6th de March de 2021
ESPECTACULOS ‘ROMPAN TODO’
19-12-2020 03:55

“La música en nuestra región también tiene carácter político”

La serie documental de Netflix es el trabajo más exhaustivo realizado sobre la historia del rock en América Latina. Desde Charly García a Mon Laferte, la producción de Gustavo Santaolalla y Nicolás Entel junto a la dirección de Picky Talarico suena tremenda.

19-12-2020 03:55

Descubri el mundo emocional que existe detrás del rock” confiesa Picky Talarico. Es el director de Rompan Todo, la serie documental que Netflix acaba de estrenar y que se ha convertido en un suceso. Suma el profesional del mundo del videoclip: “Uno siempre habla de la ‘familia del rock’. Yo descubrí de primera mano que ese concepto existe realmente en América Latina. El amor con que Café Tacuba habla de Fito Páez o Fito habla de Álvaro Enriquez. Realmente hay una conexión que yo no tenía con tanta claridad. Y sobre todo el mundo de las influencias, cómo se influenciaron unos a otros.” El proceso mediante el cual Talarico se dio cuenta de ese nexo, incluso habiendo vivivo gran parte de su vida profesional en el rock es el rodaje de Rompan Todo: la historia del rock en América Latina. Agrega Nicolás Entel, su productor: “Ya había una identidad del rock en América Latina, que tenía cosas en común mucho antes de lo que uno cree”.

El documental que cuenta con la producción ejecutiva de Gustavo Santaolalla, el músico ganador del Oscar y parte de esa misma historia como productor y como músico, tuvo un equipo de veinte personas, que por instantes, gracias a los diversos rodajes, llegaba a más de cien integrantes. Entel: “Teníamos un equipo muy grande de archivo en Buenos Aires, pero también teníamos gente en México y muchos otros países. Y fue crucial, sobre todo por mérito de Picky Talarico, la ayuda de los músicos: muchos estuvieron a una llamada siempre”. Ilustra Talarico: “Sergio Araú, de Botellita de Jerez, me dijo que existía material en alguna caja, en algún lugar, y pusimos en marcha una locura de logística para dar con la caja en una bodega en México en plena pandemia y poder tener esas fotos”. Entel afirma algo que se destila de inmediato del documental: “Era importante hacer este documental mientras todavía podías sentarte a hablar de esto con los tipos que la hicieron. Y el momento era ahora”.

—¿Cuál fue la escala de algo que termina teniendo muchas, muchísimas, horas de archivo y entrevistas en toda América Latina?

ENTEL: Yo empezaría por decirte que estamos locos. Aparte el rock, y eso sí puedo decirtelo, la historia del rock latino, está floja de papeles. Lo que hizo un equipo muy muy grande en función de derechos de archivo, de búsqueda fue impresionante. Me da bronca que solo seamos tres los que ponemos la cara, porque hay un montón de héroes del silencio, por decirlo en términos del rock. Hay música que aparece en pantalla que siquiera estaba registrada, que estaba perdida. Pedirle a tal empleado de una discográfica que investigara ahí donde era muy difícil de encontrar si los derechos eran de ellos u otros, fue una de las decenas de cosas que tuvimos que hacer.

—Algo que queda claro en el documental, es que sea el país que sea de la región, el rock acompañó siempre a la juventud y a los movimiento sociales claves ¿cómo funciona eso en el espejo retrovisor y viendo nuestro actual presente?

SANTAOLALLA: Yo creo que eso era fundamental en mi visión a la hora de contar esto: poner la historia del rock en yuxtaposición con cada uno de los movimientos sociales que se vivió en los diferentes países. Eso ayuda a entender cuán parecidos somos. Y porque nuestro movimiento es regional, y se sale de esa idea, tan fuerte en Argentina, del “rock nacional”. Muchas veces se habla del rock, y no como una fuerza política, porque no pertenece a ningún partido. Pero es claro que ha tenido una participación en la escena política de los diferentes lugares. Por eso nos seguían. Por tocar la guitarra y tener el pelo largo. El sistema, el orden establecido, y sobre todo los gobiernos totalitarios no querían el discurso que generamos con la música. Hubo gente que optó por otro camino, y pagaron con la vida en nuestros países. La música también tiene ese carácter político, aunque no se hable tanto de eso.

—Los nombres, las caras, el archivos: ¿dónde ponés el límite para construír una historia considerando todo el material?

