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ESPECTACULOS / teatro
domingo 2 junio, 2019

Reflexión feminista con sólidos argumentos

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por Ana Seoane

Juicio. Daulte acomodó el escenario con público. Jorge Suárez y Paola Krum se lucen. Foto: Gza. Patricio Rodriguez
domingo 2 junio, 2019

Después de Casa de Muñecas se estrenó primero en los Estados Unidos (2017) y la primera versión en castellano fue en España (2018). Su autor, Lucas Hnath, forma parte de una nueva generación de dramaturgos norteamericanos egresados de la universidad y ésta es su séptima pieza presentada desde el 2012. Muy inteligentemente analiza Casa de muñecas de Henrik Ibsen (1879) y se hace preguntas sobre qué le hubiera pasado a su protagonista femenina, Nora, si 15 años después volvía al hogar.

Muchos consideran el año 1792 como clave para el feminismo, a partir del libro Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft. Pero Ibsen nunca fue un hombre revolucionario, su propuesta escénica – que Nora se fuera de la casa y abandonara a su marido e hijos– fue una resolución dramática y no una propuesta ideológica. Se criticó sobre todo que dejara a sus hijos. Lucas Hnath escribió esta obra que se comprende, aunque no se conozca la del noruego. Este autor contemporáneo sí levanta las banderas feministas e imagina a su Nora publicando libros con esta temática. Aquí se filtra otro conflicto que no estaba en el de Ibsen: la clase social. Si ella se va es porque sabe que sus hijos tienen un resguardo económico, por parte del marido y afectivo, por parte de la niñera.

Sus cuatro personajes dispararán muy buenas razones, donde se cruza desde el amor hasta el resentimiento. Es un espectáculo para estar atento, ya que los diálogos van iluminando los distintos puntos de vista, la acción está puesta en la palabra y no en los cuerpos y conquistan más de una sonrisa.

La decisión del director, Javier Daulte, fue crear un doble distanciamiento, para lo cual ubicó –escenografía mediante (Alicia Leloutre y Julieta Kompel)– a un pequeño sector de público sobre el escenario, como si fuese un jurado y se presentara un juicio oral. También dispuso sillas para transformar a los actores en testigos y nuevos espectadores. Paola Krum compone a una protagonista firme y fuerte que siempre consigue convencer. A su lado Jorge Suárez construye a un Torvald querible y cercano. Julia Calvo en la piel de la nodriza expone razones válidas y diferentes. El nuevo personaje, la hija ya adulta, muestra el crecimiento interpretativo de Laura Grandinetti. Cada uno da una lección de concentración. La química que se va armando entre ellos es subrayable. Un espectáculo que propone la reflexión a través de sus argumentos, algo infrecuente en estos tiempos y escenarios.


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