los móviles: ciudadanos que amenazaban con represalias, exigían presencias de dirigentes, acusaban a cualquiera y se peleaban con otros vecinos. Eso generó el espacio para que ese estilo pasara a las redes.

En las plataformas mediáticas, sin pretensión de cientificidad, conviven dos grandes estilos argumentativos y discursivos, con más precisión dos figuraciones de argumentadores: el alma enfática, proveniente de los móviles y el alma slow, condenada al silencio o al bajo perfil.

¿Qué ventaja tiene la diferenciación ente enfáticos y slows? Es que, si bien no es una oposición lógica, sirve para denominar polos argumentativos que recorren tanto los sectores políticos como los apolíticos.

¿Quiénes serían los enfáticos? Los que piensan que cada conflicto es el último y el peor; los que actúan como si otras opiniones no existieran salvo para ser despreciadas e insultadas; los que hablan como si hubiera una Argentina sin peronismo, sin corrupción, sin derechas de diverso tipo, sin izquierdas insistentes, sin futboleros; los que dicen que hay salvadores y culpables únicos; los que consideran que la población es ciega y que necesita lazarillos. ¿Quiénes serían los slows, en cambio? Todos los que no son enfáticos, argumenten o no argumenten públicamente. Es decir, los enfáticos son la excepción social y no la regla.

Las plataformas mediáticas y sus redes han madurado. Las almas slows van aprendiendo a vivir allí y a evitar lo que rechazan. La opinión pública a nivel internacional y local ha sufrido fuertes sorpresas y ha fracasado en muchos pronósticos: Trump, el Brexit, Macri, Messi fracasado en la Selección, son fenómenos inesperados y que cuesta interpretar. Seguramente es un tema complejo, pero tal vez está llegando la hora de ignorar algo a las capas y a las burbujas enfáticas para tratar de entender en qué están pensando, hacia dónde van, las silenciosas masas slow.

*F. Soc. UBA. Autor de Plataformas mediáticas. (2018).


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