martes 28 de septiembre de 2021
ESPECTACULOS Pablo Echarri, Fernán Mirás y Mike Amigorena
14-08-2021 02:29
14-08-2021 02:29

Una obra sobre la amistad que se recicla

Los tres actores están al frente de un clásico teatral como ART, ahora dirigido por Ricardo Darín y Germán Palacios. Aquí vuelcan sus recuerdos de aquella impactante primera puesta en escena, analizan el porqué de su trascendencia y cuentan sus proyectos a futuro.

14-08-2021 02:29

En el aire flota una palabra: “incertidumbre”. En el teatro se sabe hoy que se depende del virus y sus derivaciones. Desde este mes, tres actores, Pablo Echarri, Fernán Mirás y Mike Amigorena, subieron al escenario para presentar un texto que fue emblemático no solo en Argentina. La obra ART, de la dramaturga francesa Yasmina Reza, traspasó nuestras fronteras de la mano de otros intérpretes: Oscar Martínez, Ricardo Darín y Germán Palacios. Ahora son Darín y Palacios quienes asumieron la dirección. Están en el Multitabaris Comafi de miércoles a domingos, con dos funciones los días sábados. 

—¿Hay diferencias al ser dirigidos por actores?

ECHARRI: Cuando te encontrás con actores/directores que te acercan el texto, es fantástico. Son conscientes de indicarnos todo lo que creen que es necesario. Es un clima inmejorable, donde hay humor, anécdotas y rigor. Por eso, cuando me llegó la propuesta, acepté sin saber qué personaje haría. No me quise perder este viaje. 

MIRÁS: Tanto Germán como Ricardo son excelentes directores y al ser actores suman un plus que es que conocen mucho el proceso por el cual estás pasando. Me pasó con Norma Aleandro cuando me dirigió en su obra De rigurosa etiqueta, adivinaba en qué momento estaba. Conocen el funcionamiento de uno y te ayudan a salir de los problemas.

AMIGORENA: Soy una persona, que lo que hago es por la sensación que me llega. Me gusta verlo, no lo copio, pero me da el tono y el objetivo. Ellos están muy disponibles a generar este método. Lo han probado mucho, queda seguir el estilo que trazaron adaptándolo al nuestro.

—¿Cómo fue la codirección?

M: El criterio que tienen ellos fue muy afín, por lo cual resultó muy cómodo. Buscaron olvidarse de su versión y descubrir la nuestra. Más allá de que, al haberla hecho durante tantos años, la conocen a la perfección. 

E: Primero, son dos grandes actores y también lo son como directores. A la vez, tienen la obra muy conocida en todos sus detalles, de punta a punta. Saben cómo hacerla para que no se pierda nada: ni el humor, ni la profundidad. Nos dan indicaciones y consejos ofreciéndonos la mejor versión de cada uno de los personajes. La obra es una sinfonía que hay que alcanzar. No podemos estar desatentos de tocar la misma partitura. 

A: Se complementan muy bien y se respetan. Curiosamente se intercalan, primero faltó Germán porque filmaba una película y estaba Ricardo, después fue al revés. Uno le dejó la posta al otro con claridad. No sentí la fisura en los tramos. Fue una línea recta. Dos miradas diferentes para llevar a buen puerto el mismo espectáculo.

—¿Vieron la puesta anterior de 1998?

E: La vi cuando se estaban despidiendo, porque sabía que no me la podía perder. Quedé maravillado con un texto hilarante, divertido, pero con una gran profundidad. Recuerdo que me reí mucho. Vi cómo esos tres amigos navegaban sobre el mar tormentoso. Todos los que la vimos quedamos fascinados. Hubo varios cambios de actores para el personaje de Marcos, Oscar Martínez, Luis Brandoni y José Luis Mazza. Así como en mi juventud soñaba con poder hacer Hamlet, esta obra no la tenía pensada, pero cuando me convocaron me agarré con uñas y dientes. 

A: Vi la original, en la segunda temporada. Fue un suceso enorme. Me pareció algo muy avanzado para mí, ya que no solía ir al teatro. Me quedé con la idea de algo intelectual y moderno. Muy sutil todo, tantas palabras que en ese momento no las comprendí mucho. Era muy chico, mi primera obra la actué en ese año. La sentí muy compleja y me centré en las actuaciones. Todo tan minimalista y austero. Me gustaba más De la Guarda. No me inclinaba por el teatro de texto. La vida es sabia: el personaje te viene a buscar. Ahora estoy más capacitado para interpretarlo. 

