miércoles 15 de julio de 2020 | Suscribite
ESPECTACULOS / andrés parra
sábado 6 junio, 2020

"El poder y la corrupciónson un matrimonio sin fin"

El actor colombiano famoso por su rol en Pablo Escobar: El patrón del mal vuelve a un rol complejo y cercano al poder en El presidente, la producción original de Amazon Prime sobre el escándalo millonario del Fifagate.

Exesos. La serie original de Amazon Prime es una superproducción internacional filmada en varios países de la región y con grandes nombres en los roles principales. Foto: cedoc
sábado 6 junio, 2020

Andrés Parra se ha convertido en un nombre crucial de la actuación en América Latina. Detonó al mundo con su interpretación de Pablo Escobar, en la serie sensación El patrón del mal, y desde ahí, su especialidad han sido seres complejos, sea Hugo Chavéz o sea, hoy en la serie de Amazon El presidente, Sergio Jadue, el hombre que desde un club pequeño en Chile llegó a la cima de la Fifa tan solo para ser el principal informante del FBI y el detonante del escándalo que fue el Fifagate. Parra es un experto y un perfecto 10 para esta serie comandada por Armando Bo: crea una criatura ansiosa, casi desesperada por poder, que no va creyendo los pasos de siete leguas que va dando y que va descubriendo el mundo de la corrupción (tan berreta como descarado, tan intocable como improvisado). ¿Cuál fue la sorpresa del actor al descubrir ese detrás de escena del fútbol ABC1? Parra: “A mí ha sorprendido. Ha sido toda una revelación este proceso. Yo creo que lo que esconde, lo mucho que esconde, el detrás de escena del fútbol jamás lo hubiera imaginado. El personaje, Sergio Jadue, tenía una curva, una narrativa que es una banquete para cualquier actor: es el ascenso del antihéroe, que llega casi a tocar la cima, y luego la caída libre. Eso lo hace un personaje muy llamativo.

—¿Cuál fue entonces la clave que tuviste desentrañar para interpretar a alguien que de un pequeño club asciende a ese cielo del fútbol solo para ser crucial en la información que implica la caída de ese entramado?

—Posiblemente sea esa aparente ingenuidad. La gran base fue esa ingenuidad, casi una torpeza, y luego la mutación. La mutación que implica como el poder lo transforma. Y eso nunca es bueno, colega.

—¿Qué descubriste del poder a partir de tus personajes claves, así sea Pablo Escobar, Hugo Chávez o Jadue (que son todos personajes que su manera llegaron al poder que buscaban)?

—No descubrí más que lo que sospechaba. Es más, podría decirte que hasta lo confirme con creces: tienen una total relación el poder y la corrupción. Son contados los casos de los seres humanos que logran llegar al poder sin ser untados de corrupción, sin rozarla de ninguna manera. Es eso ¿no? Esa relación indisoluble entre el poder y la corrupción, que no son otra cosa que un maldito matrimonio sin fin.

—¿Qué te llevo a contar a partir de la actuación?

—Yo me he hecho esa pregunta muchas veces. Muchísimas veces. Y lo que termino siempre dándome cuenta es que la actuación ha sido para mi un refugio, un lugar donde logre encontrarme seguro, donde logre encontrarme como tranquilo. A mí el mundo real, sobre todo de niño, me descolocaba, mucho. No era un lugar donde me sentía ni bien, ni tranquilo, ni seguro. Y se convirtió, el teatro, en mi refugio. Y con los años he intentado que mi trabajo sirva de reflejo y de espero de lo complejo que es el ser humano, de la cantidad de vetas que tiene. De lo difícil y de lo irresponsable que es juzgar a priori a los demás. Tal vez tener un poco más de empatía con el otro. Son un obsesionado del ser humano, me gusta mucho. Yo creo que podría haber sido un buen psicólogo si no hubiera sido actor.

—¿Dónde aparece esta obsesión por el ser humano en lo que haces como actor?

—Cuando me llegan personajes de este calibre, de esta complejidad, personajes como Escobar o Jadue, que me dejan escavar, profundizar, sacar y mostrar. Personajes atravesados por la tragedia, por el delirio, por la locura. Por suerte son personajes que no me siguen después de interpretarlos. Eso sí, suelo terminar muy cansado. Salgo muy golpeado a nivel físico, a nivel mental. Son muchas horas de trabajo y muchos días de trabajo. El personaje…mi relación es técnica, no tanto de lo emocional: me cuido mucho. En eso me ayuda mi familia, el tiempo con ellos.

—¿Por qué entonces esa importancia que le das al contar determinados personajes desde la actuación?

—En el relato esta nuestra historia, nuestra paso por el tiempo, la humanidad. En el relato esta la historia del ser humano. Y el relato casi antes que la religión, antes que cualquier otra manifestación artística. Por eso para mí tiene un importancia absoluta. Es desde donde contamos donde estábamos. Nos ayuda a decir también adonde vamos. Para mi ser parte de eso, ser un eslabón, ser parte de la cadena del relato es privilegio. Es importantísimo. Para mí está en la poesía, en la música, en tantos lugares. Es la piedra angular de cualquier manifestación artística. Y el ser humano esta hecho tanto para contar historias como para escucharlas. Nos encantan las historias. No todas son buenas, pero son parte de nuestra existencia sin dudas.

