martes 06 de diciembre de 2022
ESPECTACULOS ‘TRES A LA DERIVA DEL ACTO CREATIVO’

Eternos amigos comprometidos con el arte y con la vida

Llega la película póstuma de Fernando “Pino” Solanas: una obra documental que incluye a Luis Felipe Noé y Eduardo Pavlovsky, y a la propia leyenda. Sus hijos analizan la trayectoria artística y el legado de sus padres.

11-12-2021 03:43

Desde el jueves pasado, puede verse en cines Tres en la deriva del acto creativo, la última película de Pino Solanas, que dejara prácticamente terminada (salvo detalles técnicos de producción) antes de morir en París, en noviembre de 2020, por coronavirus. Se trata de un documental vitalista, que recorre y celebra la obra y los procesos artísticos del propio Solanas y de sus dos amigos y colegas: el artista plástico Luis Felipe “Yuyo” Noé y el autor, actor y psicólogo Eduardo “Tato” Pavlovsky. 

La estructura se apoya en la charla que, en torno a una mesa con tres copas de vino, tienen los tres, una década atrás, en diciembre de 2011. Ese material se completa con pequeñas entrevistas y diálogos que realiza Solanas a sus dos amigos –hay duros tramos en los que Pavlovsky da cuenta de su progresiva enfermedad, por la que falleció en 2015–, y a otros miembros de la familia, que comparten el arte como camino profesional. Alrededor del centro de los tres protagonistas, el film hace girar un segundo círculo, la generación de los hijos que continúan en el cine, la plástica y el teatro. Así participan Juan y Victoria Solanas, director y productora de cine respectivamente; Gaspar Noé, cineasta; Paula Noé Murphy, artista plástica, y Martín Pavlovsky, actor. Coinciden, además, sus infancias atravesadas por el exilio, mayormente en París, al que se vieron obligados sus padres, durante la última dictadura cívico-militar en nuestro país.

Con una presencia menor, aparecen también las respectivas esposas de Pino, Yuyo y Tato: la actriz y cantante Ángela Correa, la asistente social Nora Murphy –compañera de vida de Yuyo, fallecida en 2012– y la actriz Susy Evans, quien brinda testimonios incluso luego de la muerte de Tato, en su casa, filmada entonces como una inmensidad de tenue luz.

Posibles lecturas. La película juega con un posible título trunco. En lugar de Tres en la deriva del acto creativo, la alternativa tachada es Tres en la deriva del caos creativo. En lo parecido y diferente de acto y de caos, se detienen muchos diálogos. Juan Solanas cuenta y reflexiona al respecto: “Esta película empezó un día en que justo coincidía que estábamos en Buenos Aires Gaspar y yo (ambos vivíamos en París). Pino, al mejor estilo Pino, dijo “che, vénganse, no sé qué”. Y de repente Gaspar y yo nos encontramos con una cámara en la mano filmando a las órdenes del arquitecto Pino Solanas. Así empezó la película”. 

Victoria Solanas propone una mirada sintética: ““Es un recorrido por historias personales. Es una película íntima, familiar”. Juan Solanas recomienda: “La película está buenísima porque, por un lado, estos tres adolescentes ochentosos muestran que podés tener pasión, vitalidad y alegría y gozar la vida hasta el final del final. Por otro lado, la película muestra la humildad ante el riesgo del proceso artístico, al que te entregás sin saber cómo termina”.

Por su parte, Gaspar Noé ofrece otra lectura: “Es una elegía a la amistad y a la transmisión de lo vivido. Un documento filmado que nació de una manera espontánea y alegre”. Paula Noé Murphy expande la idea: “Si bien inicialmente la película quería hablar del proceso creativo, termina por hablar de la amistad y de los vínculos. La energía vincular te implica con la vida y es la misma o similar a la que se plasma en el acto creativo. La película muestra la mirada de increíble sorpresa que ellos tres manifiestan ante la vida; queda la convicción de que la amistad también es un acto creativo”.

