ESPECTACULOS
Belen Rueda Ricardo Darin

Dos quijotes contra los molinos de Hollywood

Estrenan el thriller psicológico Séptimo, coproducción entre Argentina y España. Aseguran que debería tomarse como modelo a copiar la política cultural de Francia, donde se protege la producción nacional.

Terror. En Séptimo componen a un matrimonio con dos hijos que desaparecen sin explicación. A partir de ahí comienza una búsqueda desesperada que deriva en logrados climas angustiantes.
|

Belén Rueda (Madrid, 1965) dice “Ricardo es el consagrado aquí.” Pero Ricardo, que obviamente es Darín (Buenos Aires, 1957), su coprotagonista en el thriller a estrenarse el 5 de septiembre, Séptimo, el segundo film del español Patxi Amezcua, insiste con que “lo del actor consagrado puede ser un problema”. Y sigue: “Necesitás un equipo, siempre; gusta mucho eso de gritar un solo nombre, pero el cine es una conjunción de personas”.
Ambos maduros, lindos, sonrientes, insisten, en la voz traviesa de Darín, que “lamentamos que nos tocó laburar juntos en un drama y encima estamos enfrentados”, y el mismo Darín retruca un “nahhh” cuando Rueda –que en nuestro país se ha hecho conocida por su vida en el género (El orfanato, 2007, y Los ojos de Julia, 2010)– sostiene: “Me daba miedo, al principio, porque tienes la sensación de que te ponen el listón muy alto.”
—“Séptimo” muestra, desde el género, un acercamiento a la intensa sensación de no saber dónde están tus hijos, estén secuestrados o escondidos o simplemente esfumados. ¿Fue difícil meterse en esa idea considerando que no es tan excepcional en nuestro día a día esa tremenda situación?
DARIN: Acá las reglas del juego eran ésas desde el principio: la incógnita pasaba un poco por donde nos parábamos cada uno de nosotros dos respecto de esa sensación. Estuvimos muy atentos a las exageraciones.
—“Séptimo” es una coproducción española-argentina, algo que, considerando la situación de España, está más cerca de ser un lujo…
D: No, fijate vos que no.
RUEDA: Creo que se ha incrementado, de hecho.
D: Creo que esto es una demostración clara y cabal de que acá, donde durante mucho tiempo se hablaba de que no se podía hacer una película sin un aporte económico de España, no se trata solamente de un aporte de capitales. Son dos entidades cinematográficas que buscan salir adelante y que se apoyan mutuamente con sus problemas locales, pero buscando que eso no los detenga.
—Pero los recortes en España son muy graves en la cultura. ¿Cómo se vive eso, Belén?
R: En lo cultural es muy grave, porque cuando hay una crisis económica en un país… en un país no, en España, lo primero que se recorta son todos los temas culturales. Después va sanidad, educación, etc. A veces está mal tratado el tema de la cultura porque se lo lee como un bien prescindible. O que es solamente entretenimiento. En España tuvimos un momento de comedia exagerada, de destape. ¿Por qué era así? Porque habíamos pasado un mundo de represión y dictadura, y esas películas, que se tomaban como algo muy ligero, contaron un momento de nuestro país. Reducir eso, entonces, es reducir una forma de contar el país… Hay un país que lo hace maravillosamente que es Francia; reducen en todo menos en cultura, porque la cultura es libertad.
D: Además, forma parte de los cimientos de las sociedades y lo que va a quedar en el tiempo. Los gobiernos y las administraciones se juzgan por lo que dejaron.
—Ricardo, ¿creés que el cine argentino sabe dar cuenta de este momento de la Argentina y sus problemas?
D: Hay cosas que son imperceptibles y que quizás muestren que se rescató un momento, o que lo descifraron, y que ahí quedó plasmado, porque si hay algo que tiene el cine es que va quedar. Ahora, respondiendo en concreto, sí, siento que a nivel intenciones de tener un poco más de pluralidad a la hora de contar historias desde distintos ángulos, distintos enfoques, ahí sí tenemos una pequeña deuda y por eso nos refugiamos en el género, donde podés rozar un fresco. Por ejemplo, El secreto de sus ojos cuenta dos o tres historias pero de telón de fondo se ve algo. O Fabián (Bielinsky) con Nueve reinas. Si vos analizás esas películas, no hay un enfoque especial, pero dejan entrever una situación específica, y creo que, como dice Belén, eso se valora mucho más con el tiempo. Creo que todavía tenemos chances y debemos mejorar a nivel intenciones.
—Pero en ese sentido, ¿no se debería ayudar respecto de la lucha desigual con el cine de Hollywood, de la invasión cultural?
D: Yo pienso lo que vengo pensando desde hace rato y que me ha valido varios reproches de las instituciones, ya que lo mencionó Belén: Francia tiene una política de defensa de su propio cine que es para copiar. Ni siquiera para analizarla: hay que copiarla. Esos señores les dicen a las mayores, a los grandes monstruos, “muy bien, traigan sus películas, acá las cosas son así. Pero nosotros tenemos esto, esto y esto”. Porque no puedo seguir escuchando una vez más “no veo cine en español”. Con Hollywood no se generaliza así. No está mal crear películas, auspiciadas, que permitan un cine experimental, pero ese cine tiene que ser menor en cantidad que el otro.
R: Es que al cine hay, primero, que generarlo, y después, venderlo. Parte de la educación de los niños puede surgir de que vayan a ver su propio cine, y eso puede ayudar.
D: Es la penetración cultural. Lo que ocurre es que hay demasiados intereses creados. Todos los grandes cines de la Capital Federal, por no hablar del país, quedaron en manos de grupos religiosos. El cine se tuvo que proteger en salas más pequeñas en shoppings, en los malls, todo ese tipo de cosas que están en manos de quienes manejan dichos shoppings. Entonces, cambió de manos el juego; al cambiar de mano las distribuidoras se tienen que readaptar a todo eso y no tienen las herramientas necesarias para hacer una defensa a nivel de ley, para poder proteger la exhibición. Sin poder de manera alguna competir con la desorbitada masa de guita que usan para publicidad las películas norteamericanas, porque su mercado es el mundo. Me parece bárbaro eso, no estoy hablando en contra de eso. Pero tendríamos que aprender las reglas del juego.
—Ricardo, te bajaste de “¿Quién mató a Mariano Ferreyra?” cuando todo estaba listo para arrancar. ¿Por qué?
D: Me bajé porque no la podía hacer. Estuve con ellos, hablé con los chicos, no me daba el calendario. En el momento en que la hicieron no la pude hacer.