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lunes 29 junio, 2015

Elena Roger: "Evita no gustó en Broadway"

La cantante y actriz, quién hizo un dueto con Ricky Martin, confiesa que el éxito de la obra fue gracias al astro. Habla sobre su regreso al off teatral con Ay! Carmela y asegura que no canta en actos de campaña política. Se reconoce ambientalista. Video.

por Redacción Perfil

Foto: Néstor Grassi

Tal vez Elena Roger sea la artista más completa que pisa las tablas porteñas. Puede hacer un dueto al aire libre junto a Ricky Martin (su compañero en Evita) en Figueroa Alcorta y Pampa, o presentar un disco nuevo, mucho más íntimo que los anteriores, con canciones de artistas sin la fama del puertorriqueño, en un espacio como La Trastienda. Al mismo tiempo, cada lunes y martes es capaz de protagonizar y producir en el teatro Picadero Ay! Carmela, donde tiene que sostener el drama desde la actuación antes que desde el canto y sus posibilidades.

Lo que hace Roger, sea como actriz o como intérprete, genera atractivo, y las ocho funciones que tenía programadas para su espectáculo se transformaron en 12, por lo que seguirá estando en cartel hasta principios de agosto. “Soy consciente de que tengo un nivel, de que mi cabeza tiene un parámetro de exigencia que hace que no pueda estar más bajo. Pongo lo mejor de mí y trato de superarme. No me quedé en ‘bailar y cantar’. Siempre quise ser una artista integral”, explica Elena Roger, que viene de dar un giro a su carrera: del bullicio de Broadway y Times Square al microclima del off porteño, una experiencia que le faltaba atravesar.

—¿Por qué tomaste la decisión de cambiar de circuito?
—Primero, es tan simple como ir con humildad hacia el teatro. No voy a hacer teatro comercial de miércoles a domingos, porque no sabíamos cómo iba a salir: para nosotros era una prueba. Además, al ser sólo tres meses, también queríamos hacer pocas fechas. Y nos está yendo muy bien. Yo quería hacer esto si no me tomaba todo el año. Son las reglas que íbamos a poder poner solamente si la producíamos nosotros.

Hoy prepara una comedia en cine (en la ópera prima de Amparo Ibarlucía) y rechaza la propuesta de Tu cara me suena, porque no desea estar en TV haciendo un personaje distinto por programa. Pasa al off post maternidad de Bahía (su hija, de casi 2 años) y junto a su pareja –el actor Mariano Torre– es creadora de la primera casa autosustentable del continente. “Todo está emparentado. Nosotros decidimos hacer esta casa y filmamos todo el proceso. Mariano lo está editando, y el 18 de agosto se estrena el documental. Eso llevó al disco y a querer estar embarazada. Ahora tengo ganas de pintar… A veces no hay una manera de expresarse. Cuando te das cuenta de que la gente te escucha, te preguntás: ¿qué quiero decir? Mi disco tiene una gran felicidad, canciones que representan el cómo quiero vivir. El documental tiene que ver con el mundo que le quiero dejar a mi hija, y Ay! Carmela tiene un tema buenísimo: la memoria, no cometer los mismos errores”, afirma.

—¿Venías muy necesitada de esto?
—Después de Broadway quería descansar. Estaba quemada. También tenía ganas de decir otras cosas. Había estado en un lugar de mucho ruido, precioso, pero de mucho consumismo. Una sociedad que mucho no me gusta, por eso tenía ganas de pasar a algo más interno.

—Adaptarte a una sociedad para expresar artísticamente algo puede ser agotador...
—Evita no gustó allá. Ellos conocían una Evita estereotipada, una diva, una guacha, y nosotros mostramos un lado distinto. Son conservadores, no nos nominaron a los Tony ni a Ricky Martin ni a mí para no sacarles la corona a Patti LuPone y Mandy Patinkin. En todos lados hay corrientes para dar premios. No es porque sos tan bueno que te dan un premio. Los críticos siempre tenían algo que decir, pero la obra se llenaba por Ricky Martin.

