miércoles 17 de agosto de 2022
ESPECTACULOS JAVIERA MENA

“Quiero transmitir autenticidad”

El simple La isla de Lesbos anticipa Nocturna, un disco de canciones hechas durante la cuarentena. La chilena reflexiona sobre su estilo, su activismo queer y su vínculo con la fama en la actualidad.

31-07-2022 04:09

La isla de lesbos es la canción de Javiera Mena, que anticipa su disco Nocturna, y es una forma clara de entender la potencia pop queer y feliz de la chilena Javiera Mena. La artista y activista LGBTIQ+ es desde años un pilar de pop feliz, juguetón, sofisticado pero transpirado, y cuenta cómo nace un estilo que hoy pasea por Madrid y que es escuela de una generación de creadores en América Latina: “En mi vida hay un antes y un después cuando tuve un ordenador: mi hermano se ganó un computador en la televisión, y ahí tuvimos un computador en casa, y de muy joven yo ya tenía Internet, en 1996. Y ahí bajé cuatro osciladores, que era una cosa muy precaria; ahí conocí a Aphex Twin, gracias a unos primos que fueron a Inglaterra y de muy joven me encontré con la música electrónica y con la programación. La banda de sonido de la película Trainspotting, y ahí dijo yo quiero seguir esto: entonces salí del colegio, y le dí con todo, para mostrarles a mis padres que podía ser buena en el arte. Mi familia es una familia de científicos, todos top top, y a mí como que me iba mal en el colegio me ningunearon, y ahí le dí, estudié, compuse, y siempre supe que me iba a dedicar a eso. 

—¿Cómo nace la idea del video “La isla de Lesbos”?

—La idea la desarrollamos junto a Michele Gualda que es la directora, ella es argentina. el video, de hecho, está filmado en Buenos Aires, yo viaje para realizarlo. Invité a todas mis amigas, ella invitó a todas las amigas de ellas que fueran lesbianas y fue como celebración ahí. La pasamos super bien, fue un video muy agradable de trabajar. Hicimos dos videos en uno también, hay otro video que está presto a salir en unos días. La idea era esa: transmitir algo propositivo a través de la canción que es un poco juguetona, que es graciosa intencionalmente, de una chica invitada a disfrutar de la isla de lesbos”.

—¿Cómo ves esta faceta, identidad, de tu carrera que te permite desde la idea de felicidad crear una reacción política contra modos más reaccionarios de condenar otras formas de sexualidad?

—Se trata precisamente de eso. Le quise dar un enfoque que tiene que ver con mostrar algo muy luminoso, porque estamos viviendo en una edad muy densa, muy cargada de odio, y donde el odio vuelve a ser un valor de identidad. Hace poco por ejemplo estaba escuchando a Dross ¿lo ubicas? Dijo unos comentarios medios raros…claro, esta que hay mucho sucediendo en el mundo, guerras, problemas, pandemia…pero algo no por ser feliz es menos profundo. Siento que todo esta tan denso que hasta lo denso termina siendo superficial. Nadie se cuestiona nada, y simplemente hay un ataque constante. Yo siempre he sido una defensora de lo bendecidos que nos podemos sentir de ser homosexuales. Mostrarlo con una buena onda. En mi familia, mi generación, por ejemplo, le mostró con alegría a otra que era algo normal, que era algo en donde los íbamos a ayudar a que vean que éramos felices, que no éramos otra cosa que sus hijos. Va por ahí ¿se entiende? La política de lo que hago como artista últimamente va por el lado de la luz. 

—Hablas de la idea de una densidad que de tan densa es superficial ¿qué crees que puede hacer el arte, sí que se debe, contra algo así?

—Reflexionar. Esa es una buena manera de generar conocimiento. Sobre uno, sobre lo que piensas, sobre muchas cosas. Cuando uno ve una obra de arte, como una película, está viendo mucha información que alguien tenía en su cabeza y lo convirtió en algo simple. Cuando una escucha una buena canción de los Pet Shop Boys sobre un chico al que le pagan la renta, está escuchando una reflexión gigante en torno a esa idea. Creo que los artistas tenemos que ser personas informadas, conectadas con el mundo, que tenemos que estar al tanto de muchas cosas, leer mucho. Bad Bunny seguro que lee un montón para llegar a esas letras tan sencillas. O las hace un algoritmo (si rie), porque son demasiado perfectas. Yo creo que el arte tiene que tener información, conocimiento, y data, y hacernos reflexionar de eso que estamos viendo. A mi me gusta cuando eso se hace sin caer en algo panfletario, como cuando Los Simpson te hacen reflexionar sobre cosas simples y profundas. 