TALARICO: Es muy interesante ver los distintos cortes. Si ves el primer corte que mandamos a Netflix, y mirás el último, son totalmente diferentes. Arrancás contando una historia, tratás de ver cuál es el hilo argumental de todo, y de pronto descubrir que no, que es imposible que entre todo en seis horas. Y volvimos al storyline original. “Esto hay que resumirlo”. Lo que antes ocupaba un episodio entero, tiene que ocupar una cuarta parte del episodio. Y después dependés de qué material de archivo tenés para usar y cuál no, qué música podés usar y cuál no. Todo es como un gran gran rompecabezas que vas empujando, primero que nada, para ser fieles a la historia. Había canciones que ni el propio artista sabía de quién era. Y hubo que hacer un trabajo a lo Sherlock Holmes. Fue bueno tener el apoyo de varios periodistas y de alguien como Gustavo Santaolalla, quien vivió mucho de esto, de primera mano.

—¿Qué pasa al ver esto y después ver que los ritmos urbanos hoy quizás ocupan el lugar, a la hora de la popuplaridad, que ocupaba el rock?

S: El rock está en un estado de hibernación. En esta época de pandemia ha crecido la venta de guitarras eléctricas increíblemente, y también ha crecido la venta de guitarras eléctricas en el público femenino. Y creo que se está gestando, como lo he visto otras veces, un instante donde el rock siempre está presente. Porque está presente en músicos como Residente o Wos. No ocupa el lugar que ocupaba, y no creo lo encuentre por un rato, pero el rock es energía, y es energía vinculada a la gente joven y no dudé que encuentre ese lugar que ocupaba en otro momento. Algo que le pueda hacer frente al orden establecido por el sistema: eso va a estar siempre.   

—¿Hay algo en la falta de contenido, del mensaje en las letras, que hace a esa hibernación de la que hablás?

S: No, no, no tiene que ver con eso con las letras. El rock está en una etapa de cocción, es un tema de energía, como las estaciones climáticas. Este resurgimiento de las venta de guitarras eléctricas no es menor: las guitarras eléctricas no se usan para hacer música tecno. Se usan para hacer rock.

—¿Qué papel juega la mujer en toda esta historia del rock?

S: Yo creo que lo de la mujer por un lado refleja una realidad del momento, la falta de mujeres en el movimiento en general. Hablamos de eso, hay una declaración en un momento que dice que el futuro del rock es la mujer, y yo me sumo a eso que dijo David Byrne, que el futuro del rock está en el tercer mundo. Creo que la mujer y el tercer mundo son el futuro del rock.

 

En el tintero.

—¿Qué pasa hoy que la música a veces se define por algoritmos y hay menos chance de elegir?

T: Yo no estoy tan seguro de que la música sea definida por algoritmos. No digo que no sea, pero siento que hay determinados tipos de música que si no es buena, no es buena.

S: Siempre hubo algo. Ahora son algoritmos, y antes eran los tipos que manejaban la radio y pasaban lo que querían. Siempre hay otros network, y otros net en el mundo. Hay otra red además de la que se accede con el wi-fi.

E: No estoy seguro que los grupos que sean más grandes en vivo y los grupos que sean más grandes en la plataforma digital sean los mismos. Me parece que el ser más iconoclasta sigue viviendo en el vivo también, esa gente sigue llenando estadios. Ver a Bajofondo tocando con Gustavo en vivo, no hay algoritmo que pueda competir con eso.

—Hace poco Bad Bunny ubicó su disco en el número 1 de “Billboard”: ¿qué paso puede dar el urbano ahora y cómo eso se vincula al rock?

S: La conexión entre lo urbano y el rock creo que es una conexión natural. Artistas como Residente, como Wos, notás que hay rock, que hay conocimiento del rock. No es solo algo que está tomado de, por ejemplo el caso de Estados Unidos, de la comunidad afroamericana. Sino que tiene elementos propios del rock, de esa identidad. No es más una cosa anglo, es una cosa nuestra. Es un lenguaje universal desde los años 60, y cuando fue cantando y tocado en nuestro idioma lo hicimos nuestro. Hoy prima la música urbana, pero el rock siempre se mete en eso. Como se ha incluido 

música folcklorica, también habrá urbano. No nos olvidemos que Molotov rapeaba también. Lo de Bad Bunny es el reflejo de algo que está pasando.

En esta Nota