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ELOBSERVADOR / dialogo productivo
domingo 22 diciembre, 2019

Un acuerdo que puede abrir las puertas a un tiempo de consensos

El pacto automotriz fue fruto de negociaciones de “conciliación” coordinadas por la Escuela de Negocios de la Universidad Austral. Uno de sus participantes explica cómo alcanzar estos entendimientos.

Roberto Luchi

Anuncios. La presentación fue el martes pasado. Participaron miembros de las cámaras industriales, sindicalistas, Matías Kulfas y el presidente Alberto Fernández. Foto: prensa senado
domingo 22 diciembre, 2019

Desde hace más de una década, quienes integramos Consensus, el Centro de Negociación y Resolución de Conflictos del IAE Escuela de Negocios de la Universidad Austral (el autor de estas líneas; Profesor senior: Mg. Alejandro Zamprile; Project Managers: Mg. Sebastián Balsells y Mg. A. Ariel Llorente), nos hemos propuesto hacer un aporte al mejor entendimiento entre los individuos y entre los distintos grupos sociales –aun entre los que parecieran ser irreductiblemente antagónicos.

Una manera de concretarlo es mediante el dictado de programas de posgrado y de capacitación ejecutiva orientados tanto a la gerencia como a la alta dirección de las empresas, sin excluir a los propietarios de Pymes o a los funcionarios de todos los niveles de gobierno (local, provincial y nacional).

Intercambio. Son todas actividades que nos permiten transmitir conocimientos teóricos al mismo tiempo que promovemos un continuo intercambio de experiencias –personales y laborales– alentando a quienes participan de este repertorio de acciones educativas a que compartan su valioso bagaje personal. Es una mecánica efectiva que permite consolidar y difundir un nuevo conocimiento que amalgama lo que cada uno aporta.

Es frecuente que las partes negociadoras sepan qué quieren, pero omitan indagar al otro lo suficiente como para asegurarse de delimitar, de la manera más precisa posible, un área de intereses comunes que hagan más probable un acuerdo que sea mutuamente satisfactorio y con el que ambos puedan “vivir”. Esa falencia esencial colabora para que los conflictos proliferen.

Como las sociedades y los individuos viven inmersos en conflictos de las más variadas características y alcances se han desarrollado algunos procedimientos para evitarlos o para resolverlos; se los agrupa bajo una denominación sintética: Resolución Alternativa de Disputas (RAD). Las cuatro modalidades constitutivas de la RAD –la negociación, la mediación, la conciliación y el arbitraje– excluyen tanto las sentencias judiciales, como el uso de la fuerza o el abandono del conflicto.

La negociación se caracteriza porque se desarrolla sin la intervención de terceros ajenos a la controversia. La mediación, en cambio, se distingue por la inclusión de un tercero imparcial –porque carece de un interés en el resultado del proceso– y neutral –porque no guía su intervención a partir de una preferencia por alguna de las partes–; éste induce a que la comunicación entre las partes perdure durante toda la negociación.

Similitudes y diferencias. A diferencia de la mediación, en la conciliación se concede al tercero ajeno al litigio la capacidad de aportar opiniones, consejos y de proponer soluciones a la disputa. El arbitraje, en cambio, es adversarial –las partes apelan a la confrontación, en vez de cooperar como en las tres modalidades anteriores– y vinculante, es decir, que las partes deben acatar lo que el árbitro resuelva.

A lo largo de estos años, hemos tenido contacto directo con los conflictos y con sus actores, sindicales y empresariales, de distintos sectores y actividades. Esto nos enseñó que conocer las teorías es útil, pero insuficiente; lo que marca la diferencia es agregarles el trato directo con las personas que efectivamente enfrentan problemas y conflictos. Ese “plus” es el que permite entender, y para entender hay que indagar –preguntar y saber escuchar al otro–; por eso, la indagación es imprescindible –entre todos los involucrados– en cualquier proceso de resolución de conflictos.

En el sector automotor argentino. La propuesta de desarrollar un proceso de diálogo constructivo con vistas a elaborar un consenso fue formulada por el Smata (Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor) y aceptada por Adefa (Asociación de Fabricantes de Automotores); como parte de ese acuerdo inicial concordaron en convocar a Consensus para desarrollar la facilitación del proceso.

Facilitar consiste en: hacer fácil o posible la ejecución de algo o la consecución de un fin. Es una modalidad especial dentro de lo que se tipifica como mediación –neutral e imparcial– porque se le agregan, en parte, las capacidades que se le asignan a la conciliación; ésto es, las de aportar opiniones, consejos y proponer soluciones. Lo que diferencia este modo de intervenir respecto de la conciliación estricta, es que lo que el facilitador propone se refiere al proceso –acerca de cómo lograr que la interacción se desarrolle mejor, se destrabe– y no al contenido de las cuestiones sometidas a debate.

Otra precisión que cabe señalar es que todo consenso presenta unas pocas características distintivas: en primer lugar, no es el resultado de una votación; en segunda instancia, no conlleva unanimidad; además, excluye toda postura binaria –todo o nada, ahora o nunca, etc.– y, por último, no es perenne. Consenso es la mejor conclusión, en un momento dado, que atiende un conjunto de problemas complejos, que antes fueron expuestos en las deliberaciones, mediante los aportes de todas las partes involucradas.