Esa mirada no puede soslayar el lugar lateral, por momentos casi en las sombras, que ocupan las mujeres en el documental: “Eso se nota mucho –reconoce Victoria Solanas–. Siempre lo vi. Hay un tema generacional con el patriarcado. Mi viejo se fue actualizando; de hecho, hizo el discurso por la legalización del aborto, con sensibilidad y lucidez. Pero no dejaba de ser una persona patriarcal, en una familia estructurada de esa manera. De todos modos, en la película fue una filmación caótica, que se dio así: se ven las mujeres atrás, como mirando. Como hija, tuve una relación muy intensa y con muchos matices con mis viejos. Me he peleado, me he agarrado a las piñas, literal. Pero en los últimos años, en que fui una de sus colaboradoras importantes, tomé de él lo increíblemente valioso que tenía. Uno llega hasta cierto punto en su evolución y en su deconstruirse”.

Con sabor agridulce. Martín Pavlovsky asume: “A mí la película me moviliza, porque mi padre falleció durante su realización. Él ya no estaba en un estado ideal, no mentalmente, sino físicamente”. La experiencia de Victoria Solanas es diferente: “En mis últimos seis años, trabajé como productora ejecutiva de documentales de mi viejo: El legado estratégico de Juan Perón, Viaje a los pueblos fumigados y este, cuya producción ejecutiva hice con Carolina Álvarez. Esta película se dio como cierre, aunque él tenía otros proyectos. A un año de su fallecimiento, le permite despedirse como él quería, estando presente de una manera vital, como era él, muy workaholic. Cuando realmente concluya esto, ahí será otra instancia del duelo para mí”.

Juan Solanas ve los matices de este momento de alegría y de pena: “Hacia el afuera, estoy contento de que lo pudimos hacer, pero personalmente estoy triste. Las películas están hechas para entrenarse con los directores que las hicieron. En este caso, que es un estreno póstumo. No es un festejo para mí”.

Tres iguales y cada uno. El documental del Pino Solanas hace hincapié en la unidad que constituyen esos tres protagonistas y, a la vez, inexorablemente surgen sus particularidades individuales.

Para Juan Solanas, “Son tres personas absolutamente comprometidas hasta el hueso con lo que hacen. De hecho, la frontera entre la vida misma y lo que hacen no existe, es un gran todo”. Para Gaspar Noé, “Los tres son de la misma generación, artistas inspirados, audaces, argentinos, izquierdistas y orgullosos de ser todo esto”. Para Victoria Solanas, “Son tres personas muy apasionadas, no especulativas, que se entregaron desde las entrañas, poniendo el cuerpo. Tuvieron un gran compromiso artístico, en salir de moldes, en romper estructuras, en no ser copia, en no ser colonizados”.

Para Martín Pavlovsky, “Los tres son tipos que tienen mucho coraje, lo que se les nota en las obras”. Y continúa con algunas particularidades: “Mi viejo fue muy cariñoso, pero también, un poco distante con respecto al abrazo. Los tres, en realidad, son tipos con cierta dificultad afectiva”.

 

El legado de tres mentes diferentes 

“Ser hija de una persona que es un poquito conocida no es fácil. Cuando yo era adolescente y papá tenía más detractores que ahora, gente que yo ni conocía venía a decirme cuánto detestaba a mi padre. Ahora es más bien lo contrario: también eso puede ser abrumante”, reconoce Paula Noé Murphy. Su hermano tiene otra visión: “Desde niño, me entiendo con Yuyo como si fuese mi mejor amigo y aliado y mi principal consejero, porque como él dice “La experiencia cuenta”. Lo único complejo es no vivir en la misma ciudad”.

Martín Pavlovsky dice “Mi padre siempre quiso la igualdad para todos, siempre le gustaron la imagen del Che, la Revolución Cubana, los movimientos populares en América y en el mundo. Como médico nunca estuvo detrás del dinero: el que podía le pagaba, y el que no podía, no; se quejaba de algunos que aprovechaban de esto y se hacían los vivarachos. Sus obras parecían adelantarse a lo que iba a suceder. Por ejemplo, hablaba de la decadencia de la familia en Telarañas, hablaba de los torturadores y la deshumanización en El señor Galíndez, de niños robados en Potestad”.

Y finalmente, Juan Solanas remata y destaca de su padre que “Nosotros mamamos una especie de mandato inquebrantable: no hay manera de transar con nada que no sea ético, no hay negociación posible. Y después, mucho trabajo. Trabajar es la única condición para ir al final de algo y, en todo caso después, dormir tranquilo”.

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