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ELOBSERVADOR / ¿Recuperables para la sociedad?
domingo 23 febrero, 2020

Viaje al centro de la mente de un femicida

La autora, psiquiatra forense, hace una radiografía del psiquismo de diversas estructuras criminales y formula hipótesis sobre si pueden transformarse en la cárcel.

Silvia Martinez*

Un rasgo es que, en los casos de femicidas no psicopáticos, casi la totalidad registraba antecedentes de violencia física contra la mujer antes de los hechos. Foto: pablo temes
domingo 23 febrero, 2020

¿Es posible obtener un perfil femicida? La mirada sobre el femicidio trasciende el ámbito de la psiquiatría, del mismo modo que el problema de la psicopatía trasciende al de la violencia de género.

Es importante realizar algunas consideraciones previas que subyacen al concepto violencia de género al menos en dos construcciones sociales, por un lado, la sumisión de la mujer respecto al varón, y por otro, la superioridad de éste sobre las mismas. Lo esperable es que esto se manifieste en una expresión comportamental clara. Este patrón es cultural y se ha transmitido de generación en generación como mandato. A esto nos referimos cuando hablamos de perpetuación de roles estereotipados que operan como verdades dadas, aceptadas per se, en la mente de las personas. Promueven distorsiones cognitivas en la interpretación de los comportamientos.

Estereotipos. A esto llamamos estereotipos de género. Debemos señalar que ellos se encuentran presentes, con mayor o menor pregnancia, en todas las personas, independientemente de su género. Valga la redundancia, afecta tanto a varones como a mujeres.

 Aceptados como tales, deben ser impuestos o en su defecto,  si no se materializan en la conducta esperable se aplican “medidas correctivas” para encauzar lo que se interpreta como desviado. En este sentido podríamos decir que en el contexto de género, entre el violento y los no violentos existiría solo una diferencia cuantitativa.

“Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”. (Ley 26.485). En un extremo de esta violencia hemos asistido y asistimos a la impunidad de masivos crímenes de mujeres por razones de género, con protección del Estado, es decir, feminicidios que rozan con las características del genocidio. Como los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, en Guatemala, y en guerras por citar solo ejemplos. Situaciones de violencia contra la mujer existentes en varias provincias y comunidades indígenas de nuestro país se encuentran cercanas a la condición feminicida. Precisaremos ahora el concepto. Utilizamos el término femicidio como el acto de asesinar a una mujer, solo por el hecho de su pertenencia al sexo femenino.

Conceptos vecinos. Muchas veces nos preguntan cuál es la diferencia entre los términos femicidio y feminicidio. Lagarde refiere al conjunto de hechos que contienen los crímenes y las desapariciones de mujeres mediando el silencio, la omisión, la negligencia, la inactividad de las autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes, afirmando que existe feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas. No siéndole ajenas, en alguna medida, las condiciones señaladas, reservamos el término femicidio para definir el asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género, que ocurre tanto en el ámbito privado como público, tal como ha sido incorporado en las modificaciones del Código Penal Argentino (Ley 26.791). No quiero dejar de mencionar la otra impunidad. La indiferencia frente a la abrumadora realidad de la violencia contra la mujer se ve también reflejada en las insuficientes legislaciones que no contemplaron ni contemplan tipificar el femicidio con sanciones agravantes. Psiquiatras y juristas tampoco escaparon a los patrones de género culturalmente aceptados, utilizando las expresiones crimen pasional y emoción violenta. Esto conllevó al grave error: se mata por amor. Por amor se cuida, se protege, se respeta, por amor no se daña a otro, por amor no se mata.

A pesar de los cambios que vivimos a partir de las innumerables intervenciones para visibilizar este drama, persisten.

Dos tipos de femicidas. Son los psicopáticos y no psicopáticos. A esta altura de los tiempos en donde los conceptos de femicidio, violencia de género y psicopatía están insertándose en el saber de las comunidades, resulta propicio realizar algunas consideraciones. Presentamos algunas diferenciaciones para la contemplación general, a saber:

1) No todo violento es un psicópata. Una de las características del psicópata es que no requiere del ejercicio de la fuerza física sobre la mujer para lograr con mínimo esfuerzo el dominio y control sobre ella. La capacidad manipuladora sobre la mujer objeto de su necesidad especial tiene una extrema precisión. Generalmente se basa en la eficacia de la violencia psíquica mediante sutileza y astucia. La palabra y la mirada suelen ser suficientes. Mantendrá a la mujer a su lado en tanto esto le sea necesario y beneficioso para el logro de los propios intereses. La crueldad, en el plano psicológico, es extrema, y es un epifenómeno de la cosificación. El psicópata se apodera de su mujer objeto. Este secuestro de la vida de la mujerse se sostiene desde el denominado circuito psicópata-complementaria, concepto instituido por H. Marietan,  una verdadera cultura psicopática.

2) No todo psicópata es femicida. El psicópata es un femicida cuando la necesidad especial que nuclea su personalidad se liga al ejercicio de la crueldad, poder, dominio y control absoluto sobre la vida de una mujer, en el contexto del instalado circuito psicópata complementaria que mencionáramos. Cuando las condiciones por algún motivo varían y se tornan en una amenaza a la estabilidad de ese circuito, el psicópata puede deslizar su modalidad pasando de la crueldad psicológica hacia la brutalidad física explícita. Esto lo vemos en los denominados femicidios íntimos. En los femicidios externos, trátese tanto de asesinos seriales a cuya necesidad especial le es inherente la destrucción de mujeres, y en los crímenes masivos llevados a cabo por organizaciones lideradas por psicópatas, como crímenes de odio al género, se constata la satisfacción de la necesidad especial en una forma clara, sin requisito de círculo psicopático alguno. Ambos llevan el sello psicopático de la extrema cosificación y el placer de matar, no a cualquiera, sino selectivamente a mujeres. Expresión de un femicida que se reitera en las entrevistas periciales que realizamos. “Nunca amé a ninguna mujer, nunca amé a nadie”.