Dónde y cómo. Desde un primer momento, se resolvió que las reuniones se desarrollarían en el Campus del IAE, en Pilar, en la provincia de Buenos Aires, una vez por mes, y que se extenderían desde las 9 hasta las 16, con una pausa para almorzar entre las 13 y las 14. Esta decisión tiene su justificación; proporcionar un ámbito neutral, para el debate y la reflexión, colabora a una mejor exposición de la pluralidad de opiniones que demanda la construcción de acuerdos. Además, la pausa intermedia aporta distensión y familiarización entre los convocados.

Para encauzar la primera reunión, limitada a los representantes del Smata, de Adefa y de cada una de las empresas fabricantes de automotores asociadas, se les distribuyó un conciso punteo para que cada participante, una vez reunidos, compartiera con los demás actores sus respuestas; a partir de esa pauta, cada cual pudo exponer la visión de su representado respecto del cuadro de situación prevaleciente, de sus intereses y necesidades y, tal como se les requirió, discerniendo las cuestiones planteadas –según se las considere–, en vitales, importantes y accesorias.

Desde ese primer encuentro, como parte de la metodología, se relevó y sistematizó toda la información expuesta durante la sesión; se transcribieron los planteos, debates y conclusiones a las que se arribó en la mesa de diálogo y se elaboró la correspondiente minuta; una vez confeccionada, se la compartió con los participantes para que la validaran. Cumplidos esos pasos, y a partir de cada hito intermedio, era posible seguir avanzando con el proceso de construcción de consenso.

En las reuniones que siguieron, se fueron incorporando diferentes actores participantes de la cadena de valor del sector. Sucesivamente se agregaron los directivos de AFAC –Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes– y de Acara –Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina–. En una etapa más adelantada se invitó a sumarse a los directivos de Adimra (Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina).

A cada uno de ellos se les expuso lo actuado hasta ese momento. A su turno, los representantes de estas instituciones validaron lo realizado hasta su arribo y, a su vez, acercaron nuevos aspectos para ser abordados por la mesa de diálogo. En sus respectivas exposiciones todas las representaciones de los eslabones de la cadena compartieron con el resto de los participantes un diagnóstico –desde su visión– siguiendo el mismo punteo y pautas que las que en su oportunidad se les distribuyeron a las partes que iniciaron el diálogo.

Agenda actualizada. La agenda de trabajo fue actualizándose –se instó a que la acordaran los actores– a medida que se fueron incorporando nuevos participantes al proceso. A partir de ella, cuando fue necesario, se conformaron otras mesas de diálogo, para temas específicos, que estuvieron integradas por interlocutores estables que definieron iniciativas y propuestas siempre con vistas a dinamizar el sector.

Tomando como insumo los contenidos compartidos en las sucesivas reuniones, se trabajó en conjunto en la delimitación de un mapa de divergencias y convergencias; con ello se buscó asignar prioridades entre los distintos aspectos a abordar. En algunos de esos temas, se avanzó aún más y se llegó a la definición concreta de iniciativas y al establecimiento de ciertos compromisos respecto de su implementación.

La construcción de un consenso como el que estamos reseñando demanda, siempre, que existan liderazgos constructivos dentro de las representaciones de las distintas instituciones participantes. En este caso existieron y reconocemos que gracias a ellos las dificultades se redujeron al mínimo. También es requisito sine qua non para el éxito la aplicación de un método apto para guiar, con flexibilidad, las interacciones. La última exigencia general que debemos destacar se refiere a la disciplina; todos los participantes deben aplicarla a lo largo el proceso porque son muchas las tareas que deben completarse entre reuniones y solo con disciplina se logra cumplirlas cabalmente.       

El diálogo fue fructífero porque las partes sentaron las condiciones de base indispensables para construir un consenso: colaboraron para la gestación de una confianza recíproca que se consolidó, paulatinamente, a partir de la transparencia y la rectitud de intención, de la veracidad en la presentación de los hechos, de la positiva disposición a comprender al otro –poniéndose en sus zapatos– y, cuando fue necesario, a desaprender para reaprender. También colaboraron asumiendo una actitud de apertura hacia los cambios de paradigma, que demandan tener una mirada de largo plazo que permita objetivar los problemas, y haciendo manifiesta su voluntad de construir senderos comunes a partir del valor que cada uno agregó.

La mesa de diálogo del sector automotor argentino se desarrolló a lo largo de casi un año completo para configurar: La visión común del sector. Un documento final refleja el consenso alcanzado y, como testimonio de la determinación con la que se emprendió este desafío, se le entregó al presidente de la Nación, Alberto Fernández, para someterlo a su consideración, un proyecto de Ley Marco para el sector.   

Los miembros de Consensus nos enorgullecemos de haber colaborado para que tan valioso diálogo se entable y tenemos la ilusión de contribuir a esta nueva etapa que inicia nuestro país difundiendo hacia otros sectores productivos, interesados en recuperar competitividad y a relanzarse, la metodología que tan bien sirvió a la cadena de valor del sector automotor argentino.

*Director del Centro  de Negociación y Resolución de Conflictos Consensus de IAE Business School de la Universidad Austral.


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