lunes 26 de septiembre de 2022
ESPECTACULOS Taika Waititi

"Solo quiero seguir abrazando al ñiño que llevo dentro"

El director y actor es un nombre clave de la comedia moderna, con hitos como What We Do in the Shadows. Con Jojo Rabbit se anima se reírse de Hitler y de los fundamentalismos.

29-12-2019 02:30

Marvel no sabía qué hacer con Thor. Tenían a Chris Hemsworth estancado en una mezcla poco fértil entre Shakespeare y Marvel. Conozcan, entonces, al reciclador: Taika Waititi, el director y actor neozelandés que junto a Jemaine Clement y Rachel House creó Flight of the Concords, serie cómica de culto, y generaron maravillas como el falso documental What We Do in the Shadows. Waititi entonces generó la mejor película de Marvel con la sentida, graciosa y épica Thor: Ragnarok y Hollywood se rindió a sus pies. Desde ese instante, Waititi es el nombre que Marvel eligió para la secuela de Thor, un episodio de The Mandalorian y que actúa en The Suicide Squad. Plus, su proyecto personal sobre el equipo de fútbol samoano que entró al Mundial, avanza. Y va a realizar un film de Flash Gordon. Sí, Taika es un hombre ocupado. Y ahora enfrenta la temporada de premios, donde su Jojo Rabbit ha sido nominada como Mejor Película de Comedia o Musical. ¿Cómo logra Taika que una película que está ambientada en la Segunda Guerra Mundial y donde un niño fundamentalista nazi alucina, como si fuera un Bugs Bunny del espanto, a Hitler como su particular y personal Pepe Grillo sea una inteligente, sentida y profunda comedia sobre la aceptación? Como siempre: con comedia y con mucha personalidad.

—“Jojo Rabbit” ganó el Premio del Público en Toronto. Es una comedia absurda, lanzada, y que más allá de jugar con Hitler como si fuera una caricatura tiene mucha emotividad. ¿Ese rasgo define tu cine?

—Al pensar en eso, mi mejor intento por hacer algo que pudiera ser catalogado como una comedia auténtica fue What We Do in the Shadows, y me parece que eso se debe a que Jemaine Clement la escribió conmigo, y la hicimos juntos. El es mucho más chistoso que yo. Por encima de todo, podrías decir que lo mío es el drama con chistes. Jojo Rabbit es una película con un significado acerca del amor y la aceptación. No me gustaría hacer una comedia que no tuviese significado. Siempre me he sentido un poco más atraído a las películas de arte. Y por films como El graduado, que, me parece, es una de las mejores películas jamás hechas porque tiene una mezcla de emotividad y corazón, además de ser tremendamente divertida.

—¿Te preocupaba la idea de crear un Hitler que pudiera verse simpático aunque fuera una alucinación infantil?

—Es importante señalar que no es Hitler. Una de las cosas que quiero que la gente entienda es que no tenía interés alguno en poner al Hitler real en mi película. Porque qué molesto sería tener que explicar por qué Hitler pasaba el tiempo con este chico. Para mí, se trata de un niño de 10 años que ha conjurado, en esencia, una mezcla de su padre, y quizás algunos otros hombres de su vida, y después la imagen de Adolf Hitler que ve en secreto. Me pareció que era una gran forma de mostrar el deterioro del Tercer Reich, en ver cómo este Hitler imaginario se desmorona conforme avanza la película.

—¿De dónde proviene tu fascinación por explorar la infancia?

—Sin lugar a duda, abordo muchos de los mismos temas en mis películas. Niños que no tienen padres. Me parece que a lo que haces alusión es a que estoy interesado en intentar regresar a mi infancia. Recobrar esa inocencia y solo intentar obtener un entendimiento saludable de ello. Creo que, para mí, es la única manera de mantenerte feliz. Solo seguir abrazando al niño que tengo dentro. Algunas personas creen que la madurez es el único camino, pero me parece que la infancia y la inmadurez son algo que también debería celebrarse. No hay nada más genial o más encantador que ver a una persona de edad avanzada actuando como un niño.

 

Sin tiempo para el mal puro

—Interpretas al Hitler cartoon que ve el niño protagonista. ¿Cómo preparas un rol así de complejo?

—Para prepararme, empecé a ver algunos documentales de Hitler, pero después me di cuenta de que eso no valía la pena. Y esto se debió a que no le debemos dar a Hitler siquiera una oportunidad para ser escuchado. No le debemos ningún tipo de interpretación honesta. Solo quería interpretarme a mí mismo con un poco de acento. En realidad, ese cartoon no comparte nada con el hombre real, salvo el atuendo, el bigote y el corte de pelo. Creo que mi humor cambió cuando me puse el bigote y las botas militares. Me ponía a dar órdenes a gente a mi alrededor y comenzaban a mirarme de soslayo con una expresión rara. Me daba cuenta de mí mismo y me daba cuenta de cuán ridículo me veía con este bigotito burdo.

—Das cuenta en tu film a tono de comedia con la idea del fin de la inocencia en la infancia, ¿por qué?

—Las películas también lidian con la corrupción de esa inocencia que mencionamos antes. En Jojo Rabbit se habla de cómo la ideología nazi corrompió a niños que crecieron bajo la organización de la Juventud de Hitler. Así es, les arrebataron su inocencia. Les arrancaron su habilidad de solo ser niños. Fueron alentados a estar en contra de sus padres (rechazarlos, de hecho, si estos decían algo negativo acerca del partido). Fueron exhortados a delatarlos. Les dijeron: “Hitler es tu verdadero padre y, diga lo que diga, tienes que escucharlo”. Ocho millones de niños pasaron por ese programa juvenil. Es aterrador. Pero también es trágico y desgarrador.

 

*Genérica gentileza de Fox.

En esta Nota