 3) No todo femicida es psicópata. No considero certero afirmar que existe una personalidad específica detrás de los femicidas. He visto femicidas con personalidad explosiva, narcisistas, esquizoides, dependientes y otras, todos con el sesgo de la violencia expresada en sus diversas variantes. La violencia se entrelaza con las características de personalidad. En muchos de estos casos es posible encontrar condiciones socioculturales y de su historia personal que explican la potenciación de la acción violenta que llega a matar. Estos factores son los que referimos como un intenso grado de pregnancia en la incorporación de patrones culturales estereotipados de conductas de la mujer que son aceptables o repudiables para el varón. Estos factores explican el resentimiento, las frustraciones acumuladas, la ofensa, que el hombre siente toda vez que la mujer se aparta de su expectativa, y que en algún momento el femicida expresa en el acto criminal.

Estos femicidas, no psicopáticos, presentan casi en su totalidad antecedentes de violencia física contra la mujer asesinada antes del hecho.

Rasgos. I) La presencia de rasgos psicopáticos para lo cual nos valemos del Descriptor de Rasgos de Psicopatía (Marietan, 1998): satisfacción de necesidades distintas. Uso particular de la libertad. Intolerancia a los impedimentos. Creación de códigos propios. Sorteo de las normas. Falta de remordimientos y culpa en los hechos psicopáticos. Intolerancia a las frustraciones. Reacciones de descompensación. Defensa aloplástica. Autocastigo. Repetición de patrones conductuales. Ritos y Ceremonias. Sello psicopático. Necesidad de estímulos intensos. Asunción de conductas riesgosas. Tendencia al aburrimiento. Escasos proyectos a largo plazo. Satisfacción sexual perversa. Cosificación de otras personas. Egocentrismo. Sobrevaloración. Captación de la vulnerabilidad del otro. Manipulación. Seducción. Mentiras. Actuación. Fascinación. Coerción. Parasitismo. Relaciones utilitarias. Insensibilidad. Crueldad. Tolerancia a situaciones de tensión. Acto psicopático grave.

II) Investigar indicadores de peligro ligados a la concepción de género. Para esto, he sugerido investigar si de la historia personal o de la estructura de personalidad se desprenden rasgos compatibles con la tendencia a manifestación conductual violenta, psíquica, física, patrimonial, sexual, o de cualquier tipo contra la mujer y en general. Del mismo modo, indagar cuál es la concepción que posee sobre  los roles de hombre y mujer que considera naturales y óptimas. Qué características de una mujer le resultan valiosas. Cómo es la representación de mujer ideal. Cómo es la representación de varón ideal. Del estudio realizado surgen elementos que den la pauta de ser una persona capaz de influenciar sobre el psiquismo de una mujer logrando manipular el libre ejercicio de su voluntad.

En ambos tipos de femicidas, psicopáticos y no psicopáticos constatamos en el hecho mismo, la crueldad y el odio, y así lo registran las leyes, decretos y proyectos argentinos y  de los países que han incorporado como agravante la figura del femicidio o el matar en contexto de violencia de género. Pero sobre todo nos lo evidencia la realidad: extrema frialdad. Extrema cosificación. Desmesura en el daño ocasionado. Recurrir a lesiones en senos, zonas genitales, y todas las que son indiciarias de conducta criminal dirigida selectivamente a la ofensa del género femenino. Mutilaciones, destrucción de rostro. Matar con uso de fuego. Exponer el cuerpo masacrado en zonas públicas. Dejar el cuerpo en sitios denigrantes. Dejar el cuerpo en posiciones de humillación. Cuerpos de mujeres, desnudos, destrozados, en zanjas o fosas comunes, con signos de violación y /o extrema violencia. El crimen psicopático de mujeres lleva a la máxima intensidad dichas características. De los datos casuísticos sabemos que la inmensa mayoría es plenamente consciente de sus actos y posee la capacidad de dirigir sus acciones conforme a tal comprensión.

Hemos visto que en ambos perfiles de femicidas, psicopáticos y no psicopáticos, existe un núcleo violento estructural en la personalidad, núcleo que como tal no va a cambiar a lo largo del tiempo; forma parte de él. Quien dude, investigue los abundantes casos de reincidencia en actos violentos.  En unos, dicho núcleo puede ser comprensible desde el factor historia personal, en los otros, solo es explicable aún mediante hipótesis de orden biológicas. Ambos inmersos en el orden de lo cultural.

Quisiera poder afirmar lo contrario, pero la realidad se me impone en contrario. Sabemos de  la capacidad de adaptación de estos sujetos en unidades penitenciarias, al punto de obtener muy buenas puntuaciones respecto a su comportamiento para el logro de beneficios. Estos puntajes no son  indicadores de cambio real. No obstante, muchos de quienes deben administrar Justicia parecen no darse cuenta.

Aplicar la letra fría de la ley no es igual a Justicia. La sociedad implora que entiendan que devolver estos seres para que caminen a nuestro lado, para que vuelvan a golpear y matar, roza la complicidad, sea por razones ideológicas o simple ignorancia.

*Médica Psiquiatra. Lic. en Psicología. Doctora en Medicina y Cirugía. Escuela Argentina de Psicopatía de H. Marietan.


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