lunes 08 de agosto de 2022

“No quiero convertirme en mi propio chiste”

El mítico guitarrista lanza con su banda The Conspirators el disco 4, grabado en plena pandemia y representa su próximo paso antes de su regreso a los escenarios juntos a los adorados Guns N’ Roses.

12-02-2022 03:12

Bajo el sello Gibson Records, perteneciente a la famosa compañía de guitarras, 4 llega. Es el quinto disco de Slash sin sus famosos Guns N’ Roses, la banda que lo convirtió básicamente en la figura de referencia a la hora de pensar en un “guitar hero”. Slash, lo sabe, es eso: pero ser ríe. Desde su casa, superpoblada de muñecos de dinosaurios y Funko de películas de terror, el dueño de los rulos más famosos del mundo sabe que el mundo anhela ver otra vez a los Guns N’ Roses, pero que también es momento de escucharlo a él, y sus The Conspirators, divirtiéndose. Lo dice bien claro: “Creo en muchas cosas, pero una de ellas, a la que debo mucho, es el rock n’ roll. Hoy pareciera que ha caído un poco en desuso. Pero no. Al menos no en gente como nosotros. Queremos simplemente rockear porque creo que eso hace un músico: llega y rockea. Sin eso, todo lo demás no existe”. 

—Mucho el ADN del nuevo disco tiene que ver con la influencia del famoso productor musical Glynn Johnson. Es algo que has declarado en varias ocasiones ¿por qué volver a un nombre tan clásico del rock? 

—¿Por qué no? Glynn ha producido de The Who a los Stones, y la banda que se te ocurra en el medio. Ha sido alguien que ha generado no solo un culto sino que una legión de técnicos fundamentales en la historia del rock. Hay algo de eso, de lo que se hace en una consola, en un estudio, de esa mística que hoy un poco se pierde. Pero de gente como Glynn se necesita para escribir la historia de un medio. Mucha gente que aprendió con él: es fundamental para diferentes piezas cruciales de la música. Quizás parezca un gesto romántico, pero es un gesto que busca aseverar un rincón que amo del rock: su legado, la gente que lo hizo aunque no toquen la guitarra. Cuando nos pusimos a pensar en este disco, ese era el camino que queríamos seguir: el legado antes que la novedad. Yo sabía que quería ir en esa dirección. Una llena de historia, sin que eso implicara ponerme nostalgico. No se trata de eso: se trata de celebrar un oficio.   

—Muchas canciones en el disco parecen nacidas directamente de una sesión de improvisación ¿cómo se grabaron para lograr esa textura? ¿Buscabas ese sonido o fue apareciendo gradualmente?

—Lo cierto es que mucho del disco no es más que una grabación de gran calidad tocando en una habitación, zapando hasta encontrar la melodía y apretar Rec. Era la manera en que queríamos generar esa energía del encuentro, especialmente en este momento del mundo. Generalmente nos juntabamos, ensayábamos, tocábamos, y cuando sentíamos que estábamos listos, avanzamos con la grabación. No hay mucha mística. Así fue cómo grabé canción a canción, que es un formato que hemos usado desde siempre. Al menos yo en mi carrera lo uso desde hace décadas. Me gusta esa mezcla, me gusta sentir la energía del vivo y llevarla al disco, hasta un determinado punto, claro. Es importante capturar la energía pero también es importante controlarla, así podes llegar a lugares que solo una mesa edición te puede llevar. A veces se cree que porque hay muchas herramientas nuevas,digitales, fáciles de usar, que corrigen, encontras tu sonido sin siquiera tocar una nota. Pero yo pienso que cuando estas en una banda de rock tenes un solo trabajo: llegar y tocar. No es nada nuevo. Es la historia del rock. Que cada vez la tecnología lo haga más fácil esta bueno pero a veces sirve solo para generar una idea del artista que no refleja al menos lo que yo creo que es un artista.  

—El nuevo disco tiene de por sí un aire más punk, más crudo ¿fue intencional?