—¿Sentís que no gustó cómo encaraste al personaje?
—Yo hice ese personaje en 2006 en Londres, ahí elegí el cómo. Tuve dirección, pero yo elegí ponerle esa sensibilidad.  Ellos me eligieron por eso. En Broadway no sé si fue exactamente lo mismo, porque acepto que yo no tenía las mismas ganas. No sé si puse todo lo que tenía que poner, más allá de que no me criticaron a mí nada más. Un poco puede ser eso y otro poco puede ser que no aceptaron una cosa nueva... Decían que mi voz era chillona. Y sí, Evita era chillona. Nadie lo entendió de esa manera.

—¿Qué te pasaba cuando cantabas “No llores por mí Argentina”?
—Antes renegaba, porque según me contó Tim Rice [dramaturgo de Evita] esa canción es un discurso irónico… Pero bueno, yo lo cantaba real. Al principio la hacía sólo en inglés, pero después entendí que es emotivo y que a la gente le gustaba escucharla en castellano.

—¿Podrías volver a lo más comercial?
—Sí, si eso me va a permitir contar otras cosas o si siento que estoy diciendo algo que quiero. Me gusta mi vida. A veces me gustaría estar en una casa en el campo y cosechar cosas de mi huerta, pero es utópico también porque quiero estar cerca de mi familia. Hay que tener paciencia y transitar. Si uno sale completamente del sistema ya no tiene nada que hacer, no tiene poder para modificar nada, y yo quiero modificar cosas.

—¿Te emocionó cantar el Himno en la inauguración del Centro Cultural Kirchner?
—Me sentí parte de la historia [se le quiebra la voz]. Lo cuento y me emociono... Estaba tocando con la Orquesta Sinfónica Nacional. Yo no sabía que no tenían espacio para ensayar… la Sinfónica Nacional: estamos hablando de cultura. En ese momento no me importó que se llamara “Kirchner” el edificio, o que haya cosas que no me gusten de la gestión. Lo importante de ese lugar, se llame “Kirchner” o “Gardel”, es que se hagan cosas. Esperemos que ese Himno y ese día sirvan para que comience una era.

—Hace poco también estuviste cantando en el Teatro Colón. No hay muchos artistas que trabajen en espacios tanto de la Nación como de la Ciudad...
—Trato de no estar en actos de campaña. Lo del Centro Cultural Kirchner me parece que es un hecho cultural, que podría haber sido de Macri pero fue de ellos. Tampoco lo del Colón lo fue. Yo nunca me saqué una foto con nadie. No soy de un partido o de otro, yo hago mi camino. En general no me gusta el sistema, no me gusta cómo está planteado, pero tengo más ideología con lo ambiental que con lo político. Quizás para equis empresa prefiero no trabajar, porque sé que no está haciendo las cosas bien con el medio ambiente... puedo elegir.

“No me siento muy sofisticada”

“Yo tengo como referentes a muchas actrices, pero una de las personas que más me inspiran es Alejandra Radano. Tiene en la cabeza hacer cosas originales. Transmitir, decir cosas a la hora de elegir un repertorio. Es como loca, sofisticada. Creo que más que yo… No me siento muy sofisticada”, asegura.

—Si repasamos tu carrera, podríamos no decir lo mismo…
—Como siempre se dice, no soy “yo solita”. Javier López del Carril, el director de mi banda, sabe lo que quiero y me acerca mucho material “sofisticado” o nuevo. Con mi pareja conversamos un montón sobre qué tipo de artistas queremos ser.

—¿Sentís diferencias cantando en distintos idiomas?
—Cuando entendiste todo lo que estás diciendo, te olvidás del idioma. En una crítica que hicieron cuando cantaba Piaf, dijeron que yo canalizaba. [Ríe] Te juro que canalizaba. Era muy fuerte. Nunca me pasó acá, pero cuando la montamos en el Donmar Warehouse, un teatro chiquito de Londres, hubo un día en el que salí a cantar Non, je ne regrette rien y me preguntaba: “¿Esta quién carajo es? ¿Soy yo?”.

—¿Cómo fue la experiencia en el Colón?
—Fue muy fuerte. Cuando tenía 18 años audicioné para estudiar ahí el profesorado y fue mi primera decepción artística. Ese verano casi no canté. Y no canté más hasta que entré al Conservatorio Municipal. Mi hermano, cuando pasó esto, me cantaba: “Al Colón, al Colón, a pasar el papelón”... Hoy se cerró el círculo.


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