martes 11 de mayo de 2021
ESPECTACULOS Emmanuel Horvilleur
02-05-2021 06:08

“Los músicos tomaron mucha importancia”

El cantautor y compositor hace su balance del legado Spinetta y recuerda con cariño su etapa con Illya Kuryaki and The Valderramas.

02-05-2021 06:08

Suena el trinar de pajaritos, las briznas de hierba se balancean, pasa una nube y se leen textos que reflexionan sobre el sentido de la vida. En ese contexto, se desarrolla Pitada, el nuevo proyecto de Emmanuel Horvilleur. Se trata de una “película” –según su propia denominación–, en la que está grabada la interpretación acústica de varios hits del músico que saltara a la fama en Illya Kuryaki and The Valderramas, su dupla de hip hop junto a Dante Spinetta. Soy tu nena, No como y El hit están presentes, así como también el estreno del tema homónimo que le da nombre a este material disponible en redes, en forma gratuita. Asimismo, hay invitados, como Bándalos Chinos, con quienes Horvilleur hace una versión de Llamame.

—¿De dónde surge este proyecto?

—Yo venía con intenciones de plasmar versiones de canciones, en forma acústica, más reducida, como cuando tocás algo en una radio, con dos voces y dos guitarras acústicas. Y hace un tiempo tengo una casa en las afueras de la provincia de Buenos Aires. Un día estaba tocando la guitarra debajo de un árbol, lo empezamos a hacer crecer y terminó siendo este proyecto.

—¿Cómo elegiste las canciones del “disco”?

—Tienen un poco el sentimiento de “grandes éxitos”, entre comillas. Sentía me representaban y también, hay algunas de las que estaban más fuera del repertorio de cuando me presento en vivo y armo un show más activo, más pulenta.

—¿Cómo se sumaron instrumentos como el bongó, congas, cajón peruano, y un contrabajo?

—Como nunca, los músicos tomaron mucha importancia. Carlos Salas, el percusionista, es un genio; fue parte de Illya Kuryaki y tocaba con Dante en su banda en solitario. El mundo del ritmo, de los cueros, le pertenece a Carlitos. Después están el contrabajo y el bajo de Mariano Domínguez, y sus voces y ese gusto por lo orgánico. Andrés Cortés es quien toca las guitarras, los banjos, el cavaquinho.

—¿Illya Kuryaki es parte de tu pasado? ¿De tu presente? ¿O del futuro?

—Es un pasado. En el presente, está en todo lo que a mí me influenció, o también en todo lo que yo volqué en Illya Kuryaki. El futuro no lo sabemos. Por ahora, siento que van a ser unos años en donde cada uno de nosotros vamos a potenciar lo que somos como músicos por separado. Igualmente, hay una idea de hacer un documental que plasme nuestra historia, nuestra búsqueda y lo que fuimos. Pero el futuro juntos no es una cosa que la tengamos ahí en cuenta.

—Por todo lo que has vivido en esa familia, ¿te sentís en parte de la estirpe del clan Spinetta?

—Nosotros siempre estuvimos muy cerca de eso y algo siempre está ahí flotando en nuestra música. Pero de una manera natural: tampoco es que estemos evangelizando el sonido de Spinetta, pero sí, la libertad y el gusto que él tenía en la música, y esa cosa de que el arte pagaba… paga, paga. Hemos llevado como bandera, sin darnos cuenta, el hacer música, desde muy chicos ya y medio ininterrumpido: en ningún momento dije “Me pongo a hacer una tira de Polka”. Hemos pagado las cuentas con la música, hemos hecho todo con la música. Entonces, hay mucho amor y respeto a eso.

—¿Cómo congeniás esta libertad de la que hablás, con el ser parte de una industria y un negocio?

—Nosotros también hemos servido a la industria. Es un equilibrio entre lo que uno desea y tiene en mente y también, naturalmente, uno tiene límites. Sería una estupidez decir que nosotros hicimos todo lo hubiéramos querido. Si hubiéramos querido sacar cuatro discos por año, no nos hubieran dejado. Pero a la vez hemos mantenido nuestro gusto y nuestros deseos; creamos un mundo propio y la gente se subió a eso, que en un momento fue muy rupturista.

—Música e imágenes de cincuenta minutos de duración: ¿cómo imaginás que el público consumirá “Pitada”?

—Es un proyecto bastante ambicioso. Hay mucha gente que es muy ansiosa, que lo va a poner y no va a resistir. Pero, por otro lado, otra gente busca bajar un poco, ponerle un poco de stop a la cabeza, con todos lo quilombos que estamos viviendo en esta época, y dejarse llevar por ese viaje. Yo no soy médico ni puedo dar ninguna medicina, pero creo que muchas veces la música cura, ayuda a estar relajados. Eso es importante en esta era: mantener las defensas altas con música, meditando, de la manera en la que sea.

—¿Cómo se combina este espíritu saludable, con el título “Pitada”?

­­—Sin entrar en una cosa de legalización de la marihuana, puedo decir que muchas veces una pitada en esta época angustiante me ha servido para estar más tranquilo, para escribir y tocar la guitarra. Además, la palabra “pitada” tiene esa cosa medio del lunfardo, y para mí también es una pitada de naturaleza. Es como fumar el ecosistema; muy hippie me volví, jaja. Es lo que terminó pasando.

 

El mundo, la salud y el amor

—¿En qué medida personal, la música te ha sanado?

—La música es un regulador mío, a través de las distintas etapas que he vivido.  Calendarizo mi vida con los discos que fui haciendo. En 2004 nació mi hijo, y en 2005 saqué un disco que se llama Rocanrolero. Ahora tengo 46, pero cuando estaba pasando de los 39 a los 40, tuve momentos de angustia: agarraba la guitarra, me ponía a tocar sin pensar, y escuchando la sonoridad, me calmaba.

—¿Cómo articulás tu trayectoria de estética urbana, con este proyecto que sale a la naturaleza?

—La música se debe poder adaptar.  Se puede hippear, se puede uno armar una mochila e irse un rato a la naturaleza, como la gente que vemos hacer un picnic al costado de la ruta, buscando un poco de pasto. Mis canciones buscaron un poco de eso. En la primera etapa de la pandemia, estábamos tan guardados y ahora sigue siendo duro este momento también. A la naturaleza hay que respetarla y rendirle tributo: es lo que nos salva.

—¿Por qué la mayoría de las canciones ahora elegidas se centran en el amor a una mujer?

—La mujer siempre ha sido un disparador: en formato urbano, en formato acústico, en formato sexual de la noche, bien del funk. En mi caso, la mujer es un disparador de las canciones. Me encanta, me divierte escribir sobre eso. Ricardo Arjona hace lo mismo, pero cada uno vuelca su imaginario de una manera diferente. Es como un cocinero: todos cocinan comida, pero unos hacen una cosa re loca y otros hacen una cosa básica.

—¿Y vos qué querés hacer: una cosa básica o una cosa loca?

—Una cosa básicamente loca.

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