M: La vi casi al principio y me maravilló. Me quedé impresionado por el equilibrio entre el humor y el tema. Nunca pensé que podría hacerla. Lo que me resulta curioso es que cuando leíamos textos para el teatro comercial decíamos: “Y no es ART”, como que nos ponía muy alta la vara. Hice otras dos obras de la misma autora pero ésta es la más redonda. Hace unos años, estando en Nueva York, pude verla con Alfred Molina y, aunque en esa época no hablaba bien inglés, igual me conmovió la relación entre estos hombres. Más pensando que está escrita por una mujer que muestra la relación de estos tres amigos y un cuadro. 

—Darín definió la obra a partir de dos grandes temas: amistad y tolerancia.

E: Sí, son dos de las grandes grietas. Son amigos entrañables, pero sufren desgastes y modificaciones en su amistad y en ellos mismos. El conflicto se dispara por la compra de un cuadro, habla de la falta de tolerancia en general. Va a ser muy fácil para que se identifiquen las parejas, los amigos y cualquier grupo que se tenga cariño. 

M: Creo que son los dos temas centrales. Les importa mucho descubrir que tienen opiniones tan distintas sobre un cuadro. Lo más genial es que discuten sobre una tela blanca, donde cada uno quiere ver algo y no sobre Messi o Maradona. Recuerdo cuando vi la obra por primera vez y miraba el cuadro ya que genera intriga. 

A: Diría los vínculos. Un trío en el cual se generan muchos más opuestos. Son tres amigos muy diferentes, el vínculo se mantiene por el afecto y el otro ingrediente es la aceptación. No todos nuestros amigos concuerdan en todo con nosotros. ART es un clásico para entender la psicología humana, por qué nos cuesta tanto ponernos en el lugar del otro. 

—La dramaturga propuso como disparador al arte moderno: ¿qué opinan?

A: El arte moderno es abstracto y uno tiene que estar disponible a otro punto de vista. Hoy todo se acepta a nivel sexual, hay diez posibilidades, como en la política. Todo lo que está vivo cambia, es imposible pretender que no suceda. Desde Duchamp, que puso un mingitorio como objeto artístico… no tenemos que limitarnos. 

E: Es el disparador. Recuerdo una visita al MoMA de Nueva York donde exponía una artista japonesa un saco negro colgado de una percha. Nos sacamos una foto con Nancy riéndonos. Nos preguntamos cuáles son los límites de este arte. Soy amante de la pintura más clásica y realista. Me cuesta mucho entregarme al arte contemporáneo. Tal vez por eso me resulta más cercano encarnar a Marcos, que es quien cuestiona el dinero gastado en ese cuadro. Yo acepto y me río, pero mi personaje se enoja. 

M: Es la excusa. No se debate sobre el arte, por eso luego pasan a hablar de ellos mismos. Lo que defiende el personaje que interpreta Mike es el derecho a que le haya gustado el cuadro. Entiendo que este tipo de arte desorienta mucho más al público y ahí está el chiste de haberse apoyado en ese tema. A veces, en el arte conceptual la idea parece ser más importante que la obra. A mí me interesa más el figurativo. Uno vio obras en museos… inexplicables. Hoy un extinguidor puede ser arte.

 

El momento de ser responsable del relato

Se recuerda el debut de Fernán Mirás como guionista y director de El peso de la ley, donde también actuaba. Confirma que en noviembre filmará su segunda película, aún sin título: “Esta vez será una comedia, con Natalia Oreiro, Paola Barrientos y Darío Barassi. En cuanto hubo protocolos, hice dos miniseries: Terapias alternativas para Star+, con Carla Peterson, China Suárez, Benjamín Vicuña y Graciela Borges, entre otros, y la segunda temporada de El mundo de Mateo. También sumé algunos capítulos de la serie Diciembre 2001 para Star+, de Disney”.

Por parte de Mike Amigorena, 2020 llegó con su primera hija (Miel) y bastante actividad. “Presenté la serie Limbo y un videoclip con mi banda, además hice streaming. Para mí la pandemia fue acción, también cociné. Inventé platos para comer pasta larga, lo tengo patentado, como herramienta para discapacitados, con un solo brazo, como obra de arte. Estaré en María Marta: el crimen del country, miniserie para HBO, El fin del amor, con Lali Espósito, para Amazon y una película junto al youtuber Pablo Agustín”.

El estreno de su última película, El silencio del cazador (2018), le trajo a Pablo Echarri el premio al mejor actor en el Festival de Málaga (2020). Dice: “Tenemos expectativas con el Incaa. Hay una revisión de cómo debe fomentar de aquí para adelante. También se modificará la televisión. Ya empezamos a funcionar con una nueva productora, Alternativa, junto a Rodrigo Grande: haremos coproducciones con España, primero películas. Hoy los países más adelantados audiovisualmente tienen una legislación específica que la impulsa. Estamos intentando subsanarlo”.