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ELOBSERVADOR / Prospectiva
viernes 5 octubre, 2018

Un buen ejercicio para ganarle al futuro

El ex presidente considera que los políticos tienen que tener la lucidez de poder “ver hacia adelante”. Así, es factible establecer estrategias y direcciones compartidas por toda la sociedad. Incluso, formas de cogobierno.

por Eduardo Duhalde

Diálogo. Raúl Alfonsín debatió distintas cuestiones de gobernanza con Duhalde en las crisis. Foto: cedoc
viernes 5 octubre, 2018

En 1978, en plena dictadura militar, un cura jesuita me hizo conocer la prospectiva, una palabra derivada del latín que significa “prever”, “mirar hacia delante”, es decir el estudio sistémico del futuro. Y reconozco que me quedé prendado, me fascinó esa posibilidad de ver más lejos, de anticiparme de alguna manera a los problemas que pudiera sufrir la gente.

Fue en esa misma época cuando advertí que había dos temas que venían con mucha fuerza: el fenómeno de las adicciones y el de la corrupción. Y me pasó lo que a muchos, desesperarme por ver antes algo que los demás se negaban a visualizar o directamente no sabían cómo hacerlo.

Acepto que cualquier estudiante de Antropología me podría decir que son temas milenarios, pero lo que se veía en ese momento era otra cosa. Se presentía que eran dos flagelos que avanzaban de forma masiva, extraordinariamente masiva. Y sin embargo nadie lo quería asumir.

Apocalipsis. Fue por esto mismo que en 1984, cuando ya estaba al frente de la Intendencia de Lomas de Zamora, planteé que se venía lo que di en llamar “los dos jinetes del Apocalipsis”. Que eran invisibles, pero que venían galopando de manera inexorable. Y no me equivocaba.

Por esos días, las autoridades del consejo escolar recurrieron ante la Dirección de Minoridad y Familia comunal para denunciar que habían detectado casos de drogadependencia en alumnos de cuatro escuelas diferentes. Por suerte la realidad no nos paralizó y de inmediato nos pusimos a trabajar en el tema.

Así, el Honorable Concejo Deliberante de Lomas de Zamora sancionó por unanimidad dos ordenanzas, una que creaba la Comisión Comunitaria para la Prevención de la Drogadependencia y la segunda, el área de Toxicología y Rehabilitación Social. Se trató de la primera experiencia específica en el tema en toda Latinoamérica, que a su vez permitió la creación de las unidades de fortalecimiento familiar (UFF), nacidas con el objetivo de desarrollar acciones preventivas y asistenciales.

Cuando llego a la esfera nacional, en 1988, ya como vicepresidente primero de la Cámara de Diputados de la Nación, dispuse el armado de las primeras comisiones contra el narcotráfico y luego presenté un proyecto de ley para la creación del Consejo para la Moralización de las Actividades Estatales, porque sentía que el Estado se estaba convirtiendo en un ámbito de ilicitud y ello atentaba contra las bases mismas del sistema democrático.

Pese a todo el esfuerzo que puse para explicarles a mis pares la problemática que tendríamos que afrontar, no logré que me acompañaran para su aprobación. Pero eso no fue un impedimento para que continuara batallando por el tema.

Sedronar. Ya como vicepresidente de la Nación, el 17 de julio de 1989 y mediante el decreto 271 se crea la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar).

Luego, el 29 de marzo de 1990, también desde la vicepresidencia, conformé y presidí una comisión, a mi entender, la más importante que tuvo la Argentina.

Se llamó Recuperación Etica de la Sociedad y del Estado, fue de carácter consultivo, honorario, y permitió que durante nueve meses un consejo de “notables”, entre ellos Fernando de la Rúa, René Favaloro, Gustavo Beliz, Julio Olivera, Guillermo Borda, Marcelo Lascano, Ricardo Levene y Heriberto Auel, trabajaran denodadamente. Su labor concluyó cuando en el mes de diciembre propusieron 12 leyes que fueron elevadas al Poder Ejecutivo. Tampoco tuve la suerte de que se implementara lo que la comisión desarrolló.

Frente al segundo fracaso, primero se lo adjudiqué a la ignorancia, pero inmediatamente decidí tomarlo como un nuevo desafío. Fue en ese momento cuando recordé el Decálogo Etico al que siempre hacía referencia el doctor René Favaloro. Por esto mismo, en 1991, cuando asumo como gobernador de la provincia de Buenos Aires, lo hago bajo un compromiso ético de 10 puntos. Los dos primeros: eliminar la corrupción estructural y construir un ámbito de convivencia con todos los elegidos para ocupar cargos legislativos y a los partidos de los que provienen.

Alfonsín. Así, con el compromiso en la mano, llamé a Raúl Alfonsín y le pedí su opinión; en líneas generales estuvo en un todo de acuerdo. Fue en ese mismo momento cuando le ofrecí gobernar juntos. Sorprendido, me pidió que le aclarara en qué condiciones le hacía esa propuesta que yo llamaba “cogobierno”.

—Muy simple, Raúl, la gobernanza tiene dos funciones esenciales, una de ellas es la de administrar los fondos, y de eso me voy a encargar yo; la segunda, de igual importancia, es el control del funcionamiento del Estado. Todo eso le va a corresponder a su partido.

—¿Qué es todo?

—Todo es todo, y para ser más claro: la Fiscalía del Estado provincial, la Tesorería, el Tribunal de Cuentas del organismo provincial y el de cada uno de los municipios y el control que requiera cada organismo descentralizado: creado o por crearse.

El doctor Alfonsín aceptó y dio lugar al nacimiento de una inédita forma de gobernar bajo un nuevo paradigma: “El que gana gobierna y el que pierde también gobierna”.

Una década después, utilizamos el mismo sistema cuando asumí la Presidencia de la Nación en 2001, y considero que solo así pudimos los argentinos enderezar el rumbo para salir del “infierno” de la crisis en la que vivíamos. Pero esa es una historia que ya conté muchas veces.

*Ex presidente de la Nación.


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