—En ese sentido ¿te sentís parte de una movida latinoamericana, de un movimiento, que ha sabido recorrer el mundo y generar una idea distinta del pop?

—Sí, siento que soy parte de una especie de movimiento latinoamericano. Vienen chicos para acá, para España, viene DJs, conozco mucho que arreglan con poco. Mucha gente no se da cuenta que aunque hace rato yo hago música, sigo siendo independiente. Mi música es una mezcla entre electrónica y pop. Yo sigo siendo independiente. Sigo invirtiendo de lo que yo gano y apostando a mí. Entonces, entiendo a muchos que hay en la misma. Hay muchos nombres. 

—También hay algo del orden de la independencia que hoy quizás es más corriente que cuando arrancaste con “Esquemas juveniles”. Quiero decir, hoy se puede ser un gigante a nivel comercial sin trabajar con una discográfica. ¿Cómo ves esa alteración a la fórmula clásica de la industria?

—Hubo un cambio gigante. Yo empecé con MySpace y la caída de las disqueras y todo se fue armando nuevamente. Todo se volvió otra cosa. De eso igual también puedo decirte que yo en un momento empecé a sentir una especie de ansiedad con los números. Pude entender que solo importa que la canción sea buena, ahora ya me relajé. La canción buna brilla sí o sí. Pero en un momento me nuble, era un combustible, y encima yo llevaba un tiempo tocando. Pensaba ¿qué hago yo ahora? ¿Qué hago en Tik Tok? ¿Cómo me reinvento? Me hice esas preguntas, pero también porque soy de la idea de que hay que actualizarse. Lo que más se pueda. Estar pendiente pero a expensas de ninguna otra cosa que entender que se hace ahora. Eso sabiendo que la canción, como dije antes, es lo que vale. La industria esta jodida como todas las industrias. Estamos viviendo un momento de colapso, de data, de números, muy muy grande y la gente tiene ganas de respirar, y encontrarse con cosas que estén un poco fuera de eso. 

—¿Qué sentís que aprendiste del arte, o de la gente, o ambas cosas solamente a través de tu carrera profesional? Hablo de algo que siento que quizás no hubieras aprendido de otra forma. 

—A ser fiel a algo, a ese momento de recién componer, de conexión con la música, de conectarme con algo espiritual. Parece algo muy normal, pero es algo que uno puede perder con el tiempo. Yo lo he vuelto a encontrar. Empieza a parecer gente, referentes, público, y uno sin darse cuenta empieza a perderse. ¿Estoy haciendo esto porque me gusta o porque es lo que creo que tengo que hacer? Esa es una reflexión que hace Bjôrk que es buenísima. Entonces ahora yo sé que lo que realmente quiero es transmitir una autenticidad, y eso lo he aprendido. Creo que es bueno porque esa hoy creo que es la gran enseñanza, el conectarse con el más allá.

 

La fama y sus trampas

P—Has tenido mucho éxito, has logrado tener hits, tenes un estilo muy personal: te preguntó aún así ¿cuán difícil es hoy el día a día de un artista sobre todo considerando los momentos difíciles que todas las profesiones han vivido?

—Al ser una persona creadora, expuesta, eso también te genera una especie de filtro, porque la gente crea su propia idea, te ve a través de un algo, que es el arte. El vínculo cuesta más, porque aparece siempre la idea preconcebida. Es mala amante la fama. Por el lado de la industria, es importante conectarte con tí mismo sin andar cuestionando todo el rato, tanta comparación (que es lo que generan las redes sociales). Pero ya llevo una carrera larga y ya puedo sentirme bendita, y disfrutar de todo lo que me motiva del comienzo.

—¿Qué es lo que todavía te enamora de la música, considerando que has logrado un éxito como pocos artistas latinos del momento y que has generado una escuela que muchos siguen en estos momentos?

—Esa capacidad de cambiarte el estado de ánimo. De repente estás un día medio lánguido y ponés tecno y terminas muy arriba. Hay gente que nunca se ha enamorado y escucha una canción romántica y se siente enamorada. Eso lo hace como ningún arte. Son ondas. Lo encuentro realmente mágico. Me siento parte de la escena madrileña también. Estamos apostando canciones distintas pero siendo fieles a nuestros sonidos en una industria despiadada que hay ahora.

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