—¿Cómo fue el trabajo con Armando Bo a la hora de construir la figura de Jadue en “El presidente”?

—Te voy a contar algo que Armando Bo sabe, porque ya se lo dije a él: es el director de mi película favorita de todos los tiempos: El último Elvis. Para mí ese film refleja los personajes que yo me sueño. Ese hablar de la miseria humana, ese tío que queremos esconder todos en la familia. Esa fue una gran sorpresa cuando ya había aceptado el proyecto y me contaron que él era el director. Me encontré con un caballo de carreras que esta completamente loco. Él podría filmar 40 días seguidos sin dormir. Te lleva a lugares que no entendías que estaba pasando. En un momento enchufas por fin, y ahora me encantaría volver a trabajar con él. Tiene un olfato y tiene un intuición. Armando esta loco, yo lo amo locamente. Pero es un caballo de carrera, usted se descuida, y se va para el suelo. Él entendió que la serie había que contarla desde el sarcasmo, desde la ironía. Y eso fue un cabezazo perfecto.  

—En ese sentido ¿quién es tu Elvis personal?

—Si, tengo muchos, tengo actores colombianos. Enrique Carriazo, Darín, sin dudas, Javiér Cámara. Fijate que mis héroes en la actuación son latinoamericanos y no de Hollywood. Me fijo más en los actores latinos, ya que me queda más fácil el intentar ver que hacen, como lo logran. 

 

Armando Bo en el mundo de las series

—Después de tu trabajo en el cine como director y guionista, ¿cómo encontraste la columna vertebral narrativa del Fifagate para ser llevado al mundo de las series?

—Yo venía buscando la posibilidad de dar un giro en mi carrera. Venía tocando el tema del humor, bah, lo habíamos tocado en Birdman y quería dar, como te decía un, un giro a esto, a algo internacional, con mucha repercusión, que fuera un caso real. Lo primero que les dije que no podía ser un caso real de corrupción serio. Considerando la impunidad que tenían, casi a la par del Vaticano, que requería la ironía. Su libertad a la hora de guita y los derechos no podía no ser una parodia. Esa fue mi primera idea, una sátira sobre los negocios del fútbol y jugar un poco con lo latinoamericano, de reírnos con nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia y de nuestra improvisación. Divertirnos con estos viejos que crearon esto y fueron aprendiendo como se hacía. No los quiero humanizar, ni nada de eso. Pero era una forma de adentrarme al mundo delirante de la corrupción.

—Lo enajenado de ese micromundo y sus dinámicas: el convencimiento de sus reglas por el encima del resto.

—Para mi la corrupción tenía que ser lo más normal del mundo. No darle gravedad. Tenía que ser normal. Era así. No sé sigue siendo así. En algún punto eso es parte de cómo de manejaban los negocios en el mundo del fútbol. Esta probado, esta escrito. Lo puse en una caja, en esta serie, pero todo esta probado. Nadie debería enojarse conmigo. No es que muestro algo que nadie sabía. Fue acertado mostrarlos como eso que son. No son Pablo Escobar. Hay una improvisación que tiende, claro, a la corrupción. La historia de Jadue es una tragicomedia: en cuatro años paso de ser directivo de un club pequeño a los altos círculos de la Fifa. De Chile viene el que va a destruir la Fifa. Parece una comedia, casi absurdo. No es una serie sobre fútbol, sino una tragicomedia.

—¿Cómo manejaron a Jadue, como crearon esa fina línea entre un villano y alguien torpe que no tenía que estar ahí?

—Es un poco lo que te decía, de su mundo y sus contradicciones, de donde venía y adonde llego. Todo me llevó a verlo con cinismo y absurdo. Era clave que en este mundo Sergio no sea uno más, un viejo más, sino alguien que lo descubre, que descubre que no son todos eruditos. El laburo de Andrés Parra es crucial: lo hace más querible de normal, pero sabe cuando hacerlo villano, cuando mostrar sus presiones y que lo llevo a ser como es.  

—¿Qué define tu universo de relatos, de Birdman a Animal?

—No se si veo un patrón, no sé si veo algo puntual. Son historias bastantes diferentes, sobre momentos que uno va pasando. Birdman, Animal, Biutiful. No sé si veo un patrón, pero si veo un desarrollo profesional mío. Acá pude sacarme la seriedad y jugar con los elementos. No es divertido, porque mi proceso es bastante sufrido. Y hacer humor no es más fácil que hacer drama. De alguna manera me encuentro bastante cómodo en este mundo. Pero quiero ir cambiando, que cada historia tenga su propia personalidad.


Temas

Comentarios

RECOMENDAMOS...

Periodismo puro

© Perfil.com 2006-2018 - Todos los derechos reservados

Registro de Propiedad Intelectual: Nro. 5346433 | Edición Nº 5057

Domicilio: California 2715, C1289ABI, CABA, Argentina  | Tel: (5411) 7091-4921 | (5411) 7091-4922 | Editor responsable: María José Bonacifa | E-mail: perfilcom@perfil.com | Propietario: Editorial Perfil S.A.