—Es la naturaleza de la actitud con la cual entramos a un cuarto con la idea de tocar y tocar. Entonces, sí, esa energía aparece. No es algo que se buscará que fuera editada. Cuando apenas empecé a tocar, cuando no tenía un peso pero quería escuchar todo, me volvían loco los discos en vivo, como había algo ahí que no escuchabas en otros lugares. El disco en vivo, como yo no tenía un peso, funcionaba como perfecto disco, porque tenía todas las canciones que eran éxitos. Pero con el tiempo me fue quedando ese entusiasmo con las guitarras en vivo que allí escuchaba, con ese poder crudo. Por ejemplo, creo que con Myles Kennedy generamos una especie de entidad, la venimos generando hace años,  y que la conexión va aumentando naturalmente con el paso del tiempo. Eso sirve para sentir quizás esa crudeza. Pero no hay que confundir, esa crudeza es algo que solo macera con el tiempo, que tiene que ver con sentarse a tocar y tocar y tocar. El rock es un trabajo hermoso, pero mucho es simplemente tocar, y, vuelvo a decirlo, tocar. No hay tanto misterio, si muchísimo trabajo. 

—¿Qué descubriste sobre vos encerrado en casa por la cuarentena del Covid?

—Paciencia. No tengo mucha paciencia. Y esta situación me obligó a ser paciente. Después vino el momento en que tuve al Covid cerca. Estar en el lugar equivocado en el momento incorrecto es un recuerdo frecuente en bandas como Guns and Roses. Hubo un momento en el cual decidimos avanzar, parecía que el mundo iba a ser así. Empezamos a tocar otra vez con los Gun ‘s and Roses, empezamos a planear este disco con Miles. Por ejemplo, con Miles nos encerramos literalmente en un estudio, en un edificio. Y Miles me llama un día, y estábamos a habitaciones de distancia, y me dijo que dio positivo. De ahí se generó un efecto dominó en el set de grabación. Después yo di positivo, y a medida de que los demás se sentían mejor, fuimos grabando los fragmentos que quedaban del disco. Fue una especie de extraña aventura. Pero cuando hubo que editar el disco manualmente estábamos todos ahí, y no editaba un disco de esta forma desde los años 80. 

—Es sabido que son un fanático de la cultura pop, del cine, hasta has producido ¿hay ideas en tu música que vienen del cine? 

—Bueno, por lo pronto esa es una de las razones por las que decidí ser productor. Muchas cosas me han pasado viendo cine, películas. Me encanta hacer bandas de sonido. Pero muchas de mis ideas vienen del cine. “Fall Back To Earth” es una canción de mi nuevo disco que muestra eso, mi pasión por el cine y las ganas de que a veces mi música suene a esa sensación que me da la pantalla. Siempre recuerdo el chiste de Stairway To Heaven de El mundo según Wayne: el riff que se usa para probar una guitarra nunca usada. Yo solía trabajar en una tienda de guitarras. Odio generalmente tocar así una guitarra, es decir, cuando voy a comprar. Pero cuando tengo que probarlas, por ejemplo, en un estudio: nunca tocó nada de otra banda, como regla, o Sweet Child Of Mind. No quiero convertirme en mi propio chiste.

 

Los sonidos de Gibson 

—El álbum se edita por Gibson afuera ¿qué podes decir de esa conexión?

—Trabajó con ellos hace décadas, pero saben que soy un Les Paul, alguien que adora las Les Paul. Fue un shock que alguien que produce de esta forma decida dar un paso en ese sentido. Es una alegría de hecho. Es buenísimo que quienes necesitan del rock ayuden a que el rock siga existiendo. Me parece una actitud tremendamente inteligente y positiva. Sobre todo considerando el momento que vive la industria musical. Hay canciones aquí, por ejemplo, que juegan un poco con sonidos de otras bandas, como The Beatles. Aquí aparece un citar en un momento. Y, claro, uno usa un sitar en una intro, y de inmediato el mundo piensa en The Beatles. Es divertido como terminas esos rincones, sin querer, tan solo confiando en un instrumento. Pero la música es así, y no me molesta para nada. Ahora por ejemplo seguramente en 2023 nos vamos de gira internacional con Gun’s and Roses, en julio, pero bueno, dependemos de los movimiento y planes que Covid tenga ganas de generar en todas nuestras vidas.

—¿Tocar en vivo, grabar, fue una especie de sustituto a tocar en vivo un momento en el cual no se podía? 

—Es un ángulo en el que no había pensado, pero lo cierto es que necesitamos esa energía, necesitamos esa furia, esa forma de la música de existir. Yo he grabado mucha música, desde hace muchos años, y eso es más cercano a tener una ética laboral que a una vida caricaturesca en el rock. Yo amo el rock n’ roll. Y hoy eso me excita más que antes. No me interesa tanto la idea de inventarme, porque siento que nunca termine de descubrirme. Mi vida para siempre es la música, y siento que será así mientras pueda hacerlo. Pero he entendido que lo importante es persevar.

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