ESPECTACULOS
Inés Estévez

“A nadie parece gustarle una mujer con poder”

Actriz, autora, directora y cantante explica por qué hoy está en dos escenarios bien distintos y analiza cada propuesta, sin olvidar su lucha como ciudadana. Por un lado, Bosque adentro, de Carla Moure. Por el otro, la nueva propuesta de José María Muscari, llamada Plagio y siempre provocadora.

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Decisión. La actriz abraza su presente y su necesidad de dedicar tiempo a sus luchas personales. | GZA. ALEJANDRA LOPEZ

Hay años en que es difícil encontrar a Inés Estévez sobre un escenario, pero en este 2023 se multiplica. Los martes se transforma en una madre independiente y protectora en Bosque adentro de Carla Moure junto a Ornella D’Elía, con dirección de Corina Fiorillo, en el Centro Cultural 25 de Mayo (Triunvirato 4444). Mientras que de viernes a domingo encarna a una de las cuatro parejas que propone Plagio. ¿De quién es tu vida? escrita por Mariela Asensio y José María Muscari, con dirección de este último en el teatro Regina. Interpreta a una candidata a presidenta y lo hace junto a Malena Solda, quien encarna a su asesora. Están los viernes 22.30, sábados 19 y domingos 17.30 horas. Sin que esta actividad artística le impida estar presente en el Congreso cuando se impulsa una mayor inclusión escolar.

—En el 2005 dijiste que abandonabas la actualización. ¿Qué te hizo cambiar?

—Fueron varios factores diferentes los que se confabularon para que accediera a reintentarlo. Ya había publicado mi primera novela, La gracia, que agotó la tirada y eso me llenó de satisfacción. Había dirigido Tape en el Konex, diseñando un nuevo sistema de aprendizaje de actuación, que implemento con éxito desde entonces. Es decir logré enfocar la energía en la diversificación que tanto necesitaba. Por otra parte, el mundo de la actuación en esos nueve años (en realidad regresé en 2014) había mejorado un poco en cierto aspecto: había pasado ya aquella explosión en la que confluyeron la híper comunicación, Internet, y la banalización de la labor del actor dentro del mundo audiovisual, junto con un momento del país en el que se confundía cultura con entretenimiento y no se discernía entre quienes estábamos por el arte de quienes estaban por el coche. Todo eso se había calmado. Por último, había tomado la decisión de adoptar dos niñas con discapacidad, y luego de dos años de avocarme a esa tarea casi en forma excluyente, no me había percatado de hasta qué punto necesitaba salir del cotidiano, además de sentirme productiva con mayor contundencia económica y, por ejemplo, terminar de pagar gran parte de la casa en la que vivíamos y habíamos comprado hacía unos años. Todo esto fue posible por un llamado telefónico de Daniel Burman, que me propuso hacer El misterio de la felicidad, y de algún modo me hizo dar cuenta de que podía regresar a la actuación, sin las presiones que había sentido antes.  Hice la película para probar, y de a poco fui intentándolo en otros rubros. Y desde ese momento no quise volver al teatro hasta que me llamó Muscari en plena pandemia e hicimos Redes. Priorizo la humanidad, la buena gente, además del contenido. Llegué a un punto de la vida en el que no me desvela la carrera, sino el placer del trayecto.

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—¿Por qué elegiste estar en dos espectáculos distintos en la misma semana?

—Estuve todo el verano atribulada porque coincidían dos proyectos que me interesaban, y no sabía si iba a poder abarcar ambos. Después de la pandemia me mudé a provincia, estoy disfrutando mucho de la naturaleza y de estar con mis hijas, el teatro me permite tener tiempo disponible. Bosque adentro tenía una factura que me atrajo desde el comienzo. El combo Fiorillo-Moure-D’Elía, directora probada, autora joven, actriz sub veinte, me encantó. Leí el texto y quise hacerla de inmediato. José Maria (Muscari) me había hablado ya de Plagio pero no estaba tan cerrado. Cuando se confirmó y luego se sumó Malena Solda dije “bingo”. Una obra es de búsqueda y profundidad y la otra es una bomba con enfoque comercial. Me pareció un golazo salir con las dos. Soy una chica de extremos.

—En Plagio encarnás a una candidata a presidenta: ¿te inspiraste en alguien?

—Si hay algo que me propuse es no inspirarme en nadie. Jamás lo hago. Me gusta crear y no recrear. No encuentro la gracia en el hecho de apoyarse en alguien o en algo real, me sale más fácil inventar gente que no existe, que nunca vi, arrojarme en un imaginario absoluto. Ser alguien nuevo por un rato. Esa es la gracia de actuar para mí.

—¿Cómo crees que es la relación de las mujeres con el poder?

—No tengo la menor idea. No lo asociaría a un género. Lo que sí puedo asegurar es que el poder en el mundo siempre ha estado transitado por los hombres. Y que la mujer que esgrime poder social sufre una mirada sesgada y crítica porque el sentimiento atávico es el patriarcal. A nadie parece gustarle una mujer con poder, y no me refiero solo al político.

—¿Qué significa tener tu propia banda musical: ESTEVEZ&MAGIC3?

—La música, de todas las diversificaciones artísticas que he transitado, es la única que no busqué. Vino a mí en un momento determinado por varios frentes diferentes. Es curioso porque siempre canté pero nunca quise dedicarme seriamente a eso. Es un espacio más ligado a la bohemia y el goce para mí. Menos disciplinado y más festivo que la actuación.

—Integraste el elenco de la serie televisiva Pequeñas Victorias: ¿qué balance hacés?

—Fue un programa honesto, que propuso una ruptura en relación a la formalidad habitual de la televisión, que usualmente se apoya en lo políticamente correcto. Celebré esa idea de Erika Halvorsen, una mirada feminista y disruptiva. Esa primera temporada fue un punto de partida interesante. Me gustó lo que me tocó, una mujer adulta descubriendo el goce de la sexualidad junto a un hombre más joven. Uno de los mayores tabúes sociales.

—Estás apoyando activamente un cambio en la ley de educación…

—Solo se trata de enterar al docente de pequeños recursos para que el niño o niña que por su funcionalidad debe ir a una escuela común, no se sienta segregado, ignorado, incomprendido o eyectado. Y en la mayoría de los casos lo que el niño siente es que se cuestiona su identidad, porque en un intento de “normalizarlo” el docente por desconocimiento, suele intentar suprimir características conductuales, por ejemplo, para uniformarlo con el resto. Es un puntapié inicial, hay niños que por su condición deben ir a una escuela especial, niños que deben ir a un CET, y otros que deben ir a escuelas comunes.